PARROQUIA SAN MIGUEL DE OIA
domingo, 6 de septiembre de 2026
“DONDE DOS O TRES ESTÁN REUNIDOS EN MI NOMBRE”
jueves, 3 de septiembre de 2026
SALMO 145: DIOS, REY DE MISERICORDIA Y DE VIDA
1 Te ensalzaré, Dios mío, mi Rey, bendeciré tu nombre por siempre;
2 todos los días te bendeciré, alabaré tu nombre por siempre.
3 Grande es Yahvé, muy digno de alabanza, su grandeza carece de límites.
4 Una edad a otra encomiará tus obras, pregonará tus hechos portentosos.
5 El esplendor, la gloria de tu majestad, el relato de tus maravillas recitaré.
6 Del poder de tus portentos se hablará, y yo tus grandezas contaré;
7 se recordará tu inmensa bondad, se aclamará tu justicia.
8 Es Yahvé clemente y compasivo, tardo a la cólera y grande en amor;
9 bueno es Yahvé para con todos, tierno con todas sus creaturas.
10 Alábente, Yahvé, tus creaturas, bendígante tus fieles;
11 cuenten la gloria de tu reinado, narren tus proezas,
12 explicando tus proezas a los hombres, el esplendor y la gloria de tu reinado.
13 Tu reinado es un reinado por los siglos, tu gobierno, de edad en edad. Fiel es Yahvé en todo lo que dice, amoroso en todo lo que hace.
14 Yahvé sostiene a los que caen, endereza a todos los encorvados.
15 Los ojos de todos te miran esperando; tú les das a su tiempo el alimento.
16 Tú abres la mano y sacias de bienes a todo viviente.
17 Yahvé es justo cuando actúa, amoroso en todas sus obras.
18 Cerca está Yahvé de los que lo invocan, de todos los que lo invocan con sinceridad.
19 Cumple los deseos de sus leales, escucha su clamor y los libera.
20 Yahvé guarda a cuantos le aman, y extermina a todos los malvados.
21 ¡Que mi boca alabe a Yahvé, que bendigan los vivientes su nombre sacrosanto para siempre jamás!
domingo, 30 de agosto de 2026
«EL QUE QUIERA SEGUIRME QUE SE NIEGUE A SI MISMO»
Cuando Jesús dice: «Si alguno
quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga»,
no nos está invitando a buscar el sufrimiento ni a aceptar pasivamente las
desgracias. La cruz cristiana es consecuencia de una vida entregada al amor, al
servicio y al Reino de Dios. Cada uno debe asumir su propia realidad, sus
responsabilidades y dificultades, viviendo todo ello desde la fe y la confianza
en Cristo.
San Pablo completa esta enseñanza
cuando nos exhorta: «No os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la
renovación de la mente». El cristiano está llamado a dejar que el Evangelio
transforme su manera de pensar, de sentir y de actuar. No se trata de huir del
mundo, sino de vivir en él construyendo el Reino de Dios mediante el amor, la
justicia, el servicio y la fraternidad.
Jesús nos presenta también una
gran paradoja: «El que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su
vida por mí, la encontrará». Una vida centrada exclusivamente en uno mismo, en
el bienestar, el dinero, el prestigio o la comodidad, puede terminar vacía. En
cambio, quien entrega su vida por amor descubre un sentido más profundo y una
verdadera felicidad.
También hoy seguir a Jesús puede
exigirnos renunciar al egoísmo, perdonar, compartir nuestros bienes, acompañar
al que sufre, cuidar a los enfermos y mayores, defender al débil y dar
testimonio de nuestra fe cuando hacerlo resulte difícil. Como Jeremías, podemos
encontrar incomprensión o rechazo, pero la fidelidad a Dios nos pide
mantenernos firmes.
El mensaje para nosotros hoy es
claro: seguir a Cristo es una decisión diaria. No consiste solamente en
llamarnos cristianos, sino en dejar que Jesús transforme nuestra vida. La
pregunta que debemos hacernos cada día es: «¿Qué quiere Dios de mí hoy?».
