domingo, 1 de febrero de 2026

LAS BIENAVENTURANZAS: EL CAMINO DE LA VERDADERA FELICIDAD

En el IV Domingo del Tiempo Ordinario, Jesús nos propone un camino sorprendente hacia la felicidad a través de las Bienaventuranzas. No se trata de promesas fáciles ni de normas inalcanzables, sino de una manera nueva de vivir, centrada en la confianza en Dios.

Las Bienaventuranzas nos revelan, ante todo, el rostro mismo de Jesús. Él es pobre de espíritu, manso, misericordioso, limpio de corazón y constructor de paz. Por eso, no son solo palabras para admirar, sino una llamada concreta a seguirle.

Jesús declara felices a quienes el mundo suele ignorar o considerar débiles. Nos recuerda que la verdadera felicidad no nace de tener más, sino de vivir apoyados en Dios, aun en medio del dolor, la injusticia o la persecución.

Este Evangelio nos invita a revisar nuestra vida cotidiana: la familia, el trabajo, las relaciones y el compromiso con los demás. Cada bienaventuranza es una promesa de Dios y, al mismo tiempo, un camino para transformar el mundo desde dentro.

La homilía concluye con una invitación sencilla y exigente: elegir una bienaventuranza y tratar de vivirla de forma concreta durante la semana, confiando en que el Señor cumple siempre lo que promete.

FELIZ DOMINGO

jueves, 29 de enero de 2026

SALMO 15: SER HUÉSPED DE DIOS

Estamos ante una enseñanza muy simple y directa de las condiciones necesarias para poder ser huésped de Dios, que es tanto como decir para tener una experiencia auténtica de Dios. La persona que ora, entiende y explica que el trato que se tiene con la gente será la medida de la posible aceptación de Dios, y no porque Dios le cierre las puertas a nadie, sino porque la puerta de acceso a su intimidad depende precisamente de la calidad humana de las relaciones con las personas con las que uno convive.

1 Yahvé, ¿quién vivirá en tu tienda?, ¿quién habitará en tu monte santo?

2 El de conducta íntegra que actúa con rectitud, que es sincero cuando piensa

3 y no calumnia con su lengua; que no daña a conocidos ni agravia a su vecino;

4 que mira con desprecio al réprobo y honra a los que temen a Yahvé; que jura en su perjuicio y no retracta;

5 que no presta a usura su dinero ni acepta soborno contra el inocente. Quien obra así jamás vacilará.

Este Salmo pertenece al género sapiencial-litúrgico. Probablemente se utilizaba en el contexto del acceso al santuario de Jerusalén: el fiel se preguntaba quién podía entrar en la “tienda” o subir al “monte santo”, imágenes que remiten al templo y, más profundamente, a la presencia de Dios. En el antiguo Israel, el culto no estaba desligado de la vida moral. Por eso este salmo refleja una crítica implícita al ritualismo vacío: no basta con ofrecer sacrificios; es necesaria una vida justa.

El salmo es breve, pero muy concentrado, responde a una pregunta central: quién es digno de vivir en la presencia de Dios (“tu tienda”, “tu monte santo”, es decir, el ámbito del culto y de la comunión con Yahvé).

v. 1: ¿Quién puede acercarse y permanecer ante Dios? pregunta solemne, casi jurídica.

vv. 2–5a: lista de cualidades. No se trata de rituales, sino de conducta ética. No enumera mandamientos negativos y positivos al azar; describe un modelo humano completo, coherente en: interioridad (pensamiento), lenguaje (palabra), relaciones sociales, economía, fidelidad a Dios: Habitar con Dios no depende de linaje, estatus o rito, sino de una vida íntegra. La santidad bíblica es esencialmente relacional y moral. “El que es sincero cuando piensa” subraya que Dios ve el corazón. No hay separación entre fe interior y conducta pública. El justo no difama, no daña al prójimo, no se beneficia del débil, no se vende por dinero. La fe en Yahvé tiene consecuencias económicas y sociales muy concretas.

Es una fidelidad costosa “Jura en su perjuicio y no retracta”: la palabra dada es sagrada, incluso cuando cumplirla resulta desfavorable. Aquí se refleja una ética de la responsabilidad y la verdad. El acceso a Dios está vinculado a una vida íntegra.

v. 5b: El versículo final (“Quien obra así jamás vacilará”) subraya que la estabilidad y la seguridad no provienen del poder ni del culto externo, sino de una vida recta conforme a la justicia de Dios.

Este salmo dialoga con otros textos clave:

  • Isaías 33,15–16:  quién puede habitar en la altura de Dios “El que anda en justicia y habla con rectitud; el que rehúsa ganancias fraudulentas, el que se sacude la palma de la mano para no aceptar soborno, el que se tapa las orejas para no oír hablar de sangre, y cierra sus ojos para no ver el mal. Ése morará en las alturas, subirá a refugiarse en la fortaleza de las peñas, se le dará su pan y tendrá el agua segura.”
  • Miqueas 6,8: “Se te ha hecho saber, hombre, lo que es bueno, lo que Yahvé quiere de ti: tan sólo respetar el derecho, amar la lealtad y proceder humildemente con tu Dios”.
  • Salmo 24,3–4: “¿Quién subirá al monte de Yahvé?, ¿quién podrá estar en su santo recinto? El de manos limpias y puro corazón, el que no suspira por los ídolos ni jura con engaño”. Manos inocentes y corazón puro.
  • Mateo 5–7: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”. El Sermón del Monte retoma esta misma lógica, llevándola a plenitud.

