domingo, 22 de febrero de 2026

CUARESMA: VOLVER A CONFIAR

“Jesús fue llevado al desierto para ser tentado” (Mt 4,1)


1. El origen del drama: la desconfianza

El pecado original no comenzó con un fruto, sino con una  sospecha: «Dios no quiere tu bien». El pecado nace cuando dejamos de confiar en que Dios es Padre.

2. Donde Adán cayó, Cristo permanece fiel

San Pablo nos recuerda: «Si por la desobediencia de uno todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno todos serán constituidos justos» (Rom 5,19). En Cristo la historia ha cambiado.

3. Las tres tentaciones siguen siendo actuales

• Reducir la vida a lo material: «No solo de pan vive el hombre».
• Manipular a Dios para nuestros planes.
• Buscar el poder y el éxito sin cruz.

Estas tentaciones siguen presentes en nuestra vida cotidiana.

4. No luchamos solos

El Catecismo nos recuerda que toda la vida del hombre es lucha (CEC 409), pero también que la victoria ya ha sido ganada por Cristo (CEC 2853). La Cuaresma es un regreso confiado al corazón del Padre.

5. Ayuno, oración y limosna: caminos de libertad

El ayuno deja espacio a Dios.
La oración recupera la confianza.
La limosna ensancha el corazón.

No son prácticas tristes, sino caminos de libertad interior.

6. Nuestro desierto personal

Cada uno conoce su propio desierto: una lucha interior, una debilidad, un cansancio espiritual. La Cuaresma no es para desanimarnos, sino para caminar con Cristo en medio de esa realidad.

7. María, la nueva Eva
Donde la primera mujer dudó, María respondió: «Hágase en mí según tu palabra». Que ella nos enseñe a confiar y a llegar con corazón renovado a la alegría de la Pascua.

La Cuaresma no es un tiempo de esfuerzo solitario. Es un camino para volver a confiar en Dios. Cristo ya ha vencido.

LA TENTACIÓN EN EL DESIERTO

El evangelio del I Domingo de Cuaresma (Ciclo A), tomado del Evangelio de Mateo (Mt 4,1-11), presenta a Jesús de Nazaret conducido por el Espíritu al desierto, donde, después de ayunar cuarenta días, enfrenta las tentaciones de Satanás antes de iniciar su misión pública. La Iglesia propone este texto al comienzo de la Cuaresma porque ilumina el camino espiritual del creyente: un tiempo de prueba, discernimiento y renovación de la fidelidad a Dios.

El desierto tiene un significado profundo en la tradición bíblica. No es solo un lugar físico, sino un espacio espiritual donde el ser humano se confronta con su fragilidad, con la tentación y con la presencia de Dios. Así, la Cuaresma se entiende como un itinerario interior que invita al silencio, a la conversión y a la renovación de la alianza con el Señor.

Las tres tentaciones que enfrenta Jesús revelan falsas imágenes del mesianismo y también del ser humano. La primera tentación, convertir las piedras en pan, plantea la reducción de la vida a la satisfacción de necesidades materiales y la tentación de la autosuficiencia. Jesús responde afirmando que el ser humano no vive solo de pan, sino de la Palabra que viene de Dios. La segunda tentación, arrojarse desde el templo para que Dios lo salve, muestra la pretensión de manipular a Dios o utilizar la religión como garantía o espectáculo; Jesús enseña que la verdadera fe no consiste en poner a Dios a prueba, sino en confiar plenamente en Él. La tercera tentación, recibir poder y dominio sobre los reinos del mundo a cambio de adoración, representa la búsqueda de gloria y poder al margen de Dios; Jesús reafirma que solo el Señor merece adoración y fidelidad absoluta.

Este relato tiene además una profunda relación con la experiencia del pueblo de Israel en el desierto. Las respuestas de Jesús están tomadas del Deuteronomio y evocan las pruebas del pueblo durante el éxodo. De este modo, el evangelio muestra que Jesús permanece fiel allí donde Israel había fallado, revelándose como el Mesías que inaugura un nuevo pueblo fiel a Dios. En este sentido, el relato tiene un carácter pedagógico para la comunidad cristiana, mostrando cómo enfrentar las tentaciones y permanecer en la fidelidad.

Las tentaciones también expresan realidades que siguen presentes en la vida del creyente: el deseo de seguridad material, la búsqueda de prestigio y reconocimiento, y la tentación de exigir a Dios signos o soluciones inmediatas. El tentador no se presenta abiertamente como mal, sino que propone aparentes bienes que en realidad desplazan a Dios del centro de la vida. Por eso, en el fondo de las tentaciones está en juego la fe y la decisión fundamental del corazón humano: vivir para uno mismo o vivir para Dios.

