miércoles, 18 de febrero de 2026

MENSAJE DE CUARESMA DE MONS. ANTONIO VALÍN: VOLVER AL CORAZÓN

Estamos ante una nueva Cuaresma que nos va a preparar para la vivencia de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Este tiempo es un tiempo de paso: la meta está en la Pascua, pero eso no significa que sea un tiempo a no tener presente. La Cuaresma es una larga invitación a volver a lo esencial de nuestra vida, a hacer un alto en el ritmo cotidiano y situarnos -cara a cara- con el Evangelio que nos dejó Jesucristo. Si, es un tiempo de paso, pero un tiempo que nos puede ayudar a descubrir, con autenticidad, el significado de la vida de Cristo, de su propuesta, de la Resurrección que todo lo hace nuevo y de lo que somos cada uno. Como nos dice el papa León: “es una ocasión apropiada para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén” (Mensaje para la Cuaresma 2026).

Me gustaría compartir con vosotros una serie de palabras que nos van a acompañar durante este tiempo cuaresmal:

  1. Conversión, cambio de mentalidad, costumbres, criterios, opciones… tiempo de ser y vivir de manera más auténtica, volviendo continuamente al evangelio. Es un tiempo de sinceridad con Dios y con nosotros mismos. Este es el momento, el tiempo; fuera máscaras e hipocresía, venga la autenticidad, que se traduce en gestos bien concretos.
  2. Escucha, que nos lleva a entrar en relación con el Otro, con los hermanos, con las criaturas, con los pobres. La Cuaresma nos anima a escuchar a Dios que nos habla en la vida y en los hermanos; a escuchar a los demás que nos centran en lo importante; a escuchar la realidad que nos acerca el clamor de los vulnerables y del cosmos.
  3. Ceniza, que nos habla que somos frágiles, que nos duele el mundo, la historia, la realidad, la convivencia. Nos duele cómo somos y nuestros proyectos tan efímeros como la ceniza que lleva el viento. Somos polvo, poca cosa, pero como dice el poeta, “somos polvo enamorado” para un Dios que se empeña en contar con nosotros en todo momento.
  4. Tentaciones, peligros en el camino, seducciones que nos desvían de la propuesta evangélica. Sabemos que éstas siempre nos van a acompañar en el camino de la vida, y que tendremos que luchar siempre para ser coherentes, pero contamos con ayudas: la escucha de la Palabra, el ayuno que nos hace sentir hambre de lo auténtico, la escucha de los más vulnerables que nos centra el corazón y nos abre a la generosidad, la oración constante, la vida comunitaria que pone la importancia en ese andar el camino juntos, la escucha de la tierra que nos invita al cuidado para nuestro bien y el de las generaciones futuras… algunas de estas ayudas son recordadas por el papa León en su mensaje para esta Cuaresma.
  5. ¡Sal de tu tierra!, de todo cuanto no nos deje caminar: rutinas, costumbres, criterios, opciones… ataduras, que pueden convertirse en un fardo pesado que nos aleje de lo verdaderamente importante. Salir siempre es difícil: pide decisión, mirar al futuro, dejar atrás personas, situaciones…y lanzarse confiados a lo desconocido, aunque nos inquiete. Es difícil pero necesario, no podemos quedarnos a la orilla del camino; lo nuestro es avanzar siempre.
  6. Ser luz, que es una identidad que nos regala Jesús y también una responsabilidad. Nuestra vida, unida al Crucificado que resucita, está llamada a irradiar la claridad de Dios en el medio de este mundo sumido en tantas tinieblas. Nuestra vocación es ser “chispas”, y juntos, formar una luminaria que desprenda esperanza, sabiendo que para eso es necesario consumirse para dar luz al mundo. “Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que, viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos (Mt 5,16).
  7. Compartir, que nos habla de generosidad, de poner a disposición de todos lo que tenemos y lo que somos: es el tiempo de dar-nos, de ensanchar el corazón, de ser-con otros. El papa Francisco, poco después de su elección, decía aquello de “cómo me gustaría una Iglesia pobre para los pobres”: este es el tiempo de ser pobres con los pobres.
  8. Juntos. El papa León nos dice: “la conversión no solo atinge a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en las comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación” (Mensaje para la cuaresma 2026). La Cuaresma es el tiempo correcto para la autenticidad que nos lleve a edificar la civilización del amor, sabiendo que para eso, ninguno queda excluido, y todos, somos necesarios.