En clave cristiana, el salmo no se lee como una lista legalista, sino como un ideal de vida que encuentra su cumplimiento en Cristo. Jesús encarna plenamente al “justo” del salmo y, al mismo tiempo, abre el acceso al Padre por la gracia, no por mérito humano.

Hoy el salmo interpela directamente entre lo que creemos y cómo hablamos, cómo tratamos la verdad, el dinero y al prójimo, las decisiones concretas que adoptamos. Es un texto especialmente pertinente en contextos de corrupción, violencia verbal, injusticia económica y religiosidad superficial.

Jesús conectó claramente con esa manera de entender la hospitalidad de Dios: “Y Jesús, viendo que había contestado con sensatez, le dijo: No estás lejos del Reino de Dios” (MC 12,34)

Vivir en la presencia de Dios no es cuestión de proximidad al templo, sino de proximidad a la justicia. 

domingo, 25 de enero de 2026

LA LUZ QUE CAMBIA LA VIDA: LLAMADOS A SEGUIR A JESÚS

La Palabra de Dios de este domingo está marcada por una gran esperanza: Dios no abandona a su pueblo en los momentos de oscuridad. Como anuncia el profeta Isaías, la luz de Dios brilla incluso en medio de las tinieblas, y esa promesa se cumple plenamente en Jesucristo.

El Evangelio nos presenta el inicio de la misión de Jesús, que proclama: «Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos». No es una amenaza, sino una invitación gozosa. Convertirse significa cambiar de rumbo, acercarse a la vida, a la alegría y a la luz que Dios quiere regalarnos.

Jesús comienza su camino en Galilea, una tierra sencilla y marginada, y allí llama a sus primeros discípulos: pescadores, hombres normales, trabajadores. No les propone un plan complicado ni un discurso largo, sino una promesa: «Venid conmigo». Y ellos, con una confianza sorprendente, dejan las redes y lo siguen.

Este gesto revela el corazón del mensaje: Jesús sigue llamando hoy, y su llamada sigue siendo capaz de transformar la vida. La vocación cristiana no es solo para unos pocos, sino para todos. Cada bautizado ha sido llamado a seguir a Cristo desde su propia realidad y con su propia misión.

San Pablo nos recuerda que el seguimiento auténtico de Jesús conduce siempre a la unidad y la comunión, nunca a la división. Cuando Cristo es el centro, la Iglesia se convierte en un espacio de fraternidad y encuentro.

Los Papas nos lo recuerdan con claridad: no somos cristianos por costumbre, sino por encuentro. Encontrarse con Jesús cambia el corazón, despierta una alegría que no se puede guardar y convierte la vida cotidiana en misión.

Seguir a Jesús no empobrece la vida, la ensancha. No quita alegría, la multiplica. No resta, sino que lo da todo. Él pasa hoy también por la orilla de nuestra vida y nos dice, como a los primeros discípulos: «Ven conmigo».

La Virgen María, primera discípula, nos enseña a escuchar la Palabra, a confiar y a responder con un “sí” valiente, incluso sin entenderlo todo. Con ella aprendemos a ponernos en camino sin miedo, para que nuestra vida se convierta también en luz para los que caminan en tinieblas.

FELIZ DOMINGO

miércoles, 21 de enero de 2026

SALMO 12: ESPERANDO LA HORA DE LA JUSTICIA

El Salmo 12 es un texto breve, pero de una profundidad notable. Nace como una queja sincera y dolorida delante de Dios, y al mismo tiempo se convierte en una lúcida reflexión sobre una realidad que sigue siendo actual: la crisis de la verdad y el uso perverso de la palabra como instrumento de dominio y exclusión.

 ¡Salva, Yahveh, que ya no hay fieles, se acabaron los veraces entre los hijos de Adán!

Falsedad sólo dicen, cada cual, a su prójimo, labios de engaño, lenguaje de corazones dobles.

Arranque Yahveh todo labio tramposo, la lengua que profiere bravatas,

los que dicen: «La lengua es nuestro fuerte, nuestros labios por nosotros, ¿Quién va a ser amo nuestro?»

Por la opresión de los humildes, por el gemido de los pobres, ahora me alzo yo, dice Yahveh: auxilio traigo a quien por él suspira.

Las palabras de Yahveh son palabras sinceras, plata pura, de ras de tierra, siete veces purgada.

Tú, Yahveh, los guardarás, los librarás de esta ralea para siempre;

de todas partes se irán los impíos, colmo de vileza entre los hijos de Adán.

