Hoy la iglesia camina hacia la vida
que ha vencido a la muerte. Cristo vive y su resurrección llena de luz el corazón
del mundo y nuestra propia historia. ¡Feliz Pascua de Resurrección, hermanos! ¡Cristo
vive! El Señor ha vencido a la muerte y nos abre el camino de la vida nueva.
La mañana de Pascua se abre como un camino en movimiento, hay pasos que se apresuran, corazones que buscan y una esperanza que comienza a abrirse paso. María Magdalena sale de madrugada. Pedro y el discípulo amado corren hacia el sepulcro, impulsados por un amor que no se ha apagado y por el deseo de volver a encontrar al Señor. En ese correr fiel, Dios va dejando entrever el misterio más grande. La vida nueva ya está actuando. La muerte ha sido atravesada y el amor permanece.
El sepulcro vacío no es ausencia,
sino anuncio, no es final, es el comienzo. El Evangelio según San Juan, nos
conduce esta mañana de Pascua, en el que la fe empieza a despertar y el corazón
aprende a reconocer que Cristo vive.
La mañana de Pascua se abre con movimiento.
María Magdalena busca cuando todavía está oscuro. Pedro y el discípulo amado corren
hacia el sepulcro. El amor no se queda quieto cuando parece que el Señor falta.
El sepulcro está abierto. No hay un cuerpo que detener, sino unos signos que invitan
a creer. Los lienzos plegados hablan en silencio. La muerte no ha tenido la última
palabra. Dios ha actuado. El Evangelio dice que el discípulo amado vio y creyó.
La fe pascual nace así, no de tenerlo
todo claro, sino de un corazón dispuesto que reconoce la obra de Dios incluso antes
de comprenderla plenamente. Pedro entra también. Su paso es más lento, marcado por
la fragilidad, pero no se queda afuera. La Pascua alcanza tanto al amor entusiasta
como al amor herido. Nadie queda excluido del encuentro con el resucitado. Cristo
vive. Esta es la certeza que sostiene a la Iglesia.
No seguimos un recuerdo. Es una presencia
real que ilumina nuestras búsquedas y renueva la esperanza. El sepulcro vacío abre
un camino nuevo. Vivir desde la vida que no tiene fin, que no se apaga.
Hoy la iglesia nos invita a vivir
la Pascua como un comienzo real. Rezamos el Regina Celli y lo ofrecemos por nuestras
familias, por la comunidad para que la alegría de Cristo viva se haga vida. Busquemos
un detalle concreto de vida nueva, una llamada pendiente, una palabra de reconciliación,
un agradecimiento, un gesto de servicio en casa, una felicitación por la Pascua,
que hoy se note que Cristo vive en ti. Elige una frase del Evangelio de esta mañana.
Por ejemplo, vio y creyó. Llévala contigo todo el día. Repítela en algún momento
de cansancio o deprisa como quien vuelve a sepulcro vacío para recordar que la esperanza
tiene fundamento.
Que esta Pascua sea para nosotros un comienzo verdadero, una vida vivida contigo, desde ti y para ti. Que renueve nuestra fe, ensanche nuestra esperanza y nos llene de una alegría serena que nace del sepulcro vacío. Que nos encuentren caminando con el corazón renovado, viviendo desde la certeza de que Cristo vive y dejando que su resurrección sea principio de una vida nueva en nosotros y en el mundo.
Señor Jesús, Cristo vivo y resucitado, te alabamos porque has vencido a la muerte y has abierto para nosotros un camino nuevo. Haznos acoger esta vida que hoy se nos regala, fortalece nuestra fe todavía frágil y enséñanos a reconocer tu presencia en lo sencillo de cada día. Que sepamos pasar de sepulcro vacío a una vida renovada por tu Espíritu siendo testigos serenos de tu resurrección, con esperanza, alegría y paz.
¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