La Cuaresma termina en la Pascua del Señor que “hace nuevas todas las cosas” (Ap 21,5). Todo adquiere un sentido nuevo, y eso es lo que nos tiene que poner en camino. Nuestra meta es vivir con Cristo; nuestro futuro es la vida, que se va gestando en el día a día, y no el fracaso.

“Yo soy la Resurrección y la Vida. Quien cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees tú esto?” (Jn 11,25), le decía Jesús a la hermana de Lázaro. ¿Crees tú, esto? Decir si, es abrirse a una transformación total, abrirse a la novedad de quien es la Vida.

Esta es la oportunidad de la Cuaresma: caminar juntos, unidos a todos nuestros hermanos, acompañados por la mirada tierna de María, la Madre confiada y creyente, volviendo al corazón donde está la Vida. ¡Feliz camino!

+ Antonio Valín

Obispo de Tui-Vigo

https://www.diocesetuivigo.org/mensaje-de-cuaresma-de-mons-antonio-valin/

MIÉRCOLES DE CENIZA: POLVO ERES...

El Miércoles de Ceniza es una celebración religiosa que marca el inicio de la Cuaresma dentro de la tradición de la Iglesia Católica. Señala el comienzo de un periodo de cuarenta días de preparación espiritual antes de la Semana Santa. Este tiempo simboliza la reflexión, la penitencia, el ayuno y la conversión espiritual.

Durante las ceremonias religiosas, el sacerdote coloca ceniza en la frente de los fieles en forma de cruz mientras pronuncia frases como: “Polvo eres y en polvo te convertirás” o “Conviértete y cree en el Evangelio”. Las cenizas suelen obtenerse quemando las palmas bendecidas del Domingo de Ramos del año anterior. Estas representan la fragilidad de la vida, el arrepentimiento y el deseo de renovación espiritual.

El Miércoles de Ceniza se desarrolló gradualmente durante los primeros siglos del cristianismo. En la Iglesia primitiva, las personas que habían cometido pecados graves realizaban penitencias públicas y, como signo de arrepentimiento, se cubrían con ceniza y vestían ropas sencillas. Con el tiempo, esta práctica dejó de aplicarse únicamente a pecadores públicos y pasó a extenderse a todos los fieles como recordatorio espiritual. Entre los siglos VI y X, la Iglesia estableció oficialmente esta celebración como el inicio del tiempo penitencial previo a la conmemoración de la resurrección de Cristo, manteniéndose desde entonces como una parte importante del calendario litúrgico cristiano.

Aunque el Miércoles de Ceniza no aparece como celebración específica en la Biblia, posee fundamentos simbólicos claros. En el Antiguo Testamento, las cenizas aparecen repetidamente como símbolo de arrepentimiento y humildad. Las personas se cubrían con ceniza para manifestar dolor o conversión espiritual, y diversos textos proféticos las utilizan para representar la fragilidad humana y la dependencia de Dios. Asimismo, la Cuaresma recuerda los cuarenta días que Jesucristo pasó en el desierto en oración y ayuno, experiencia que inspira a los creyentes a prepararse espiritualmente mediante el sacrificio y la reflexión.

Durante este día y el periodo cuaresmal, se practican tradicionalmente tres pilares espirituales: el ayuno, que implica la reducción voluntaria del consumo de alimentos; la abstinencia, que consiste principalmente en evitar el consumo de carne; y la caridad, orientada a la ayuda a personas necesitadas y al compromiso con obras sociales.

El Miércoles de Ceniza recuerda tres ideas fundamentales: la vida humana es pasajera, siempre existe la posibilidad de cambio interior y constituye un tiempo para reorganizar las prioridades espirituales y personales.

Desde el punto de vista teológico, el simbolismo del Miércoles de Ceniza es profundo, ya que no se limita a un rito visible, sino que transmite enseñanzas sobre la naturaleza humana, el pecado, la salvación y la relación con Dios. La ceniza representa la fragilidad y temporalidad del ser humano. Cuando se pronuncia la frase “Polvo eres y en polvo te convertirás”, se recuerda que el ser humano fue creado del polvo, que la vida terrenal es limitada y que todo lo material es pasajero. Este mensaje no pretende ser pesimista, sino realista, pues reconocer la fragilidad humana abre el camino hacia la humildad espiritual y la dependencia de Dios, lo cual se relaciona teológicamente con la finitud humana frente a la eternidad divina.

