Cada 16 de agosto, la Iglesia celebra la memoria de San Roque de Montpellier, uno de los santos que más profundamente han arraigado en la religiosidad popular de Galicia. Su figura está estrechamente unida a la peregrinación, a la atención de los enfermos y a la caridad cristiana. Según la tradición, nació en Montpellier a mediados del siglo XIV, en una familia acomodada, pero al quedar huérfano decidió entregar sus bienes a los necesitados y emprender el camino de peregrinación. Su viaje hacia Roma lo llevó a encontrarse con una realidad dolorosa: la peste que asolaba numerosas ciudades italianas. Allí San Roque no se apartó de los enfermos, sino que se acercó a ellos, los cuidó y puso su vida al servicio de quienes sufrían.
PARROQUIA SAN MIGUEL DE OIA
domingo, 16 de agosto de 2026
SAN ROQUE DE MONTPELLIER: UN PEREGRINO AL SERVICIO DE LOS QUE SUFREN
Cada 16 de agosto, la Iglesia celebra la memoria de San Roque de Montpellier, uno de los santos que más profundamente han arraigado en la religiosidad popular de Galicia. Su figura está estrechamente unida a la peregrinación, a la atención de los enfermos y a la caridad cristiana. Según la tradición, nació en Montpellier a mediados del siglo XIV, en una familia acomodada, pero al quedar huérfano decidió entregar sus bienes a los necesitados y emprender el camino de peregrinación. Su viaje hacia Roma lo llevó a encontrarse con una realidad dolorosa: la peste que asolaba numerosas ciudades italianas. Allí San Roque no se apartó de los enfermos, sino que se acercó a ellos, los cuidó y puso su vida al servicio de quienes sufrían.
TEN COMPASIÓN DE MÍ, SEÑOR
sábado, 15 de agosto de 2026
LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA
jueves, 13 de agosto de 2026
SALMO 114: EL DIOS QUE LIBERA Y TRANSFORMA
2 Judá fue su santuario, Israel fue su dominio.
3 El mar lo vio y huyó, el Jordán retrocedió,
4 los montes brincaron como carneros, las colinas igual que corderos.
5 Mar, ¿qué te pasa que huyes, y tú, Jordán, que retrocedes,
6 montes, que brincáis como carneros, colinas igual que corderos?
7 La tierra tiembla en presencia del Dueño, en presencia del Dios de Jacob,
8 el que cambia la peña en estanque y hace del pedernal una fuente.
La pregunta dirigida al mar, al Jordán, a los montes y a las colinas tiene una intención catequética: ¿qué puede resistirse cuando Dios se hace presente? Aquello que parecía imposible se abre ante el pueblo. El mar deja paso, el Jordán permite avanzar y la tierra tiembla ante su Dueño. El Dios de Jacob es el Dios que abre caminos donde humanamente parece no existir ninguno.
El versículo final ofrece una de las imágenes más bellas del salmo: Dios «cambia la peña en estanque y hace del pedernal una fuente». El Señor no solamente libera de la esclavitud; también proporciona agua en medio del desierto. Allí donde solamente parece haber dureza, sequedad y muerte, Dios puede hacer brotar vida.
domingo, 9 de agosto de 2026
¡ÁNIMO, SOY YO, NO TENGÁIS MIEDO!
jueves, 6 de agosto de 2026
SALMO 137 (136): LA FE QUE NO OLVIDA
domingo, 2 de agosto de 2026
COMPASIÓN, COMPARTIR, EUCARISTÍA
jueves, 30 de julio de 2026
SALMO 100: SERVIR ALSEÑOR CON ALEGRÍA
domingo, 26 de julio de 2026
EL TESORO DEL DEL REINO DE DIOS
Jesús nunca presenta el Reino
como un espectáculo extraordinario ni como una realidad ya concluida. Lo
muestra como una presencia viva que crece silenciosamente, que debe ser
descubierta y acogida. El Reino exige búsqueda, discernimiento, decisión, compromiso
y confianza. No se impone a nadie; espera ser encontrado por quien tiene el
corazón abierto.
Las dos primeras parábolas
presentan a dos personajes distintos. Uno encuentra un tesoro de manera
inesperada mientras trabaja en un campo; el otro es un comerciante que busca
perlas valiosas y finalmente encuentra una de valor incomparable.