El evangelio subraya que Jesús vence la tentación apoyándose en la Palabra de Dios y permaneciendo fiel a su misión. Esto tiene un valor catequético importante: enseña a la comunidad cristiana que la lucha espiritual forma parte del camino de fe y que la victoria no depende solo del esfuerzo humano, sino de la gracia de Dios. Cristo, que ha experimentado la tentación, acompaña al creyente y le comunica su fuerza para resistir el mal.

En definitiva, este evangelio invita a comenzar la Cuaresma con realismo y esperanza. La tentación forma parte de la vida, pero también es una oportunidad para crecer en fidelidad, profundizar en el conocimiento de Dios y avanzar en el camino de la conversión. Allí donde aparece nuestra fragilidad, Dios ofrece su gracia y nos llama a seguir a Cristo con mayor confianza y entrega. Así, el combate espiritual se convierte en un camino de maduración en la fe y de preparación para la Pascua.

FELIZ DOMINGO

jueves, 19 de febrero de 2026

SALMO 111. DIOS ACTÚA CON JUSTICIA Y MISERICORDIA.

 

El Salmo 111 es un canto de alabanza que invita al creyente a contemplar las obras de Dios con un corazón agradecido y lleno de admiración. Desde sus primeras palabras, el salmista nos introduce en una actitud fundamental de la vida cristiana: la gratitud por las obras de Dios ofrecidas a todo el mundo sin distinción, que responden a una alianza preestablecida de la que Dios siempre respondió y siempre seguirá respondiendo. Dar gracias a Dios no es solamente un gesto ocasional, sino una disposición interior que brota del reconocimiento de su presencia constante y de su acción salvadora en la historia.

 ¡Aleluya! Doy gracias a Yahvé de todo corazón, en la reunión de los justos y en la comunidad.

Grandes son las obras de Yahvé, meditadas por todos que las aman.

Actúa con esplendor y majestad, su justicia permanece para siempre.

De sus proezas dejó un memorial. ¡Clemente y compasivo Yahvé!

Dio de comer a quienes lo honran, se acuerda por siempre de su alianza.

Reveló a su pueblo la fuerza de su acción, les dio como herencia las naciones.

Su mano actúa con verdad y justicia, son leales todos sus mandatos,

válidos para siempre jamás, Para cumplirlos con verdad y rectitud.

Envió la redención a su pueblo, determinó para siempre su alianza; santo y temible es su nombre.

Principio del saber es temer al Señor; son cuerdos los que lo practican. Su alabanza permanece para siempre.

Este salmo destaca la grandeza de las obras del Señor, subrayando que ellas deben ser meditadas por quienes las aman. La fe no es superficial ni improvisada; exige contemplación, memoria y reflexión. El creyente está llamado a descubrir en los acontecimientos de la vida la huella de Dios, reconociendo que su actuar está lleno de esplendor y majestad.

El texto resalta también la justicia divina, que no es pasajera ni cambiante, sino eterna y firme. En un mundo marcado por la fragilidad y la incertidumbre, el salmo recuerda que Dios permanece fiel. Su justicia no solo corrige, sino que restaura y conduce al ser humano hacia la plenitud de la vida.

Otro rasgo fundamental que el salmista presenta es la misericordia de Dios. Él es clemente y compasivo, atento a las necesidades de su pueblo. Esta afirmación revela el rostro cercano de Dios, que no se mantiene distante, sino que acompaña, alimenta y sostiene a quienes confían en Él. La referencia al alimento recuerda que Dios provee tanto lo material como lo espiritual, mostrando su cuidado providente.

El salmo insiste en la fidelidad de Dios a su alianza. A lo largo de la historia de la salvación, Dios se compromete con su pueblo y nunca abandona sus promesas. Esta fidelidad es un fundamento sólido para la esperanza cristiana, pues enseña que la relación con Dios no depende de la perfección humana, sino de su amor constante.

Asimismo, se destaca que las obras de Dios están marcadas por la verdad y la justicia. Sus mandamientos no son imposiciones arbitrarias, sino caminos que orientan al ser humano hacia una vida recta y digna. La ley divina aparece como expresión de la sabiduría de Dios, que guía a su pueblo hacia el bien.

El salmo también recuerda la redención realizada por Dios. La salvación es presentada como iniciativa divina que libera y renueva. En la tradición cristiana, esta redención alcanza su plenitud en Jesucristo, quien manifiesta de manera definitiva el amor salvador de Dios.

La proclamación de la santidad del nombre de Dios invita al creyente a reconocer su grandeza y trascendencia. Dios es cercano, pero sigue siendo el Santo, aquel que supera toda comprensión humana y que merece adoración y respeto profundo.

El salmo culmina con una enseñanza sapiencial de gran importancia: acoger a ese Dios que así se ofrece es propio de gente sensata, el temor del Señor es el principio de la sabiduría. Este temor no debe entenderse como miedo, sino como reverencia amorosa y reconocimiento de la soberanía de Dios. Quien vive en esta actitud aprende a orientar su vida según la voluntad divina y encuentra el verdadero sentido de la existencia.