La ceniza proviene del fuego, que en la teología bíblica simboliza la purificación, la transformación y la presencia divina. Por ello, representa el llamado a permitir que Dios purifique el interior del creyente, eliminando aquello que impide vivir plenamente la fe. Este proceso se relaciona con la conversión interior, entendida como una transformación profunda del corazón y no únicamente como un cambio externo de comportamiento.

El Miércoles de Ceniza inicia la Cuaresma, que conduce a la celebración de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Teológicamente, el reconocimiento del pecado prepara al creyente para comprender la necesidad de salvación, mientras que la cruz de ceniza en la frente anticipa simbólicamente la cruz de Cristo. Este simbolismo expresa el núcleo del cristianismo: el ser humano necesita redención, la cual se alcanza mediante el sacrificio de Cristo.

Dentro de la teología cristiana se utiliza el término griego metanoia, que significa un cambio profundo de mentalidad, una transformación espiritual total y una reorientación de la vida hacia Dios. La ceniza representa exteriormente ese proceso interior, que no consiste solo en sentir culpa, sino en iniciar un camino activo de transformación espiritual.

El Miércoles de Ceniza también posee un significado escatológico, relacionado con el destino final del ser humano. Recuerda que la vida terrenal es temporal, que la existencia humana se orienta hacia la eternidad y que cada persona está llamada a prepararse espiritualmente para el encuentro con Dios.

Aunque la ceniza se recibe individualmente, tiene también un sentido comunitario, ya que todos los creyentes reconocen su condición pecadora, inician un camino espiritual compartido y fortalecen su identidad dentro de la Iglesia como comunidad en constante conversión.

Finalmente, uno de los simbolismos más profundos del Miércoles de Ceniza es que la ceniza, símbolo de muerte y destrucción, marca el inicio del camino hacia la resurrección. Esto refleja un principio central del cristianismo: la muerte espiritual puede convertirse en renovación y vida nueva.

FELIZ CUARESMA

domingo, 15 de febrero de 2026

AMOR, RECONCILIACIÓN, VIDA.

El Evangelio de este Domingo forma parte del Sermón de la Montaña, según San Mateo (Mt 5,17-37) y nos presenta una enseñanza profunda de Jesucristo sobre el verdadero sentido de la ley de Dios y el camino del amor auténtico.

Jesús afirma claramente que no ha venido a abolir la ley ni las enseñanzas de los profetas, sino a darles su pleno cumplimiento. Con esto enseña que la ley divina no debe entenderse únicamente como un conjunto de normas externas, sino como un camino interior que conduce a la comunión con Dios. El verdadero cumplimiento de la ley exige una conversión profunda del corazón, superando el simple cumplimiento formal para vivir una justicia basada en el amor, la fidelidad y la relación viva con el Señor. De este modo, Jesús revela con autoridad el sentido pleno de la enseñanza que Dios había dado anteriormente a través de Moisés.

El Evangelio también nos enseña que el pecado no comienza solamente en las acciones visibles, sino en el interior del ser humano. El enojo, el desprecio, el resentimiento o las palabras ofensivas ya hieren la dignidad del hermano. Por ello, Cristo invita a vigilar nuestros pensamientos, sentimientos y palabras, recordándonos que también se puede herir profundamente con la lengua. La vida cristiana exige formar un corazón reconciliado, capaz de amar, perdonar y construir relaciones fraternas. La santidad nace en el interior del hombre y desde allí se manifiesta en sus obras.

Esta enseñanza conduce a otro aspecto fundamental del mensaje evangélico: la reconciliación. Jesús subraya que la relación con Dios está estrechamente unida a la relación con los hermanos. No puede existir una verdadera oración ni un culto auténtico si el corazón permanece dividido por el rencor, la injusticia o el odio. El discípulo está llamado a buscar la paz, a tomar la iniciativa para restaurar la fraternidad y a construir comunidades donde predominen el diálogo, el perdón y el respeto mutuo.

Finalmente, el Evangelio nos invita a vivir con coherencia y transparencia. Jesús enseña que el discípulo debe ser sincero, firme y claro en su palabra: que su “sí” sea sí y su “no” sea no. La fe cristiana no admite ambigüedades ni dobles intenciones. El verdadero testimonio nace cuando la palabra coincide con la vida, manifestando una existencia guiada por la verdad y la confianza en Dios.