El salmista percibe que la fidelidad ha desaparecido, que la convivencia humana se ha ido degradando y que la mentira, la manipulación y la arrogancia se han normalizado ¡Cuánta palabra vacía llena los discursos de quien con la palabra hace alarde de sabiduría y de control! No se trata de una queja privada ni de un lamento intimista; es una auténtica denuncia social. La palabra, que debería servir a la comunión y a la fraternidad, ha sido vaciada de verdad y utilizada para imponerse sobre los demás, especialmente sobre los más débiles. Dios de quien a veces también se pretende hablar con engaño, no está por esas historias. Su palabra de vida es una palabra limpia, refinada, que nos ofrece como camino de autenticidad, de futuro provechoso. Jesús fue palabra encarnada, limpia, refinada: “Y la palabra se hizo carne y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1, 14)

El pecado que el salmo pone en primer plano no es la violencia física, sino la violencia verbal: labios engañosos, corazones dobles, lenguas que se creen autónomas y soberanas, como si no tuvieran que rendir cuentas a nadie. La mentira no aparece solo como una falta moral individual, sino como un mal estructural que rompe la confianza y destruye la convivencia.

En el centro del salmo se alza un contraste decisivo: dos maneras de usar la palabra. Por un lado, la palabra humana cuando se separa de la verdad y se convierte en herramienta de poder, de arrogancia y de opresión. Por otro, la palabra de Dios, descrita como palabra limpia, probada, purificada como plata refinada. Frente al ruido de los discursos vacíos y presuntuosos, la palabra del Señor es fiable, firme y portadora de vida.

Es significativo que la intervención de Dios se produzca a causa del sufrimiento de los humildes y del gemido de los pobres. El Dios bíblico no permanece indiferente ante la injusticia: escucha el clamor de quienes no tienen voz y se pone de su parte. Esta convicción sitúa el salmo en la gran corriente de la Escritura que afirma la opción de Dios por los débiles.

Aunque el salmo no ignora la persistencia del mal ni idealiza la realidad, concluye con una confianza serena: Dios guarda a los suyos y no permitirá que la mentira tenga la última palabra. La fe no consiste en negar la oscuridad, sino en creer que no gobierna la historia.

Leído hoy, el Salmo 12 nos interpela con fuerza. Vivimos en un tiempo en el que la mentira se normaliza, el discurso público se degrada y la palabra se utiliza con demasiada facilidad para manipular, humillar o excluir. Este salmo nos invita a una auténtica ética del lenguaje: a cuidar la palabra, a unificar corazón y labios, a hablar desde la verdad y la responsabilidad.

Para el creyente, esta llamada se concreta en dos actitudes fundamentales. Por un lado, el examen sincero de la propia palabra: preguntarnos si es transparente o doble, si sirve a la verdad o al interés. Por otro, una confianza profunda en la palabra de Dios, que no engaña ni promete en vano.

En definitiva, el Salmo 12 es una oración de resistencia ética y espiritual. Proclama que, en medio de tantas palabras vacías, solo la palabra de Dios permanece como roca firme, camino de autenticidad y fuente de esperanza.

sábado, 17 de enero de 2026

ESTE ES EL CORDERO DE DIOS

En este Domingo II del Tiempo Ordinario, la liturgia nos conduce al corazón del Evangelio con una frase esencial: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29).

La obra que acompaña nuestra reflexión es el impresionante lienzo de Francisco de Zurbarán conservado en la Catedral de Sevilla. En él, Juan Bautista no se mira a sí mismo ni busca protagonismo: señala al Cordero. Todo el cuadro es una catequesis visual sobre la fe cristiana: mirar a Cristo y conducir hacia Él.

El Tiempo Ordinario no es un tiempo menor, sino el tiempo de la vida cotidiana iluminada por Dios. En medio de nuestras luchas y esperanzas, el Señor sale a nuestro encuentro.

“Al día siguiente, vio Juan a Jesús que venía hacia él y exclamó: ‘Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo’.”(Jn 1,29)

Juan el Bautista reconoce a Jesús como el Mesías: el “Cordero de Dios”. Él anuncia que Jesús es superior a él porque existía antes que él. Juan también recuerda cómo vio al Espíritu Santo descender sobre Jesús en forma de paloma, lo que confirma que Jesús es el enviado de Dios que bautiza con el Espíritu Santo y es el Hijo de Dios.

Juan Bautista nos enseña la actitud fundamental del creyente: no ponerse en el centro, sino señalar a Jesús. Dios no espera que seamos perfectos; viene precisamente porque nos ama y quiere quitarnos aquello que nos roba la alegría y la paz.

Jesús es el Cordero de Dios anunciado desde antiguo: no vence por la fuerza, sino entregándose por amor. No salva imponiéndose, sino cargando con el mal del mundo. Así se revela el verdadero rostro de Dios: un Padre que ama hasta el extremo.