La santidad de Dios que así se manifiesta y realiza entre la gente también la experimentó María la madre de Jesús: “porque ha hecho en mi favor cosas grandes el Poderoso, Santo es su nombre” (Lc 1, 49)

Este salmo es una invitación a cultivar una fe agradecida, consciente de las maravillas que Dios realiza en la comunidad y en cada persona. Nos anima a recordar la historia de salvación y a transmitirla a las nuevas generaciones como fuente de esperanza.

Además, nos exhorta a vivir una fe coherente, donde la alabanza se traduzca en obras de justicia, caridad y fidelidad al Evangelio. La verdadera alabanza no se limita a las palabras, sino que se expresa en una vida transformada por el amor de Dios.

Finalmente, el Salmo 111 nos recuerda que la alabanza a Dios es eterna. La comunidad creyente está llamada a ser testigo permanente de su bondad, proclamando con la vida y con la palabra que el Señor sigue actuando en medio de su pueblo. Así, este salmo se convierte en una escuela de oración, gratitud y sabiduría para todos los fieles.

miércoles, 18 de febrero de 2026

MENSAJE DE CUARESMA DE MONS. ANTONIO VALÍN: VOLVER AL CORAZÓN

Estamos ante una nueva Cuaresma que nos va a preparar para la vivencia de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Este tiempo es un tiempo de paso: la meta está en la Pascua, pero eso no significa que sea un tiempo a no tener presente. La Cuaresma es una larga invitación a volver a lo esencial de nuestra vida, a hacer un alto en el ritmo cotidiano y situarnos -cara a cara- con el Evangelio que nos dejó Jesucristo. Si, es un tiempo de paso, pero un tiempo que nos puede ayudar a descubrir, con autenticidad, el significado de la vida de Cristo, de su propuesta, de la Resurrección que todo lo hace nuevo y de lo que somos cada uno. Como nos dice el papa León: “es una ocasión apropiada para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén” (Mensaje para la Cuaresma 2026).

Me gustaría compartir con vosotros una serie de palabras que nos van a acompañar durante este tiempo cuaresmal:

  1. Conversión, cambio de mentalidad, costumbres, criterios, opciones… tiempo de ser y vivir de manera más auténtica, volviendo continuamente al evangelio. Es un tiempo de sinceridad con Dios y con nosotros mismos. Este es el momento, el tiempo; fuera máscaras e hipocresía, venga la autenticidad, que se traduce en gestos bien concretos.
  2. Escucha, que nos lleva a entrar en relación con el Otro, con los hermanos, con las criaturas, con los pobres. La Cuaresma nos anima a escuchar a Dios que nos habla en la vida y en los hermanos; a escuchar a los demás que nos centran en lo importante; a escuchar la realidad que nos acerca el clamor de los vulnerables y del cosmos.
  3. Ceniza, que nos habla que somos frágiles, que nos duele el mundo, la historia, la realidad, la convivencia. Nos duele cómo somos y nuestros proyectos tan efímeros como la ceniza que lleva el viento. Somos polvo, poca cosa, pero como dice el poeta, “somos polvo enamorado” para un Dios que se empeña en contar con nosotros en todo momento.
  4. Tentaciones, peligros en el camino, seducciones que nos desvían de la propuesta evangélica. Sabemos que éstas siempre nos van a acompañar en el camino de la vida, y que tendremos que luchar siempre para ser coherentes, pero contamos con ayudas: la escucha de la Palabra, el ayuno que nos hace sentir hambre de lo auténtico, la escucha de los más vulnerables que nos centra el corazón y nos abre a la generosidad, la oración constante, la vida comunitaria que pone la importancia en ese andar el camino juntos, la escucha de la tierra que nos invita al cuidado para nuestro bien y el de las generaciones futuras… algunas de estas ayudas son recordadas por el papa León en su mensaje para esta Cuaresma.
  5. ¡Sal de tu tierra!, de todo cuanto no nos deje caminar: rutinas, costumbres, criterios, opciones… ataduras, que pueden convertirse en un fardo pesado que nos aleje de lo verdaderamente importante. Salir siempre es difícil: pide decisión, mirar al futuro, dejar atrás personas, situaciones…y lanzarse confiados a lo desconocido, aunque nos inquiete. Es difícil pero necesario, no podemos quedarnos a la orilla del camino; lo nuestro es avanzar siempre.
  6. Ser luz, que es una identidad que nos regala Jesús y también una responsabilidad. Nuestra vida, unida al Crucificado que resucita, está llamada a irradiar la claridad de Dios en el medio de este mundo sumido en tantas tinieblas. Nuestra vocación es ser “chispas”, y juntos, formar una luminaria que desprenda esperanza, sabiendo que para eso es necesario consumirse para dar luz al mundo. “Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que, viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos (Mt 5,16).
  7. Compartir, que nos habla de generosidad, de poner a disposición de todos lo que tenemos y lo que somos: es el tiempo de dar-nos, de ensanchar el corazón, de ser-con otros. El papa Francisco, poco después de su elección, decía aquello de “cómo me gustaría una Iglesia pobre para los pobres”: este es el tiempo de ser pobres con los pobres.
  8. Juntos. El papa León nos dice: “la conversión no solo atinge a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en las comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación” (Mensaje para la cuaresma 2026). La Cuaresma es el tiempo correcto para la autenticidad que nos lleve a edificar la civilización del amor, sabiendo que para eso, ninguno queda excluido, y todos, somos necesarios.