Este mensaje nos recuerda que somos capaces de hacer el bien si seguimos el camino de la sabiduría que proviene de Dios, una sabiduría que el mundo muchas veces olvida y que se manifiesta plenamente en la persona de Jesús. Él nos revela que la vida humana es sagrada, porque no pertenece al dominio del hombre, sino que está protegida por la ley de Dios y por una dignidad superior a cualquier autoridad humana.

Por ello, el Evangelio nos invita a defender la vida en todas sus etapas y circunstancias. Hoy, esta enseñanza adquiere especial relevancia frente a las múltiples amenazas contra la dignidad humana, como la violencia, la cultura del odio, las adicciones, la guerra y otras formas de desprecio hacia la vida, como el aborto y la eutanasia. El discípulo de Cristo está llamado a ser testigo del valor sagrado de cada persona, promoviendo una cultura del respeto, la paz y la fraternidad.

Así, el Evangelio de este domingo nos impulsa a una conversión interior profunda, recordándonos que seguir a Cristo implica vivir el mandamiento del amor desde el corazón, para reflejar en nuestras acciones la sabiduría y la misericordia de Dios.

FELIZ DOMINGO

 

jueves, 12 de febrero de 2026

APERTURA DEL AÑO JUBILAR FRANCISCANO

Este jueves, 12 de febrero, a las siete de la tarde en la parroquia de María Madre del Buen Pastor (PP. Capuchinos), el obispo de la Diócesis, Mons. D. Antonio Valín, presidirá la Eucaristía con motivo del inicio del Año Jubilar Franciscano.

La familia franciscana celebra este año el 800 aniversario del Tránsito (muerte) de San Francisco de Asís en 1226. Ante esta efeméride el Papa ha dispuesto que, desde el 10 de enero de 2026 hasta el 10 de enero de 2027, se celebre este Año Jubilar de San Francisco.

A lo largo de este Año Jubilar, se podrá ganar la indulgencia plenaria, visitando cualquier iglesia franciscana, o lugar de culto en cualquier parte de la Diócesis dedicado a San Francisco o relacionado con él y cumpliendo las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Santo Padre).

En nuestra Diócesis la presencia franciscana es muy significativa:
En Vigo: 
  • La orden franciscana de Hermanos Menores Capuchinos, OFM Cap, quienes atienden la parroquia de María Madre del Buen Pastor.
  • Orden Franciscana de Hermanos Menores, OFM que atiende la parroquia de San Francisco de Asís.
  • Franciscanas Misioneras Madre del Divino Pastor (Colegio Mariano)
  • Franciscanas Misioneras de María (Casa Virxe da Guía)
  • Orden Franciscana Seglar (O.F.S) Fraternidad Vigo Franciscanos
En otros lugares de la Diócesis:
  • Convento Franciscano de San Diego de Canedo (Ponteareas)
  • Monasterio de Santa María de la Concepción (Monasterio de las Clarisas en Tui)
  • Franciscanas Hospitalarias de la Inmaculada Concepción (Residencia de Paz y Bien en Tui)
  • Orden Franciscana Seglar (O.F.S) -Fraternidad de Ponteareas
Fuente:
https://www.diocesetuivigo.org/apertura-del-ano-jubilar-franciscano-en-la-diocesis-de-tui-vigo/

miércoles, 11 de febrero de 2026

JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO

Con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo, que la Iglesia celebra cada 11 de febrero, el Papa León XIV ha dirigido a la comunidad cristiana y a la sociedad entera un mensaje de hondo calado humano bajo el lema «La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro». No se trata de una reflexión abstracta, sino de una llamada concreta a repensar cómo acompañamos hoy a quienes sufren la enfermedad, la fragilidad y la soledad.

Inspirándose en la conocida parábola evangélica del buen samaritano, el Papa recuerda que la verdadera compasión no consiste solo en sentir lástima, sino en detenerse, acercarse y hacerse cargo del otro. En una cultura marcada por la prisa, la eficiencia y, a menudo, el descarte, el enfermo corre el riesgo de convertirse en un problema o en una carga. Frente a ello, el mensaje pontificio subraya que cada persona enferma es siempre alguien, nunca algo, y que su dignidad no disminuye con la fragilidad.

La cercanía que no sale en las estadísticas

Este mensaje adquiere un significado especial cuando se pone rostro a tantas realidades silenciosas que existen en nuestras parroquias. Los grupos de pastoral de la salud realizan, desde hace años, una labor discreta pero esencial: visitas a domicilios, acompañamiento a personas mayores que viven solas, presencia regular en residencias y apoyo espiritual y humano a familias agotadas por el cuidado prolongado.