Cuando ponemos nuestra vida al servicio de Dios y de los demás, descubrimos que
la cruz no es el final del camino, sino el camino del amor que conduce a la
verdadera vida.
La enseñanza de Jesús no es una
llamada a sufrir, sino a amar hasta las últimas consecuencias. Quien
deja de vivir únicamente para sí mismo y convierte su existencia en un don
descubre que, paradójicamente, es precisamente entonces cuando encuentra la
vida plena.
FELIZ DOMINGO
jueves, 27 de agosto de 2026
SALMO 144 BENDITO EL PUEBLO QUE TIENE A DIOS POR SEÑOR
domingo, 23 de agosto de 2026
Y VOSOTROS, ¿QUIÉN DECÍS QUE SOY YO?
Podemos saber muchas cosas sobre
Jesús, conocer sus palabras, escuchar hablar de Él desde niños, admirar su
enseñanza e incluso participar activamente en la vida de la Iglesia. Pero llega
un momento en que no basta con repetir respuestas aprendidas. Es necesario
responder personalmente: ¿quién es Jesús para mí y qué lugar ocupa realmente
en mi vida?
Pedro responde: «Tú eres el
Mesías, el Hijo del Dios vivo». Su confesión expresa el centro de la fe
cristiana. Sin embargo, Jesús le recuerda que esa respuesta no procede
únicamente de su inteligencia o de sus capacidades: «Eso no te lo ha revelado
ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos». La fe es, ante
todo, un don de Dios. Él sale a nuestro encuentro, ilumina nuestro corazón y
nos concede reconocer a Cristo.
Por eso, la fe verdadera exige
humildad. Nadie puede considerarse propietario de la verdad recibida. Creemos
porque Dios se revela y porque su Espíritu actúa en nosotros. La vida cristiana
no consiste solamente en conocer doctrinas sobre Jesús, sino en encontrarnos
con Él y dejar que transforme nuestra existencia.
En este contexto aparece la
imagen de la roca y de las llaves. Pedro recibe una misión dentro de la
comunidad. Su autoridad no es un privilegio personal, sino un servicio a la
Iglesia y a la misión salvadora de Cristo. Pedro mismo, con sus debilidades, miedos
y negaciones, demuestra que la firmeza de la Iglesia no depende de la
perfección de sus miembros.
La verdadera roca es Cristo y la
confesión de fe en Él. La Iglesia no se sostiene sobre las capacidades humanas,
sino sobre Jesucristo, el Mesías y el Hijo de Dios. Pedro recibe su misión
precisamente desde esa fe y para servir a la comunidad. La autoridad cristiana,
por tanto, nunca puede separarse del servicio, de la comunión y de la misión
recibida de Cristo.
También nosotros estamos llamados
a construir nuestra vida sobre esa roca. No sobre nuestras seguridades,
nuestros éxitos o nuestras propias fuerzas, sino sobre Cristo. Y la pregunta
del Evangelio continúa abierta: no basta saber qué dicen los demás acerca de
Jesús; debemos preguntarnos qué significa Él realmente para nosotros.
San Pablo, contemplando el
misterio de Dios, exclama: «¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de
conocimiento el de Dios!». La fe no consiste en dominar completamente el
misterio divino. Podemos conocer a Dios, experimentar su amor y descubrir su
presencia, pero nunca podremos abarcarlo por completo.
Esta verdad adquiere una
importancia especial cuando la vida no responde a nuestras expectativas. Muchas
veces queremos comprender por qué sucede algo, por qué Dios permite
determinadas situaciones o por qué atravesamos momentos de oscuridad. La
Palabra nos invita entonces a confiar. No necesitamos tener todas las
respuestas para seguir caminando con Dios.
La humildad cristiana comienza
cuando dejamos de exigir que Dios encaje en nuestros planes. Él es «origen,
guía y meta del universo». Todo procede de Él, todo encuentra en Él su
fundamento y hacia Él se dirige nuestra existencia. Por eso la respuesta al misterio
de Dios no consiste solamente en buscar explicaciones, sino también en aprender
a adorar, agradecer y confiar.