La Cuaresma termina en la Pascua del Señor que “hace nuevas todas las cosas” (Ap 21,5). Todo adquiere un sentido nuevo, y eso es lo que nos tiene que poner en camino. Nuestra meta es vivir con Cristo; nuestro futuro es la vida, que se va gestando en el día a día, y no el fracaso.

“Yo soy la Resurrección y la Vida. Quien cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees tú esto?” (Jn 11,25), le decía Jesús a la hermana de Lázaro. ¿Crees tú, esto? Decir si, es abrirse a una transformación total, abrirse a la novedad de quien es la Vida.

Esta es la oportunidad de la Cuaresma: caminar juntos, unidos a todos nuestros hermanos, acompañados por la mirada tierna de María, la Madre confiada y creyente, volviendo al corazón donde está la Vida. ¡Feliz camino!

+ Antonio Valín

Obispo de Tui-Vigo

https://www.diocesetuivigo.org/mensaje-de-cuaresma-de-mons-antonio-valin/

MIÉRCOLES DE CENIZA: POLVO ERES...

El Miércoles de Ceniza es una celebración religiosa que marca el inicio de la Cuaresma dentro de la tradición de la Iglesia Católica. Señala el comienzo de un periodo de cuarenta días de preparación espiritual antes de la Semana Santa. Este tiempo simboliza la reflexión, la penitencia, el ayuno y la conversión espiritual.

Durante las ceremonias religiosas, el sacerdote coloca ceniza en la frente de los fieles en forma de cruz mientras pronuncia frases como: “Polvo eres y en polvo te convertirás” o “Conviértete y cree en el Evangelio”. Las cenizas suelen obtenerse quemando las palmas bendecidas del Domingo de Ramos del año anterior. Estas representan la fragilidad de la vida, el arrepentimiento y el deseo de renovación espiritual.

El Miércoles de Ceniza se desarrolló gradualmente durante los primeros siglos del cristianismo. En la Iglesia primitiva, las personas que habían cometido pecados graves realizaban penitencias públicas y, como signo de arrepentimiento, se cubrían con ceniza y vestían ropas sencillas. Con el tiempo, esta práctica dejó de aplicarse únicamente a pecadores públicos y pasó a extenderse a todos los fieles como recordatorio espiritual. Entre los siglos VI y X, la Iglesia estableció oficialmente esta celebración como el inicio del tiempo penitencial previo a la conmemoración de la resurrección de Cristo, manteniéndose desde entonces como una parte importante del calendario litúrgico cristiano.

Aunque el Miércoles de Ceniza no aparece como celebración específica en la Biblia, posee fundamentos simbólicos claros. En el Antiguo Testamento, las cenizas aparecen repetidamente como símbolo de arrepentimiento y humildad. Las personas se cubrían con ceniza para manifestar dolor o conversión espiritual, y diversos textos proféticos las utilizan para representar la fragilidad humana y la dependencia de Dios. Asimismo, la Cuaresma recuerda los cuarenta días que Jesucristo pasó en el desierto en oración y ayuno, experiencia que inspira a los creyentes a prepararse espiritualmente mediante el sacrificio y la reflexión.

Durante este día y el periodo cuaresmal, se practican tradicionalmente tres pilares espirituales: el ayuno, que implica la reducción voluntaria del consumo de alimentos; la abstinencia, que consiste principalmente en evitar el consumo de carne; y la caridad, orientada a la ayuda a personas necesitadas y al compromiso con obras sociales.

El Miércoles de Ceniza recuerda tres ideas fundamentales: la vida humana es pasajera, siempre existe la posibilidad de cambio interior y constituye un tiempo para reorganizar las prioridades espirituales y personales.

Desde el punto de vista teológico, el simbolismo del Miércoles de Ceniza es profundo, ya que no se limita a un rito visible, sino que transmite enseñanzas sobre la naturaleza humana, el pecado, la salvación y la relación con Dios. La ceniza representa la fragilidad y temporalidad del ser humano. Cuando se pronuncia la frase “Polvo eres y en polvo te convertirás”, se recuerda que el ser humano fue creado del polvo, que la vida terrenal es limitada y que todo lo material es pasajero. Este mensaje no pretende ser pesimista, sino realista, pues reconocer la fragilidad humana abre el camino hacia la humildad espiritual y la dependencia de Dios, lo cual se relaciona teológicamente con la finitud humana frente a la eternidad divina.