Son gestos sencillos —una conversación, una escucha atenta, una oración compartida— que no suelen ocupar titulares, pero que sostienen la vida cotidiana de muchas personas. Allí donde la enfermedad encierra y aísla, estas visitas abren ventanas; donde el dolor debilita la esperanza, llevan consuelo y sentido. En palabras del Papa, son una forma concreta de “llevar sobre uno mismo el peso del sufrimiento ajeno”.

El ministerio insustituible de los capellanes de hospital

Junto a esta labor parroquial, el mensaje del Papa invita también a reconocer el papel fundamental de los capellanes de hospital, a menudo invisibles en estructuras sanitarias cada vez más complejas. Su presencia no responde a una función meramente ritual, sino a una atención integral de la persona, especialmente en los momentos de mayor vulnerabilidad.

Los capellanes acompañan procesos de enfermedad grave, decisiones difíciles, despedidas, duelos y también pequeños gestos de gratitud y esperanza. Escuchan a pacientes y familiares, colaboran con el personal sanitario y recuerdan que, incluso en el entorno técnico del hospital, la dimensión espiritual forma parte del cuidado auténtico. Su tarea se vuelve especialmente valiosa cuando la palabra médica ya no puede prometer curación, pero sigue siendo posible ofrecer sentido, paz y cercanía.

Una responsabilidad compartida

El Papa León XIV insiste en que el cuidado del enfermo no puede recaer solo en profesionales o voluntarios especializados. Es una responsabilidad de toda la comunidad, una medida real de nuestra humanidad y de la calidad de nuestras relaciones sociales. Cuidar a quien sufre no es un añadido opcional, sino un criterio que define el tipo de sociedad que queremos ser.

En este Día del Enfermo, la Iglesia recuerda que la compasión no es debilidad, sino una fuerza capaz de humanizar los espacios más duros del sufrimiento. Y lo hace poniendo en valor a quienes, desde parroquias y hospitales, siguen encarnando —con constancia y discreción— el gesto siempre actual del buen samaritano: detenerse, acercarse y cuidar.

José Juan Sobrino Pino

Delegado diocesano de Pastoral de la Salud.

https://www.diocesetuivigo.org/cuidar-al-enfermo-una-tarea-humana-y-espiritual-que-no-puede-delegarse/

domingo, 8 de febrero de 2026

“SER SAL Y LUZ: LA MISIÓN COTIDIANA DEL CRISTIANO”

El Evangelio de este domingo nos presenta dos imágenes sencillas, pero profundamente desafiantes: la sal y la luz. A través de ellas, Jesús nos recuerda que la fe no es algo que se vive solo en el interior del corazón o dentro del templo, sino que está llamada a transformar la vida diaria y la sociedad. Como discípulos, somos enviados a dar sabor al mundo con el Evangelio y a iluminar con nuestras obras el camino de los demás.

El cristiano está llamado a dar sabor y sentido al mundo

Jesús utiliza la imagen de la sal para explicar la misión del discípulo. La sal en tiempos bíblicos no solo servía para dar sabor, sino también para conservar los alimentos. De la misma manera, el cristiano está llamado a aportar sentido, esperanza y valores evangélicos en medio de la sociedad. Cuando el creyente vive su fe con coherencia, ayuda a preservar la dignidad humana, la justicia y el amor fraterno. Sin embargo, Jesús advierte que la sal puede volverse insípida, recordándonos que la fe pierde fuerza cuando se vive superficialmente o sin compromiso.

La fe no puede ocultarse: estamos llamados a ser luz

Jesús también afirma que sus discípulos son la luz del mundo y que una lámpara no se enciende para esconderla. La luz simboliza la verdad, la guía y la esperanza que provienen de Dios. El cristiano no está llamado a vivir su fe solo en el ámbito privado, sino a manifestarla con naturalidad y valentía en la vida social, familiar y laboral. Ser luz significa iluminar con el testimonio, mostrando con obras concretas el amor de Dios.

Las buenas obras revelan la presencia de Dios

El Evangelio destaca que la luz del cristiano se manifiesta a través de las buenas obras. No se trata de buscar reconocimiento personal, sino de que, al ver esas acciones, otros puedan descubrir a Dios y glorificarlo. La caridad, la solidaridad, el servicio a los más necesitados y el compromiso por el bien común son formas concretas en las que la fe se hace visible. El verdadero testimonio cristiano nace de una fe vivida y puesta en práctica.