Aunque las circunstancias son
diferentes, ambos reaccionan de la misma manera: venden todo lo que poseen para
adquirir aquello que han descubierto.
La enseñanza es clara. Cuando una
persona descubre verdaderamente a Dios y experimenta su amor, comprende que ha
encontrado algo más valioso que cualquier riqueza, éxito o seguridad humana. El
Reino de Dios se convierte entonces en el centro de toda su existencia.
Lo importante no es únicamente el
hallazgo, sino la respuesta que sigue al descubrimiento. Los protagonistas
toman una decisión radical porque han comprendido el valor de lo encontrado. No
actúan por obligación ni por miedo, sino movidos por la alegría.
Esta es una de las enseñanzas más
importantes del Evangelio: el cristianismo no consiste principalmente en
renunciar, sino en descubrir. El discípulo no es simplemente alguien que deja
cosas atrás; es alguien que ha encontrado algo infinitamente mejor.
Las parábolas nos muestran que el
Reino de Dios requiere valentía. Tanto el hombre del campo como el comerciante
arriesgan todo cuanto poseen. Desde una perspectiva humana podría parecer una
decisión exagerada, pero para ellos resulta razonable porque saben que el
tesoro y la perla valen mucho más que aquello de lo que se desprenden.
También hoy el Señor nos invita a
tomar decisiones. Quizá no se trate de vender bienes materiales, pero sí de
desprendernos de aquello que ocupa el lugar de Dios en nuestro corazón: el
egoísmo, la comodidad excesiva, el orgullo, la indiferencia, la falta de perdón
o la búsqueda desordenada del éxito.
El Reino no es un complemento
para nuestra vida. No es algo que añadimos a nuestros proyectos personales. Es
una realidad que transforma nuestras prioridades y nos ayuda a vivir según los
valores del Evangelio.
Por eso puede afirmarse que al
Reino se llega muchas veces más restando que sumando. Cuanto más libres somos
de nuestros apegos, más espacio encuentra Dios para actuar en nosotros.
La parábola de la red amplía la
enseñanza sobre el Reino. La red recoge peces buenos y malos; sólo al final se
realiza la separación.
Jesús nos recuerda que en el
mundo y también en la Iglesia conviven personas con diferentes actitudes,
virtudes y pecados. No corresponde a los hombres realizar el juicio definitivo.
Esa tarea pertenece únicamente a Dios.
La parábola es una llamada a la
conversión permanente. Mientras dura el tiempo de la pesca, todos tenemos la
oportunidad de cambiar, crecer y acercarnos más al Señor. El Evangelio nos
invita a vivir con responsabilidad, sabiendo que nuestra vida tiene un sentido
eterno.
Al mismo tiempo, esta enseñanza
nos ayuda a evitar la tentación de juzgar a los demás. Dios conoce el corazón
de cada persona mejor que nadie y es infinitamente justo y misericordioso.
La última imagen es la del
escriba que se hace discípulo del Reino y saca de su tesoro cosas nuevas y
antiguas.
Jesús enseña que la verdadera
sabiduría consiste en conservar la riqueza de la tradición sin cerrarse a la
novedad de Dios. El discípulo auténtico no vive anclado en el pasado ni
desprecia lo recibido; tampoco rechaza la acción renovadora del Espíritu Santo.
La Iglesia está llamada a
custodiar fielmente el Evangelio y, al mismo tiempo, a anunciarlo de manera
comprensible para cada generación. Lo antiguo y lo nuevo no se oponen; se
complementan cuando tienen a Cristo como centro.
Estas parábolas poseen una
actualidad extraordinaria. Vivimos en una sociedad que ofrece muchos tesoros
aparentes: dinero, poder, fama, consumo, placer inmediato y reconocimiento
social. Sin embargo, muchas personas experimentan un profundo vacío interior
porque han buscado la felicidad donde no puede encontrarse plenamente.
El Evangelio nos recuerda que el
verdadero tesoro es Cristo. Sólo Él puede dar sentido a la existencia, iluminar
el sufrimiento, fortalecer la esperanza y llenar el corazón humano.
Las parábolas del tesoro, la
perla, la red y el escriba discípulo nos conducen a una misma verdad: el Reino
de Dios es el bien más grande que puede encontrar una persona.