La ceniza proviene del fuego, que en la teología bíblica simboliza la purificación, la transformación y la presencia divina. Por ello, representa el llamado a permitir que Dios purifique el interior del creyente, eliminando aquello que impide vivir plenamente la fe. Este proceso se relaciona con la conversión interior, entendida como una transformación profunda del corazón y no únicamente como un cambio externo de comportamiento.

El Miércoles de Ceniza inicia la Cuaresma, que conduce a la celebración de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Teológicamente, el reconocimiento del pecado prepara al creyente para comprender la necesidad de salvación, mientras que la cruz de ceniza en la frente anticipa simbólicamente la cruz de Cristo. Este simbolismo expresa el núcleo del cristianismo: el ser humano necesita redención, la cual se alcanza mediante el sacrificio de Cristo.

Dentro de la teología cristiana se utiliza el término griego metanoia, que significa un cambio profundo de mentalidad, una transformación espiritual total y una reorientación de la vida hacia Dios. La ceniza representa exteriormente ese proceso interior, que no consiste solo en sentir culpa, sino en iniciar un camino activo de transformación espiritual.

El Miércoles de Ceniza también posee un significado escatológico, relacionado con el destino final del ser humano. Recuerda que la vida terrenal es temporal, que la existencia humana se orienta hacia la eternidad y que cada persona está llamada a prepararse espiritualmente para el encuentro con Dios.

Aunque la ceniza se recibe individualmente, tiene también un sentido comunitario, ya que todos los creyentes reconocen su condición pecadora, inician un camino espiritual compartido y fortalecen su identidad dentro de la Iglesia como comunidad en constante conversión.

Finalmente, uno de los simbolismos más profundos del Miércoles de Ceniza es que la ceniza, símbolo de muerte y destrucción, marca el inicio del camino hacia la resurrección. Esto refleja un principio central del cristianismo: la muerte espiritual puede convertirse en renovación y vida nueva.

FELIZ CUARESMA

domingo, 15 de febrero de 2026

AMOR, RECONCILIACIÓN, VIDA.

El Evangelio de este Domingo forma parte del Sermón de la Montaña, según San Mateo (Mt 5,17-37) y nos presenta una enseñanza profunda de Jesucristo sobre el verdadero sentido de la ley de Dios y el camino del amor auténtico.

Jesús afirma claramente que no ha venido a abolir la ley ni las enseñanzas de los profetas, sino a darles su pleno cumplimiento. Con esto enseña que la ley divina no debe entenderse únicamente como un conjunto de normas externas, sino como un camino interior que conduce a la comunión con Dios. El verdadero cumplimiento de la ley exige una conversión profunda del corazón, superando el simple cumplimiento formal para vivir una justicia basada en el amor, la fidelidad y la relación viva con el Señor. De este modo, Jesús revela con autoridad el sentido pleno de la enseñanza que Dios había dado anteriormente a través de Moisés.

El Evangelio también nos enseña que el pecado no comienza solamente en las acciones visibles, sino en el interior del ser humano. El enojo, el desprecio, el resentimiento o las palabras ofensivas ya hieren la dignidad del hermano. Por ello, Cristo invita a vigilar nuestros pensamientos, sentimientos y palabras, recordándonos que también se puede herir profundamente con la lengua. La vida cristiana exige formar un corazón reconciliado, capaz de amar, perdonar y construir relaciones fraternas. La santidad nace en el interior del hombre y desde allí se manifiesta en sus obras.

Esta enseñanza conduce a otro aspecto fundamental del mensaje evangélico: la reconciliación. Jesús subraya que la relación con Dios está estrechamente unida a la relación con los hermanos. No puede existir una verdadera oración ni un culto auténtico si el corazón permanece dividido por el rencor, la injusticia o el odio. El discípulo está llamado a buscar la paz, a tomar la iniciativa para restaurar la fraternidad y a construir comunidades donde predominen el diálogo, el perdón y el respeto mutuo.

Finalmente, el Evangelio nos invita a vivir con coherencia y transparencia. Jesús enseña que el discípulo debe ser sincero, firme y claro en su palabra: que su “sí” sea sí y su “no” sea no. La fe cristiana no admite ambigüedades ni dobles intenciones. El verdadero testimonio nace cuando la palabra coincide con la vida, manifestando una existencia guiada por la verdad y la confianza en Dios.

Este mensaje nos recuerda que somos capaces de hacer el bien si seguimos el camino de la sabiduría que proviene de Dios, una sabiduría que el mundo muchas veces olvida y que se manifiesta plenamente en la persona de Jesús. Él nos revela que la vida humana es sagrada, porque no pertenece al dominio del hombre, sino que está protegida por la ley de Dios y por una dignidad superior a cualquier autoridad humana.