La misión cristiana es comunitaria y transformadora

Jesús habla a sus discípulos en plural, recordando que la misión no es individualista. La Iglesia entera está llamada a ser sal y luz en medio del mundo. Cuando los cristianos viven unidos, su testimonio tiene mayor fuerza transformadora en la sociedad. Este Evangelio invita a la comunidad parroquial a preguntarnos cómo están iluminando nuestro entorno y de qué manera pueden ser signo del amor de Dios en la realidad concreta donde vivimos.

¿De qué manera concreta estoy siendo sal y luz en mi familia, en mi trabajo y en mi comunidad?

 FELIZ DOMINGO

jueves, 5 de febrero de 2026

SALMO 6: CUANDO EL DOLOR SE CONVIERTE EN ORACIÓN

El Salmo 6 nos introduce en una de las experiencias más profundas y humanas de la fe: la oración que nace del sufrimiento. No es una oración tranquila ni serena, sino el grito de una persona que se siente enferma, agotada interiormente y rodeada de situaciones que la superan. Es la oración de alguien que no tiene fuerzas, pero que todavía tiene esperanza.

Yahveh, no me corrijas en tu cólera, en tu furor no me castigues.
Tenme piedad, Yahveh, que estoy sin fuerzas, sáname, Yahveh, que mis huesos están desmoronados,
desmoronada totalmente mi alma, y tú, Yahveh, ¿hasta cuándo?
Vuélvete, Yahveh, recobra mi alma, sálvame, por tu amor.
Porque, en la muerte, nadie de ti se acuerda; en el seol, ¿quién te puede alabar?
Estoy extenuado de gemir, baño mi lecho cada noche, inundo de lágrimas mi cama;
mi ojo está corroído por el tedio, ha envejecido entre opresores.
Apartaos de mí todos los malvados, pues Yahveh ha oído la voz de mis sollozos.
Yahveh ha oído mi súplica, Yahveh acoge mi oración.
¡Todos mis enemigos, confusos, aterrados, retrocedan, súbitamente confundidos!

El salmista comienza expresando un temor muy humano. En medio del dolor surge la pregunta que muchas personas se hacen en silencio: “¿Dios estará molesto conmigo? ¿Estoy pagando algo?”. Estas preguntas aparecen con frecuencia cuando atravesamos momentos difíciles. Sin embargo, el salmo nos enseña algo muy importante: el creyente no necesita presentarse ante Dios como alguien perfecto. Puede acercarse con su fragilidad, con su cansancio y hasta con sus dudas. Dios no espera explicaciones; espera confianza.

El texto describe un sufrimiento que afecta toda la persona. El cuerpo está debilitado, el corazón se siente roto y la tristeza parece no terminar, especialmente en la noche, cuando todo se vuelve más pesado y las preocupaciones crecen. La Biblia no esconde estas experiencias. Al contrario, nos muestra que también el llanto puede ser oración. Dios escucha incluso cuando no tenemos palabras.

Hay un momento muy hermoso en el salmo. El orante no dice que su enfermedad desapareció ni que sus problemas se resolvieron, pero afirma con seguridad que Dios ha escuchado su súplica. Aquí encontramos una enseñanza muy valiosa para nuestra vida espiritual: la oración no siempre cambia inmediatamente las situaciones, pero sí cambia el corazón. Cuando una persona se sabe escuchada por Dios, comienza a nacer una nueva esperanza.

El salmo también nos recuerda que el mal, la injusticia y todo aquello que oprime al ser humano no tienen la última palabra. Dios se pone del lado del que sufre y le regala una fuerza interior que le permite resistir y seguir caminando.

Esta misma actitud la vemos en Jesús. Él siempre acogía a las personas que llegaban con su dolor, sin rechazarlas ni juzgarlas. Recordemos a la mujer que, llorando, lavó los pies de Jesús con sus lágrimas: “Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume” (Lc 7,37-38). Él no desprecia ese gesto; al contrario, reconoce en él una expresión profunda de amor y de fe. Así es el corazón de Dios: un corazón que acoge, consuela y levanta.

El Salmo 6 nos deja un mensaje muy actual. Todos, en algún momento, pasamos por noches oscuras, por enfermedades, por preocupaciones o por situaciones que nos hacen sentir débiles. Este salmo nos invita a no alejarnos de Dios en esos momentos, sino a acercarnos más. Nos recuerda que la fe no consiste en no sufrir, sino en descubrir que nunca sufrimos solos.