Las lecturas nos recuerdan también nuestra misión: ser luz. Todo bautizado está llamado a reflejar la luz de Cristo. La santidad no es un ideal reservado a unos pocos, sino un camino posible para todos, vivido en lo pequeño y cotidiano.

La Eucaristía, fuente y culmen de la vida cristiana, es el lugar donde aprendemos a mirar a Cristo, a dejarnos salvar y a salir enviados. Como Juan Bautista, estamos llamados a evangelizar con la vida, con gestos sencillos, llenos de esperanza y amor.

Mirar a Jesús, dejarnos salvar por Él y señalarlo con nuestra vida.

Que María nos ayude a reconocer siempre al Cordero de Dios y a vivir con confianza, alegría y esperanza.

FELIZ DOMINGO

AÑO JUBILAR FRANCISCANO 2026-2027

Con motivo del 800 aniversario del tránsito de S. Francisco de Asís el Papa León XIV promulga un año jubilar franciscano, desde el pasado día 10 de enero de 2026 al 10 de enero de 2027. La Penitenciaría apostólica concede indulgencia plenaria bajo las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística, rezar por las intenciones del Papa)

Aunque este año jubilar está dirigido de modo particular a la familia franciscana en su Primera, Segunda y Tercera Orden, la gracia especial se extiende también a todos los fieles, sin distinción, que visiten en peregrinación cualquier iglesia conventual franciscana o lugar de culto dedicado a san Francisco en cualquier parte del mundo.

En nuestra diócesis los templos franciscanos más cercanos son:

Aquí en Vigo: La iglesia de S. Francisco en el Berbés de los Hnos. Menores Observantes, la iglesia María Madre del Buen Pastor de los Capuchinos en C/Vázquez Varela.

En Tui: las Hnas. Clarisas (y la capilla de la Orden Franciscana Seglar).

En Ponteareas: La Iglesia de San Diego del Convento Franciscano de Canedo.

Los ancianos, los enfermos y quienes, por motivos graves, no puedan salir de casa podrán obtener la indulgencia plenaria uniéndose espiritualmente a las celebraciones jubilares y ofreciendo a Dios sus oraciones, dolores y sufrimientos.

Por este motivo hemos puesto, en el altar de ánimas, un cordón franciscano unido a la imagen de S. Francisco, como recordatorio de este año de gracia y de nuestra oración por todos los difuntos, enfermos y necesitados de nuestra parroquia.
Altar de Ánimas Parroquia San Miguel de Oia de Vigo
En el altar de ánimas de nuestra parroquia hay una imagen muy significativa de S. Francisco rescatando almas del purgatorio. Después de haber recibido los estigmas, Cristo le reveló a S. Francisco que le concedería el don de bajar al purgatorio para rescatar las almas de sus hijos espirituales y devotos, y llevarlos a la presencia del Señor. Son tres los días del año en que este santo baja al Purgatorio a buscar las almas: el 2 de agosto, día de la Porciúncula o solemnidad del Perdón de Asís, el 17 de septiembre, día de la conmemoración de la impresión de los estigmas; y los días 3 y 4 de octubre, muerte y festividad. Son días especiales para pedir la liberación de las almas del purgatorio, de nuestros familiares y amigos, y de todos aquellos que no tienen quien recen por ellos. Este año jubilar no olvidemos a nuestros difuntos.

ORACION DEL PAPA LEON XIV A SAN FRANCISCO

San Francisco, hermano nuestro, tú que hace ochocientos años
fuiste al encuentro de la hermana muerte como un hombre reconciliado,
intercede por nosotros ante el Señor.

Tú, que en el Crucifijo de San Damián reconociste la paz verdadera,
enséñanos a buscar en Él la fuente de toda reconciliación
que derriba todo muro.

Tú, que desarmado atravesaste las líneas de la guerra
y de la incomprensión,
concédenos el coraje de construir puentes
allí donde el mundo levanta fronteras.

En este tiempo afligido por conflictos y divisiones,
intercede para que lleguemos a ser artesanos de paz:
testigos desarmados y desarmantes de la paz que viene de Cristo.

Amén

Paz y bien a todos.

domingo, 11 de enero de 2026

EL BAUTISMO DEL SEÑOR. INICIO DE SU MISIÓN

La festividad del Bautismo del Señor ocupa un lugar central en el misterio de la manifestación de Jesucristo y cierra solemnemente el tiempo litúrgico de Navidad. En este acontecimiento, narrado por los Evangelios, Jesús se presenta públicamente al inicio de su vida pública, no como un pecador que busca conversión, sino como el Hijo obediente que asume solidariamente la condición humana para redimirla desde dentro. Al descender a las aguas del Jordán, Cristo anticipa sacramentalmente su muerte y resurrección, núcleo de la Pascua.

Los Evangelios sinópticos relatan este episodio con rasgos comunes: Jesús es bautizado por Juan, los cielos se abren, el Espíritu Santo desciende en forma visible y la voz del Padre proclama: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco» (cf. Mt 3,13-17; Mc 1,9-11; Lc 3,21-22). El Evangelio de Juan no describe el bautismo en sí, pero ofrece el testimonio del Bautista, que reconoce a Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (cf. Jn 1,29-34). Se trata, por tanto, de una auténtica teofanía trinitaria.