Por ello, el Evangelio nos invita a defender la vida en todas sus etapas y circunstancias. Hoy, esta enseñanza adquiere especial relevancia frente a las múltiples amenazas contra la dignidad humana, como la violencia, la cultura del odio, las adicciones, la guerra y otras formas de desprecio hacia la vida, como el aborto y la eutanasia. El discípulo de Cristo está llamado a ser testigo del valor sagrado de cada persona, promoviendo una cultura del respeto, la paz y la fraternidad.

Así, el Evangelio de este domingo nos impulsa a una conversión interior profunda, recordándonos que seguir a Cristo implica vivir el mandamiento del amor desde el corazón, para reflejar en nuestras acciones la sabiduría y la misericordia de Dios.

FELIZ DOMINGO

 

jueves, 12 de febrero de 2026

APERTURA DEL AÑO JUBILAR FRANCISCANO

Este jueves, 12 de febrero, a las siete de la tarde en la parroquia de María Madre del Buen Pastor (PP. Capuchinos), el obispo de la Diócesis, Mons. D. Antonio Valín, presidirá la Eucaristía con motivo del inicio del Año Jubilar Franciscano.

La familia franciscana celebra este año el 800 aniversario del Tránsito (muerte) de San Francisco de Asís en 1226. Ante esta efeméride el Papa ha dispuesto que, desde el 10 de enero de 2026 hasta el 10 de enero de 2027, se celebre este Año Jubilar de San Francisco.

A lo largo de este Año Jubilar, se podrá ganar la indulgencia plenaria, visitando cualquier iglesia franciscana, o lugar de culto en cualquier parte de la Diócesis dedicado a San Francisco o relacionado con él y cumpliendo las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Santo Padre).

En nuestra Diócesis la presencia franciscana es muy significativa:
En Vigo: 
  • La orden franciscana de Hermanos Menores Capuchinos, OFM Cap, quienes atienden la parroquia de María Madre del Buen Pastor.
  • Orden Franciscana de Hermanos Menores, OFM que atiende la parroquia de San Francisco de Asís.
  • Franciscanas Misioneras Madre del Divino Pastor (Colegio Mariano)
  • Franciscanas Misioneras de María (Casa Virxe da Guía)
  • Orden Franciscana Seglar (O.F.S) Fraternidad Vigo Franciscanos
En otros lugares de la Diócesis:
  • Convento Franciscano de San Diego de Canedo (Ponteareas)
  • Monasterio de Santa María de la Concepción (Monasterio de las Clarisas en Tui)
  • Franciscanas Hospitalarias de la Inmaculada Concepción (Residencia de Paz y Bien en Tui)
  • Orden Franciscana Seglar (O.F.S) -Fraternidad de Ponteareas
Fuente:
https://www.diocesetuivigo.org/apertura-del-ano-jubilar-franciscano-en-la-diocesis-de-tui-vigo/

miércoles, 11 de febrero de 2026

JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO

Con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo, que la Iglesia celebra cada 11 de febrero, el Papa León XIV ha dirigido a la comunidad cristiana y a la sociedad entera un mensaje de hondo calado humano bajo el lema «La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro». No se trata de una reflexión abstracta, sino de una llamada concreta a repensar cómo acompañamos hoy a quienes sufren la enfermedad, la fragilidad y la soledad.

Inspirándose en la conocida parábola evangélica del buen samaritano, el Papa recuerda que la verdadera compasión no consiste solo en sentir lástima, sino en detenerse, acercarse y hacerse cargo del otro. En una cultura marcada por la prisa, la eficiencia y, a menudo, el descarte, el enfermo corre el riesgo de convertirse en un problema o en una carga. Frente a ello, el mensaje pontificio subraya que cada persona enferma es siempre alguien, nunca algo, y que su dignidad no disminuye con la fragilidad.

La cercanía que no sale en las estadísticas

Este mensaje adquiere un significado especial cuando se pone rostro a tantas realidades silenciosas que existen en nuestras parroquias. Los grupos de pastoral de la salud realizan, desde hace años, una labor discreta pero esencial: visitas a domicilios, acompañamiento a personas mayores que viven solas, presencia regular en residencias y apoyo espiritual y humano a familias agotadas por el cuidado prolongado.

Son gestos sencillos —una conversación, una escucha atenta, una oración compartida— que no suelen ocupar titulares, pero que sostienen la vida cotidiana de muchas personas. Allí donde la enfermedad encierra y aísla, estas visitas abren ventanas; donde el dolor debilita la esperanza, llevan consuelo y sentido. En palabras del Papa, son una forma concreta de “llevar sobre uno mismo el peso del sufrimiento ajeno”.

El ministerio insustituible de los capellanes de hospital

Junto a esta labor parroquial, el mensaje del Papa invita también a reconocer el papel fundamental de los capellanes de hospital, a menudo invisibles en estructuras sanitarias cada vez más complejas. Su presencia no responde a una función meramente ritual, sino a una atención integral de la persona, especialmente en los momentos de mayor vulnerabilidad.