Que este salmo nos ayude a aprender a rezar también con nuestras lágrimas, confiando en que Dios siempre escucha y acompaña.

domingo, 1 de febrero de 2026

LAS BIENAVENTURANZAS: EL CAMINO DE LA VERDADERA FELICIDAD

En el IV Domingo del Tiempo Ordinario, Jesús nos propone un camino sorprendente hacia la felicidad a través de las Bienaventuranzas. No se trata de promesas fáciles ni de normas inalcanzables, sino de una manera nueva de vivir, centrada en la confianza en Dios.

Las Bienaventuranzas nos revelan, ante todo, el rostro mismo de Jesús. Él es pobre de espíritu, manso, misericordioso, limpio de corazón y constructor de paz. Por eso, no son solo palabras para admirar, sino una llamada concreta a seguirle.

Jesús declara felices a quienes el mundo suele ignorar o considerar débiles. Nos recuerda que la verdadera felicidad no nace de tener más, sino de vivir apoyados en Dios, aun en medio del dolor, la injusticia o la persecución.

Este Evangelio nos invita a revisar nuestra vida cotidiana: la familia, el trabajo, las relaciones y el compromiso con los demás. Cada bienaventuranza es una promesa de Dios y, al mismo tiempo, un camino para transformar el mundo desde dentro.

La homilía concluye con una invitación sencilla y exigente: elegir una bienaventuranza y tratar de vivirla de forma concreta durante la semana, confiando en que el Señor cumple siempre lo que promete.

FELIZ DOMINGO

jueves, 29 de enero de 2026

SALMO 15: SER HUÉSPED DE DIOS

Estamos ante una enseñanza muy simple y directa de las condiciones necesarias para poder ser huésped de Dios, que es tanto como decir para tener una experiencia auténtica de Dios. La persona que ora, entiende y explica que el trato que se tiene con la gente será la medida de la posible aceptación de Dios, y no porque Dios le cierre las puertas a nadie, sino porque la puerta de acceso a su intimidad depende precisamente de la calidad humana de las relaciones con las personas con las que uno convive.

1 Yahvé, ¿quién vivirá en tu tienda?, ¿quién habitará en tu monte santo?

2 El de conducta íntegra que actúa con rectitud, que es sincero cuando piensa

3 y no calumnia con su lengua; que no daña a conocidos ni agravia a su vecino;

4 que mira con desprecio al réprobo y honra a los que temen a Yahvé; que jura en su perjuicio y no retracta;

5 que no presta a usura su dinero ni acepta soborno contra el inocente. Quien obra así jamás vacilará.

Este Salmo pertenece al género sapiencial-litúrgico. Probablemente se utilizaba en el contexto del acceso al santuario de Jerusalén: el fiel se preguntaba quién podía entrar en la “tienda” o subir al “monte santo”, imágenes que remiten al templo y, más profundamente, a la presencia de Dios. En el antiguo Israel, el culto no estaba desligado de la vida moral. Por eso este salmo refleja una crítica implícita al ritualismo vacío: no basta con ofrecer sacrificios; es necesaria una vida justa.

El salmo es breve, pero muy concentrado, responde a una pregunta central: quién es digno de vivir en la presencia de Dios (“tu tienda”, “tu monte santo”, es decir, el ámbito del culto y de la comunión con Yahvé).

v. 1: ¿Quién puede acercarse y permanecer ante Dios? pregunta solemne, casi jurídica.

vv. 2–5a: lista de cualidades. No se trata de rituales, sino de conducta ética. No enumera mandamientos negativos y positivos al azar; describe un modelo humano completo, coherente en: interioridad (pensamiento), lenguaje (palabra), relaciones sociales, economía, fidelidad a Dios: Habitar con Dios no depende de linaje, estatus o rito, sino de una vida íntegra. La santidad bíblica es esencialmente relacional y moral. “El que es sincero cuando piensa” subraya que Dios ve el corazón. No hay separación entre fe interior y conducta pública. El justo no difama, no daña al prójimo, no se beneficia del débil, no se vende por dinero. La fe en Yahvé tiene consecuencias económicas y sociales muy concretas.

Es una fidelidad costosa “Jura en su perjuicio y no retracta”: la palabra dada es sagrada, incluso cuando cumplirla resulta desfavorable. Aquí se refleja una ética de la responsabilidad y la verdad. El acceso a Dios está vinculado a una vida íntegra.

v. 5b: El versículo final (“Quien obra así jamás vacilará”) subraya que la estabilidad y la seguridad no provienen del poder ni del culto externo, sino de una vida recta conforme a la justicia de Dios.