Este misterio se comprende plenamente a la luz del Antiguo Testamento. Las aguas evocan el Espíritu que aleteaba sobre la creación inicial (Gn 1,2), el paso del Mar Rojo que libera al pueblo de la esclavitud (Ex 14) y el cruce del Jordán que introduce a Israel en la tierra prometida (Jos 3). De modo particular, resuena la profecía del Siervo del Señor: «He puesto mi espíritu sobre él» (Is 42,1), texto que la liturgia reconoce cumplido en Jesús.

Los Padres de la Iglesia profundizaron en este acontecimiento con gran riqueza espiritual. San Gregorio Nacianceno afirma que Cristo se deja bautizar para santificar las aguas y conducirnos con Él a la vida nueva. San Juan Crisóstomo subraya que el Señor no recibe el Espíritu por necesidad, sino que lo manifiesta para revelarse como Mesías. San Agustín enseña que Jesús entra en el Jordán no para ser purificado, sino para purificar, inaugurando el sacramento que perdona los pecados. San Ireneo interpreta este gesto como parte de la recapitulación de toda la historia humana en Cristo.

El Catecismo de la Iglesia Católica recoge esta tradición afirmando que el Bautismo de Jesús es la aceptación y el inicio de su misión de Siervo sufriente (CIC 535), la manifestación del misterio trinitario (CIC 536) y el fundamento del bautismo cristiano, por el cual los creyentes son incorporados a Cristo y hechos hijos adoptivos del Padre (CIC 537).

Celebrar el Bautismo del Señor es, por tanto, contemplar a Cristo revelado como Hijo amado, ungido por el Espíritu y enviado para la salvación del mundo, y al mismo tiempo renovar la conciencia del propio bautismo, por el cual los cristianos participan de su vida, de su misión y de su filiación divina.

FELIZ DOMINGO

 

jueves, 8 de enero de 2026

SALMO 75 “DIOS ES QUIEN GOBIERNA”

Te damos gracias, oh Dios, te damos gracias, invocando tu nombre, tus maravillas pregonando.

«En el momento en que decida, yo mismo juzgaré con rectitud.

Se estremece la tierra con todos sus habitantes, mas yo sostengo sus columnas.

«Digo a los arrogantes: ¡Fuera arrogancias!, y a los impíos: ¡No levantéis la frente,

no levantéis tan alto vuestra frente, no habléis con un cuello de insolencia!»

Pues ya no es por oriente ni por occidente, ya no por el desierto de los montes,

por donde Dios, el juez, a uno abate y a otro exalta:

sino que hay una copa en la mano de Yahveh, y de vino drogado está lleno el brebaje: él lo escanciará, y sorberán hasta las heces, lo beberán todos los impíos de la tierra.

Y yo lo anunciaré por siempre, salmodiaré para el Dios de Jacob;

quebraré toda frente de los impíos, y la frente del justo se alzará.

“Dios es el juez: humilla al soberbio y exalta al justo”

El Salmo 75 es un salmo de acción de gracias y de juicio de Dios que gobierna la historia, sostiene el mundo, juzga con justicia y acabará con las dudas que existen entre el mal y el bien, que se asientan en el mundo y también en el corazón de las personas que vivimos en él. Es como una respuesta a esa pregunta que se hacen muchos salmos sobre el futuro de las personas malvadas y de las personas justas.

La Iglesia lo asume como una oración de confianza frente a la injusticia y la arrogancia humana

“En el momento en que decida, yo mismo juzgaré con rectitud” (Sal 75,3).

Este salmo educa al creyente en una verdad central de la fe: Dios no es indiferente al bien y al mal, solo en El descansa el gobierno y el juicio sobre todos los pueblos. El juicio de Dios contra la gente soberbia y poderosa nos recuerda aquel otro de Jesús contra la gente rica de su tiempo: “Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo” (Lc, 6,24)

“Se estremece la tierra con todos sus habitantes, mas yo sostengo sus columnas” (Sal 75,4)

Dios aparece como fundamento del orden creado y de la historia humana. Aunque el mundo parezca tambalearse, no está abandonado al caos. “El Señor afianza el mundo y no se moverá” (Sal 93,1), “Todo subsiste en Él” (Col 1,17), CEC 301: Dios “sostiene y gobierna todo lo que ha creado”, CEC 306: Dios actúa en la historia respetando la libertad humana. San Agustín interpreta las “columnas” como el orden providente de Dios que sostiene incluso a quienes lo ignoran: “Aunque el mundo tiemble, no cae, porque es sostenido por Aquel que no tiembla” (Enarrationes in Psalmos, 74)

“Digo a los arrogantes: ¡Fuera arrogancias!” (Sal 75,5)