Los capellanes acompañan procesos de enfermedad grave, decisiones difíciles, despedidas, duelos y también pequeños gestos de gratitud y esperanza. Escuchan a pacientes y familiares, colaboran con el personal sanitario y recuerdan que, incluso en el entorno técnico del hospital, la dimensión espiritual forma parte del cuidado auténtico. Su tarea se vuelve especialmente valiosa cuando la palabra médica ya no puede prometer curación, pero sigue siendo posible ofrecer sentido, paz y cercanía.

Una responsabilidad compartida

El Papa León XIV insiste en que el cuidado del enfermo no puede recaer solo en profesionales o voluntarios especializados. Es una responsabilidad de toda la comunidad, una medida real de nuestra humanidad y de la calidad de nuestras relaciones sociales. Cuidar a quien sufre no es un añadido opcional, sino un criterio que define el tipo de sociedad que queremos ser.

En este Día del Enfermo, la Iglesia recuerda que la compasión no es debilidad, sino una fuerza capaz de humanizar los espacios más duros del sufrimiento. Y lo hace poniendo en valor a quienes, desde parroquias y hospitales, siguen encarnando —con constancia y discreción— el gesto siempre actual del buen samaritano: detenerse, acercarse y cuidar.

José Juan Sobrino Pino

Delegado diocesano de Pastoral de la Salud.

https://www.diocesetuivigo.org/cuidar-al-enfermo-una-tarea-humana-y-espiritual-que-no-puede-delegarse/

domingo, 8 de febrero de 2026

“SER SAL Y LUZ: LA MISIÓN COTIDIANA DEL CRISTIANO”

El Evangelio de este domingo nos presenta dos imágenes sencillas, pero profundamente desafiantes: la sal y la luz. A través de ellas, Jesús nos recuerda que la fe no es algo que se vive solo en el interior del corazón o dentro del templo, sino que está llamada a transformar la vida diaria y la sociedad. Como discípulos, somos enviados a dar sabor al mundo con el Evangelio y a iluminar con nuestras obras el camino de los demás.

El cristiano está llamado a dar sabor y sentido al mundo

Jesús utiliza la imagen de la sal para explicar la misión del discípulo. La sal en tiempos bíblicos no solo servía para dar sabor, sino también para conservar los alimentos. De la misma manera, el cristiano está llamado a aportar sentido, esperanza y valores evangélicos en medio de la sociedad. Cuando el creyente vive su fe con coherencia, ayuda a preservar la dignidad humana, la justicia y el amor fraterno. Sin embargo, Jesús advierte que la sal puede volverse insípida, recordándonos que la fe pierde fuerza cuando se vive superficialmente o sin compromiso.

La fe no puede ocultarse: estamos llamados a ser luz

Jesús también afirma que sus discípulos son la luz del mundo y que una lámpara no se enciende para esconderla. La luz simboliza la verdad, la guía y la esperanza que provienen de Dios. El cristiano no está llamado a vivir su fe solo en el ámbito privado, sino a manifestarla con naturalidad y valentía en la vida social, familiar y laboral. Ser luz significa iluminar con el testimonio, mostrando con obras concretas el amor de Dios.

Las buenas obras revelan la presencia de Dios

El Evangelio destaca que la luz del cristiano se manifiesta a través de las buenas obras. No se trata de buscar reconocimiento personal, sino de que, al ver esas acciones, otros puedan descubrir a Dios y glorificarlo. La caridad, la solidaridad, el servicio a los más necesitados y el compromiso por el bien común son formas concretas en las que la fe se hace visible. El verdadero testimonio cristiano nace de una fe vivida y puesta en práctica.

La misión cristiana es comunitaria y transformadora

Jesús habla a sus discípulos en plural, recordando que la misión no es individualista. La Iglesia entera está llamada a ser sal y luz en medio del mundo. Cuando los cristianos viven unidos, su testimonio tiene mayor fuerza transformadora en la sociedad. Este Evangelio invita a la comunidad parroquial a preguntarnos cómo están iluminando nuestro entorno y de qué manera pueden ser signo del amor de Dios en la realidad concreta donde vivimos.

¿De qué manera concreta estoy siendo sal y luz en mi familia, en mi trabajo y en mi comunidad?

 FELIZ DOMINGO

jueves, 5 de febrero de 2026

SALMO 6: CUANDO EL DOLOR SE CONVIERTE EN ORACIÓN

El Salmo 6 nos introduce en una de las experiencias más profundas y humanas de la fe: la oración que nace del sufrimiento. No es una oración tranquila ni serena, sino el grito de una persona que se siente enferma, agotada interiormente y rodeada de situaciones que la superan. Es la oración de alguien que no tiene fuerzas, pero que todavía tiene esperanza.

