La hermosura y la vitalidad de la creación hablan de la fuente y la
vitalidad de su autor. Este Dios, fuente de vida en mil formas y colores, es el
mismo Dios que se introduce en el pueblo, que lo acompaña, que lo revitaliza
permanentemente, que le levanta la cabeza, que se deshace por su dignidad. Ayer
y hoy. A este Dios fue al que Jesús entregó su corazón, su vida: “Aléjate
Satanás, porque está escrito: Solo al Señor tu Dios, adorarás, y solo a Él darás
culto” (Mt 4,10)
¡Aleluya! ¡Alabad a Yahvé desde el cielo, alabadlo en las alturas,
alabadlo, todos sus ángeles, todas sus huestes, alabadlo!
¡Alabadlo, sol y luna, alabadlo, estrellas lucientes,
alabadlo, cielos de los cielos, aguas que estáis sobre los cielos!
Alaben ellos el nombre de Yahvé, pues él lo ordenó y fueron creados;
el los fijó por siempre, por los siglos, les dio una ley que nunca
pasará.
¡Alabad a Yahvé desde la tierra, monstruos del mar y abismos todos,
fuego y granizo, nieve y bruma, viento tempestuoso, que hace su
voluntad,
montañas y todas las colinas, árboles frutales y todos los cedros,
fieras y todos los ganados, reptiles y pájaros que vuelan,
reyes de la tierra y pueblos todos, dignatarios y jueces de la
tierra,
jóvenes y doncellas también, los viejos junto con los niños!
Alaben el nombre de Yahvé: sólo su nombre es sublime, su majestad
sobre el cielo y la tierra.
Él realza el vigor de su pueblo, orgullo de todos sus fieles, de los
hijos de Israel, pueblo de sus íntimos.
El salmo comienza llamando a los ángeles, los astros, el sol, la
luna y los cielos más altos. Con esto se expresa que incluso lo más elevado y
misterioso del universo está bajo la autoridad del Creador y proclama su
gloria.
Después, el texto menciona mares, montañas, fenómenos naturales,
animales y todos los seres vivos. La naturaleza aparece como un gran coro que
manifiesta la belleza y el orden que Dios ha puesto en el mundo.
El salmo incluye a todas las personas: reyes, pueblos, jóvenes,
ancianos y niños. Nadie queda fuera de esta invitación. Toda la humanidad está
llamada a reconocer el nombre de Dios y vivir en agradecimiento.
Este Salmo enseña que Dios es el Creador soberano del universo y que
todo existe por su palabra. La creación no es caótica ni accidental, sino que
responde a un orden querido por Dios. Además, muestra que el mundo entero tiene
un propósito: glorificar a su Creador.
En el cristianismo, este salmo se interpreta también a la luz de
Cristo. La fe cristiana afirma que todo fue creado por medio de Él y que toda
la creación está llamada a ser renovada. Por eso, la alabanza universal del
salmo anticipa la esperanza de la restauración final del mundo.
Muchos estudios bíblicos ven una conexión entre la creación narrada
al inicio de la Biblia, la alabanza del Salmo 148 y la esperanza final de un
cielo nuevo y una tierra nueva. Esto muestra que la historia de la fe va desde
la creación hasta la renovación plena de todo lo creado.
Para la comunidad cristiana, este salmo es una invitación a vivir en
actitud de alabanza. La oración, la liturgia y el cuidado de la creación se
convierten en formas concretas de reconocer la grandeza de Dios en la vida
diaria.