La soberbia es presentada como el pecado que pretende usurpar el lugar de Dios. El salmo denuncia la autosuficiencia del impío, que cree que su poder proviene de sí mismo. “Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes” (Prov 3,34; Sant 4,6) “El que se enaltece será humillado” (Lc 14,11). Jesús retoma directamente esta enseñanza en su predicación sobre el Reino, especialmente en las parábolas del fariseo y el publicano (Lc 18,9-14). CEC 1866: La soberbia es uno de los pecados capitales. CEC 2559: “La humildad es el fundamento de la oración”. San Juan Crisóstomo afirma: “Nada hace caer tanto al hombre como creerse elevado por sí mismo” (Homilías sobre Mateo)

No es por oriente ni por occidente… por donde Dios, el juez, a uno abate y a otro exalta” (Sal 75,7-8)

El salmo proclama una verdad radical: ningún poder humano decide el destino último del hombre. Solo Dios juzga con verdad. “El Señor juzga hasta los confines de la tierra” (1 Sam 2,10), “El Padre no juzga a nadie, sino que ha dado todo juicio al Hijo” (Jn 5,22). Cristo es presentado como el Juez escatológico, especialmente en Mateo 25,31-46. CEC 678: Cristo vendrá “para juzgar a vivos y muertos”. CEC 679: El juicio revelará el sentido último de la historia. San Ireneo enseña que el juicio de Dios no es arbitrario, sino medicinal: “Dios juzga para restaurar el orden que el pecado ha herido” (Adversus Haereses, IV)

“Hay una copa en la mano de Yahveh… la beberán todos los impíos de la tierra” (Sal 75,9)

La imagen de la copa expresa la certeza del juicio, pero también anticipa el lenguaje pascual del Nuevo Testamento. Jer 25,15: la copa de la ira, Ap 14,10: la copa del juicio definitivo. Cristo asume esta imagen al decir: “Padre, si es posible, pase de mí esta copa” (Mt 26,39). Jesús bebe la copa del juicio en lugar de los pecadores, revelando que el juicio de Dios se manifiesta plenamente en la Cruz. CEC 604: Cristo se ofrece libremente por los pecadores. CEC 615: La cruz es sacrificio redentor. San Cirilo de Jerusalén: “La copa que era de condenación se convirtió en salvación cuando Cristo la bebió” (Catequesis, XIII)

“La frente del justo se alzará” (Sal 75,11)

El salmo concluye con esperanza: la justicia de Dios no fracasa. El justo será exaltado, no por mérito propio, sino por la fidelidad de Dios. “Los humildes heredarán la tierra” (Sal 37,11; Mt 5,5), “Dios lo exaltó y le dio el Nombre sobre todo nombre” (Flp 2,9), CEC 1819: La esperanza cristiana se apoya en las promesas de Dios. CEC 2010: La iniciativa pertenece siempre a Dios. San Gregorio Magno: “Dios levanta al justo cuando este deja de levantarse a sí mismo” (Moralia in Job)

El Salmo 75 enseña al creyente a vivir con humildad, esperanza y confianza. Frente a la injusticia del mundo, la Iglesia proclama que Dios reina, juzga y salva. En Cristo, este salmo alcanza su plenitud: el Juez se hace Salvador y la copa del juicio se transforma en cáliz de redención.

 

martes, 6 de enero de 2026

EPIFANIA DEL SEÑOR: LOS REYES MAGOS

Los Reyes Magos son figuras centrales de la tradición cristiana y cultural asociada a la Epifanía, celebrada el 6 de enero. Según el Evangelio de Mateo, eran sabios u hombres de Oriente que siguieron una estrella hasta Belén para rendir homenaje al nacimiento de Jesús. Aunque no hay evidencia histórica que confirme su identidad como reyes, su importancia radica en el valor simbólico y religioso, así como en su profundo arraigo cultural.

El Evangelio según san Mateo es la única fuente bíblica que los menciona explícitamente. El texto ofrece una narración teológica más que histórica. Mateo relata que unos “magos de Oriente” llegaron a Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo” (Mt 2, 2).

En el texto bíblico no se les llama reyes, sino magos (en griego mágoi), no especifica cuántos eran ni sus nombres; la tradición posterior estableció que eran tres, en correspondencia con los tres regalos que ofrecieron: “Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra” (Mt 2, 11), en la tradición cristiana medieval, son Melchor, Gaspar y Baltasar, proceden de “Oriente”, término amplio que podía referirse a Persia, Babilonia o Arabia. Buscan adorar, no simplemente visitar. Cada obsequio tiene un valor simbólico: el Oro simboliza la realeza, el Incienso representa la divinidad y la Mirra que alude al sufrimiento y la naturaleza humana de Jesús.

Desde una perspectiva bíblica, el relato de los magos en Mateo 2 se entiende como el cumplimiento de varias profecías y textos del Antiguo Testamento que el evangelista relee a la luz de Jesús como Mesías. Mateo escribe para una comunidad con fuerte trasfondo judío y, por ello, construye su narración como una cadena de cumplimientos proféticos.