Yahveh, no me corrijas en tu cólera, en tu furor no me castigues.
Tenme piedad, Yahveh, que estoy sin fuerzas, sáname, Yahveh, que mis huesos están desmoronados,
desmoronada totalmente mi alma, y tú, Yahveh, ¿hasta cuándo?
Vuélvete, Yahveh, recobra mi alma, sálvame, por tu amor.
Porque, en la muerte, nadie de ti se acuerda; en el seol, ¿quién te puede alabar?
Estoy extenuado de gemir, baño mi lecho cada noche, inundo de lágrimas mi cama;
mi ojo está corroído por el tedio, ha envejecido entre opresores.
Apartaos de mí todos los malvados, pues Yahveh ha oído la voz de mis sollozos.
Yahveh ha oído mi súplica, Yahveh acoge mi oración.
¡Todos mis enemigos, confusos, aterrados, retrocedan, súbitamente confundidos!

El salmista comienza expresando un temor muy humano. En medio del dolor surge la pregunta que muchas personas se hacen en silencio: “¿Dios estará molesto conmigo? ¿Estoy pagando algo?”. Estas preguntas aparecen con frecuencia cuando atravesamos momentos difíciles. Sin embargo, el salmo nos enseña algo muy importante: el creyente no necesita presentarse ante Dios como alguien perfecto. Puede acercarse con su fragilidad, con su cansancio y hasta con sus dudas. Dios no espera explicaciones; espera confianza.

El texto describe un sufrimiento que afecta toda la persona. El cuerpo está debilitado, el corazón se siente roto y la tristeza parece no terminar, especialmente en la noche, cuando todo se vuelve más pesado y las preocupaciones crecen. La Biblia no esconde estas experiencias. Al contrario, nos muestra que también el llanto puede ser oración. Dios escucha incluso cuando no tenemos palabras.

Hay un momento muy hermoso en el salmo. El orante no dice que su enfermedad desapareció ni que sus problemas se resolvieron, pero afirma con seguridad que Dios ha escuchado su súplica. Aquí encontramos una enseñanza muy valiosa para nuestra vida espiritual: la oración no siempre cambia inmediatamente las situaciones, pero sí cambia el corazón. Cuando una persona se sabe escuchada por Dios, comienza a nacer una nueva esperanza.

El salmo también nos recuerda que el mal, la injusticia y todo aquello que oprime al ser humano no tienen la última palabra. Dios se pone del lado del que sufre y le regala una fuerza interior que le permite resistir y seguir caminando.

Esta misma actitud la vemos en Jesús. Él siempre acogía a las personas que llegaban con su dolor, sin rechazarlas ni juzgarlas. Recordemos a la mujer que, llorando, lavó los pies de Jesús con sus lágrimas: “Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume” (Lc 7,37-38). Él no desprecia ese gesto; al contrario, reconoce en él una expresión profunda de amor y de fe. Así es el corazón de Dios: un corazón que acoge, consuela y levanta.

El Salmo 6 nos deja un mensaje muy actual. Todos, en algún momento, pasamos por noches oscuras, por enfermedades, por preocupaciones o por situaciones que nos hacen sentir débiles. Este salmo nos invita a no alejarnos de Dios en esos momentos, sino a acercarnos más. Nos recuerda que la fe no consiste en no sufrir, sino en descubrir que nunca sufrimos solos.

Que este salmo nos ayude a aprender a rezar también con nuestras lágrimas, confiando en que Dios siempre escucha y acompaña.

domingo, 1 de febrero de 2026

LAS BIENAVENTURANZAS: EL CAMINO DE LA VERDADERA FELICIDAD

En el IV Domingo del Tiempo Ordinario, Jesús nos propone un camino sorprendente hacia la felicidad a través de las Bienaventuranzas. No se trata de promesas fáciles ni de normas inalcanzables, sino de una manera nueva de vivir, centrada en la confianza en Dios.

Las Bienaventuranzas nos revelan, ante todo, el rostro mismo de Jesús. Él es pobre de espíritu, manso, misericordioso, limpio de corazón y constructor de paz. Por eso, no son solo palabras para admirar, sino una llamada concreta a seguirle.

Jesús declara felices a quienes el mundo suele ignorar o considerar débiles. Nos recuerda que la verdadera felicidad no nace de tener más, sino de vivir apoyados en Dios, aun en medio del dolor, la injusticia o la persecución.

Este Evangelio nos invita a revisar nuestra vida cotidiana: la familia, el trabajo, las relaciones y el compromiso con los demás. Cada bienaventuranza es una promesa de Dios y, al mismo tiempo, un camino para transformar el mundo desde dentro.

La homilía concluye con una invitación sencilla y exigente: elegir una bienaventuranza y tratar de vivirla de forma concreta durante la semana, confiando en que el Señor cumple siempre lo que promete.

FELIZ DOMINGO