La pregunta de Jesús tampoco se
responde una sola vez. Cada etapa de nuestra vida vuelve a planteárnosla: en la
alegría y en el sufrimiento, en la certeza y en la duda, en los momentos de
fortaleza y en los de debilidad. Y nuestra respuesta no debe darse únicamente
con palabras, sino con nuestra manera de vivir, amar, servir, perdonar y
confiar.
Jesús no ha venido simplemente
para ser admirado como personaje histórico ni para ser recordado en
determinadas celebraciones. Ha venido para revelarnos el verdadero rostro de
Dios: el rostro del amor. Por eso, nuestra fe no puede limitarse a
conocerlo superficialmente o a acudir a Él únicamente en momentos solemnes.
Hoy, también nosotros debemos
escuchar su pregunta: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». ¿Conocemos
verdaderamente a Cristo o solamente sabemos cosas sobre Él? ¿Escuchamos su
Palabra o simplemente asistimos a su proclamación? ¿Vivimos en comunión con Él
o nuestra relación depende de determinadas circunstancias?
Ante Cristo, especialmente ante
Él crucificado y resucitado, cada uno debe responder desde lo más profundo del
corazón. La Iglesia, con sus limitaciones y contradicciones, sigue proclamando
con Pedro: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo». Y esa confesión
sólo será verdaderamente nuestra cuando se convierta en una vida entregada a
Él, sostenida por su gracia y orientada hacia el amor.
jueves, 20 de agosto de 2026
SALMO 3: DIOS ES NUESTRO REFUGIO EN MEDIO DE LA DIFICULTAD
domingo, 16 de agosto de 2026
SAN ROQUE DE MONTPELLIER: UN PEREGRINO AL SERVICIO DE LOS QUE SUFREN
Cada 16 de agosto, la Iglesia celebra la memoria de San Roque de Montpellier, uno de los santos que más profundamente han arraigado en la religiosidad popular de Galicia. Su figura está estrechamente unida a la peregrinación, a la atención de los enfermos y a la caridad cristiana. Según la tradición, nació en Montpellier a mediados del siglo XIV, en una familia acomodada, pero al quedar huérfano decidió entregar sus bienes a los necesitados y emprender el camino de peregrinación. Su viaje hacia Roma lo llevó a encontrarse con una realidad dolorosa: la peste que asolaba numerosas ciudades italianas. Allí San Roque no se apartó de los enfermos, sino que se acercó a ellos, los cuidó y puso su vida al servicio de quienes sufrían.
TEN COMPASIÓN DE MÍ, SEÑOR
sábado, 15 de agosto de 2026
LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA
jueves, 13 de agosto de 2026
SALMO 114: EL DIOS QUE LIBERA Y TRANSFORMA
2 Judá fue su santuario, Israel fue su dominio.
3 El mar lo vio y huyó, el Jordán retrocedió,
4 los montes brincaron como carneros, las colinas igual que corderos.
5 Mar, ¿qué te pasa que huyes, y tú, Jordán, que retrocedes,
6 montes, que brincáis como carneros, colinas igual que corderos?
7 La tierra tiembla en presencia del Dueño, en presencia del Dios de Jacob,
8 el que cambia la peña en estanque y hace del pedernal una fuente.
La pregunta dirigida al mar, al Jordán, a los montes y a las colinas tiene una intención catequética: ¿qué puede resistirse cuando Dios se hace presente? Aquello que parecía imposible se abre ante el pueblo. El mar deja paso, el Jordán permite avanzar y la tierra tiembla ante su Dueño. El Dios de Jacob es el Dios que abre caminos donde humanamente parece no existir ninguno.
El versículo final ofrece una de las imágenes más bellas del salmo: Dios «cambia la peña en estanque y hace del pedernal una fuente». El Señor no solamente libera de la esclavitud; también proporciona agua en medio del desierto. Allí donde solamente parece haber dureza, sequedad y muerte, Dios puede hacer brotar vida.