Cuando Herodes pregunta a los sumos sacerdotes y escribas dónde debía nacer el Mesías, estos responden citando al profeta Miqueas: “Y tú, Belén de Judá, no eres ni mucho menos la menor… de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”. (Miq 5,1,2); “Avanza una estrella de Jacob, surge un cetro de Israel” (Núm 24,17), este oráculo, atribuido a Balaam (un profeta extranjero), es clave porque habla de una estrella asociada a un gobernante y procede de un no israelita, lo que armoniza con la figura de los magos. “Caminarán las naciones a tu luz… traerán oro e incienso”. (Is 60,1–6), describe a los pueblos extranjeros reconociendo la gloria de Dios en Israel y la llegada de riquezas como signo de adoración. “Los reyes de Tarsis y de las islas traerán tributo… todos los reyes se postrarán ante él”. Salmo 72 (71), aunque Mateo no habla de “reyes” la tradición cristiana aplica este salmo a los magos, esto explica cómo la figura de “magos” se transforma en reyes en la tradición posterior.

La relación entre los magos de Mateo 2 y la profecía de Daniel no es explícita. En el libro de Daniel, el profeta judío vive en Babilonia, centro intelectual del Oriente antiguo. Allí, Daniel es instruido en la sabiduría caldea (Dn 1,4–5), interpreta sueños y visiones que los sabios babilonios no pueden explicar (Dn 2), es elevado a un cargo clave: “El rey puso a Daniel como jefe supremo de todos los sabios de Babilonia” (Dn 2,48). El término “sabios” en este contexto incluye astrólogos, intérpretes de signos y estudiosos del cosmos: el mismo ambiente cultural del que proceden los magos de Mateo. Daniel introduce en Oriente una visión monoteísta, mesiánica y profética de la historia. Es razonable pensar que sus enseñanzas quedaron preservadas en círculos sapienciales orientales durante siglos.

Los magos observan un signo celeste que interpretan dentro de un marco profético previo, no de forma aislada; la estrella no “crea” la expectativa; la confirma. Daniel habría proporcionado el marco temporal, la estrella el signo visible. La estrella no es simple astrología, es un signo revelador, inteligible para sabios formados en esa tradición. Los magos no aparecen de manera improvisada en el Evangelio. Son el fruto de siglos de siembra profética en Oriente

San Jerónimo (s. IV) conocedor del hebreo y residente en Oriente, afirma que los magos conocían las profecías judías, especialmente las de Daniel, por lo que considera a Daniel como puente entre Israel y las naciones. Gracias a él, el Mesías de Israel podía ser reconocido también fuera de Israel.

La Epifanía del Señor proclama, así, que Jesucristo no es solo el Mesías de Israel, sino el Salvador de todos los pueblos. Los magos representan a la humanidad en búsqueda, guiada por los signos de Dios y abierta a su revelación. Frente a ellos, Herodes encarna el rechazo del poder que teme perder privilegios, mientras Jerusalén, conocedora de las Escrituras, permanece inmóvil. Mateo presenta de este modo una verdadera teología del cumplimiento: las promesas del Antiguo Testamento alcanzan su plenitud en Cristo, y las naciones, simbolizadas por los magos, son las primeras en reconocerlo y adorarlo. La Epifanía nos invita hoy a seguir la estrella de la fe, a dejarnos conducir hasta Cristo y a ofrecerle, como los magos, lo mejor de nosotros mismos.

FELIZ REYES

domingo, 28 de diciembre de 2025

LA FAMILIA DE NAZARET, MODELO PARA NUESTRAS FAMILIAS

Cada año, en el tiempo gozoso de la Navidad, la Iglesia nos invita a fijar la mirada en la Sagrada Familia de Jesús, María y José. Es una celebración litúrgica de gran importancia pastoral en la Iglesia católica, no se trata solo de un recuerdo piadoso, sino de una propuesta concreta de vida cristiana porque propone a la familia de Nazaret como modelo de vida cristiana, de amor conyugal, de educación de los hijos y de fe vivida en lo cotidiano, y está especialmente dirigida a nuestras familias.

Celebrar el Domingo de la Sagrada Familia es reconocer que Dios quiso entrar en la historia humana a través de una familia, compartiendo sus alegrías, esfuerzos, silencios y dificultades.

El Domingo de la Sagrada Familia se celebra el domingo dentro de la Octava de Navidad; si no lo hay, se celebra el 30 de diciembre. Instituida por el papa Benedicto XV en 1921, mediante el decreto Bonum sane, en un contexto marcado por las heridas de la Primera Guerra Mundial, en el que la familia estaba profundamente afectada por la violencia, la pobreza y la pérdida de valores. El Papa quiso proponer a la familia de Nazaret como remedio espiritual y social, recordando que una sociedad sana nace de familias sólidas, unidas en el amor y abiertas a Dios. Su objetivo era y sigue siendo, resaltar la dignidad y la vocación de la familia cristiana, contemplando a Jesús, María y José como paradigma de comunión, obediencia a Dios, trabajo, oración y caridad.