Quien descubre a Cristo encuentra
el verdadero sentido de la vida. Por eso vale la pena arriesgar, cambiar,
renunciar y comenzar de nuevo. El Evangelio no nos invita a perder, sino a
ganar aquello que permanece para siempre.
Que cada uno de nosotros pueda
reconocer el tesoro escondido que Dios ha puesto en nuestro camino y, con la
misma alegría de los protagonistas de las parábolas, responder generosamente a
la llamada del Señor.
FELIZ DOMINGO
jueves, 23 de julio de 2026
SALMO 112: ALZARÁ LA CABEZA CON HONOR
1 ¡Dichoso el hombre que teme a Yahvé, que encuentra placer en todos sus mandatos!
2 Su estirpe arraigará con fuerza en el país, la raza de los rectos será bendita.
3 Su casa abundará en riqueza y bienestar, se afianzará su justicia para siempre.
4 En las tinieblas ilumina a los rectos, tierno, clemente y justo.
5 Feliz el hombre que se apiada y presta, y arregla rectamente sus asuntos.
6 Nunca verá su existencia amenazada, el justo dejará un recuerdo estable.
7 No habrá de temer las malas noticias, con firme corazón confiará en Yahvé.
8 Seguro y animoso, nada temerá, hasta ver humillado al adversario.
9 Da con largueza a los pobres, su justicia permanece para siempre, alzará su frente con honor.
10 Lo ve el malvado y se enfurece, rechinando sus dientes, se consume. Los afanes del malvado fracasan.
domingo, 19 de julio de 2026
DEJADLOS CRECER JUNTOS HASTA LA SIEGA
Esta enseñanza aparece de manera especial en la parábola del trigo y la cizaña. Jesús reconoce que el mal existe y que está presente en el mundo, en la sociedad e incluso en el corazón de cada persona. Sin embargo, el dueño del campo no permite arrancar la cizaña de inmediato para evitar que también se dañe el trigo. Con ello, Jesús enseña que Dios conoce la fragilidad humana y concede tiempo para el crecimiento, la conversión y la maduración espiritual.
La parábola invita a los cristianos a no convertirse en jueces de los demás. La misión del discípulo no consiste en señalar constantemente el mal, sino en hacer crecer el bien. Dios es el único que conoce plenamente el corazón de cada persona y quien realizará el juicio definitivo al final de los tiempos. Mientras tanto, la historia es un tiempo de misericordia y de oportunidad para todos.
Esta actitud divina nos recuerda que la vida cristiana no está reservada a los perfectos. Todos convivimos con nuestras limitaciones, pecados y debilidades. Lo importante es no perder nunca la confianza en la misericordia de Dios, que siempre ofrece la posibilidad de volver a empezar. La verdadera grandeza de la fe no se mide por una supuesta perfección, sino por la capacidad de acoger y vivir el amor misericordioso del Padre.
San Pablo añade que no estamos solos en esta lucha. El Espíritu Santo viene en ayuda de nuestra debilidad y ora en nosotros cuando no sabemos hacerlo. Su presencia sostiene nuestra esperanza y nos fortalece para seguir caminando hacia Dios, incluso en medio de las dificultades y caídas.
Las parábolas de la mostaza y de la levadura completan este mensaje. El Reino de Dios comienza de manera humilde y casi imperceptible, pero posee una fuerza interior capaz de transformar la realidad. Del mismo modo, la acción de Dios sigue actuando silenciosamente en la Iglesia y en el mundo, aun cuando sus frutos no sean visibles de inmediato.
Por ello, los cristianos están llamados a ser levadura en medio de la sociedad, sembrando el Evangelio con paciencia, confianza y perseverancia. No debemos caer ni en el pesimismo ni en la desesperación ante la presencia del mal. Cristo ha vencido al mundo y continúa guiando la historia hacia su plenitud.
En definitiva, estas lecturas nos invitan a vivir con esperanza, a confiar en la paciencia misericordiosa de Dios, a dejarnos conducir por el Espíritu Santo y a trabajar por el crecimiento del bien. Mientras llega la siega definitiva, el Señor nos pide que cultivemos el trigo de la fe, la caridad y la santidad, confiando siempre en que su gracia es más fuerte que cualquier forma de mal.
FELIZ DOMINGO