San Juan Pablo II impulsó fuertemente esta celebración con su magisterio sobre la familia (especialmente Familiaris consortio) y el papa Francisco subrayó su valor pastoral en documentos como Amoris laetitia.

Aunque los Evangelios narran pocos episodios de la vida familiar de Jesús, cada uno de ellos es profundamente revelador.

Lucas 2, 16–21 (Navidad) “Encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.” En la huida a Egipto (Mt 2,13-15) José protege a su familia con obediencia y valentía. La Sagrada Familia conoce el exilio, la inseguridad y el miedo, mostrando que Dios está presente también en las pruebas. Jesús en el templo (Lc 2,41-52) “Jesús bajó con ellos a Nazaret y estaba sujeto a ellos”. El Hijo de Dios aprende a vivir en obediencia, trabajo y silencio. María guarda todo en su corazón y José acompaña con discreción y fidelidad.

“Cristo quiso nacer y crecer en el seno de la Sagrada Familia. La Iglesia no es otra cosa que la ‘familia de Dios” CIC 1655. Durante treinta años, Jesús vive una vida sencilla. Como recuerda el Catecismo: “La vida oculta de Nazaret permite a todo hombre entrar en comunión con Jesús en los caminos más ordinarios de la vida” (CIC 533).

La Sagrada Familia no fue una familia idealizada ni ajena a los problemas, vivió la pobreza, conoció la migración forzada, afrontó la incomprensión, caminó en la fe, incluso sin entenderlo todo, por eso este Domingo de la Sagrada Familia nos enseña que la santidad no se vive solo en lo extraordinario, sino en la vida cotidiana, que la familia cristiana está llamada a ser comunidad de amor, escuela de fe, espacio de perdón y misericordia y que incluso en medio de dificultades (pobreza, migración, incomprensión), la familia puede vivir en fidelidad a Dios.

Por eso, es modelo cercano y realista para nuestras familias de hoy, llamadas a vivir el Evangelio en medio de la rutina diaria, el trabajo, la educación de los hijos y las dificultades cotidianas. Como nos recuerda el papa Francisco, la familia no es un problema, sino una oportunidad y una bendición.

Oración a la Sagrada Familia

Jesús, María y José,
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor.
A vosotros nos confiamos.
Sagrada Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugares de comunión y de oración,
auténticas iglesias domésticas
y caminos de santidad.
Amén.

FELIZ DOMINGO

miércoles, 24 de diciembre de 2025

LA NAVIDAD: DIOS SE HACE CERCANO

Celebramos la Navidad, el misterio de la Encarnación en el que Dios, movido por amor, entra en la historia humana. Como proclama el evangelista san Juan: “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14). No se trata solo del recuerdo de un nacimiento, sino de la certeza de que Dios ha querido hacerse cercano, compartir nuestra vida y caminar con nosotros.

Este acontecimiento había sido anunciado desde antiguo. El profeta Isaías lo expresó con palabras llenas de esperanza: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz… porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado” (Is 9,1.5). En Jesús, esa promesa se cumple plenamente.

El Evangelio según san Lucas nos relata con sencillez el nacimiento del Salvador. A los pastores, hombres humildes y sencillos, se les anuncia primero la buena noticia: “No tengan miedo. Les anuncio una gran alegría: hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor” (Lc 2,10–11). Y el cielo mismo se une al gozo proclamando: “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor” (Lc 2,14).

El Niño nace en la pobreza de un pesebre, revelándonos el estilo de Dios: un Dios que no se impone con poder, sino que se abaja y se entrega. San Pablo lo expresa así: “Cristo Jesús, siendo de condición divina, se despojó de sí mismo” (Flp 2,6–7). En este gesto encontramos el corazón del mensaje navideño.

María, modelo de fe y contemplación, nos enseña la actitud con la que debemos vivir este misterio: “Conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lc 2,19). Como ella, estamos llamados a acoger a Cristo con un corazón abierto y disponible.

La Navidad inaugura un tiempo litúrgico que nos invita a la contemplación, la alegría y la gratitud. Es un tiempo para: renovar la fe en la Encarnación, redescubrir el valor de la familia Cristiana, fortalecer la esperanza, especialmente para quienes viven situaciones de dolor o exclusión.

Celebrar la Navidad no se limita a una fecha ni a tradiciones externas. Significa reconocer que Jesús es la luz del mundo y permitir que esa luz transforme nuestra vida cotidiana, esto se traduce en gestos concretos: mayor cercanía con quienes sufren, compromiso con la justicia y la caridad, reconciliación y paz en nuestras familias y comunidades. Los Magos, al encontrar al Niño, “postrándose, lo adoraron” (Mt 2,11).

La Navidad no termina el 25 de diciembre; se prolonga en una forma de vivir marcada por el amor encarnado.

“Que esta Navidad no sea solo una fecha en el calendario para nuestra comunidad, sino un tiempo de encuentro con Cristo, de renovación de la fe y de compromiso concreto con el amor, la paz y la caridad que brotan del pesebre de Belén y nos impulse a ser testigos de su amor en el mundo”.