Este salmo dialoga con otros textos clave:

  • Isaías 33,15–16:  quién puede habitar en la altura de Dios “El que anda en justicia y habla con rectitud; el que rehúsa ganancias fraudulentas, el que se sacude la palma de la mano para no aceptar soborno, el que se tapa las orejas para no oír hablar de sangre, y cierra sus ojos para no ver el mal. Ése morará en las alturas, subirá a refugiarse en la fortaleza de las peñas, se le dará su pan y tendrá el agua segura.”
  • Miqueas 6,8: “Se te ha hecho saber, hombre, lo que es bueno, lo que Yahvé quiere de ti: tan sólo respetar el derecho, amar la lealtad y proceder humildemente con tu Dios”.
  • Salmo 24,3–4: “¿Quién subirá al monte de Yahvé?, ¿quién podrá estar en su santo recinto? El de manos limpias y puro corazón, el que no suspira por los ídolos ni jura con engaño”. Manos inocentes y corazón puro.
  • Mateo 5–7: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”. El Sermón del Monte retoma esta misma lógica, llevándola a plenitud.

En clave cristiana, el salmo no se lee como una lista legalista, sino como un ideal de vida que encuentra su cumplimiento en Cristo. Jesús encarna plenamente al “justo” del salmo y, al mismo tiempo, abre el acceso al Padre por la gracia, no por mérito humano.

Hoy el salmo interpela directamente entre lo que creemos y cómo hablamos, cómo tratamos la verdad, el dinero y al prójimo, las decisiones concretas que adoptamos. Es un texto especialmente pertinente en contextos de corrupción, violencia verbal, injusticia económica y religiosidad superficial.

Jesús conectó claramente con esa manera de entender la hospitalidad de Dios: “Y Jesús, viendo que había contestado con sensatez, le dijo: No estás lejos del Reino de Dios” (MC 12,34)

Vivir en la presencia de Dios no es cuestión de proximidad al templo, sino de proximidad a la justicia. 

domingo, 25 de enero de 2026

LA LUZ QUE CAMBIA LA VIDA: LLAMADOS A SEGUIR A JESÚS

La Palabra de Dios de este domingo está marcada por una gran esperanza: Dios no abandona a su pueblo en los momentos de oscuridad. Como anuncia el profeta Isaías, la luz de Dios brilla incluso en medio de las tinieblas, y esa promesa se cumple plenamente en Jesucristo.

El Evangelio nos presenta el inicio de la misión de Jesús, que proclama: «Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos». No es una amenaza, sino una invitación gozosa. Convertirse significa cambiar de rumbo, acercarse a la vida, a la alegría y a la luz que Dios quiere regalarnos.

Jesús comienza su camino en Galilea, una tierra sencilla y marginada, y allí llama a sus primeros discípulos: pescadores, hombres normales, trabajadores. No les propone un plan complicado ni un discurso largo, sino una promesa: «Venid conmigo». Y ellos, con una confianza sorprendente, dejan las redes y lo siguen.

Este gesto revela el corazón del mensaje: Jesús sigue llamando hoy, y su llamada sigue siendo capaz de transformar la vida. La vocación cristiana no es solo para unos pocos, sino para todos. Cada bautizado ha sido llamado a seguir a Cristo desde su propia realidad y con su propia misión.

San Pablo nos recuerda que el seguimiento auténtico de Jesús conduce siempre a la unidad y la comunión, nunca a la división. Cuando Cristo es el centro, la Iglesia se convierte en un espacio de fraternidad y encuentro.

Los Papas nos lo recuerdan con claridad: no somos cristianos por costumbre, sino por encuentro. Encontrarse con Jesús cambia el corazón, despierta una alegría que no se puede guardar y convierte la vida cotidiana en misión.

Seguir a Jesús no empobrece la vida, la ensancha. No quita alegría, la multiplica. No resta, sino que lo da todo. Él pasa hoy también por la orilla de nuestra vida y nos dice, como a los primeros discípulos: «Ven conmigo».

La Virgen María, primera discípula, nos enseña a escuchar la Palabra, a confiar y a responder con un “sí” valiente, incluso sin entenderlo todo. Con ella aprendemos a ponernos en camino sin miedo, para que nuestra vida se convierta también en luz para los que caminan en tinieblas.

FELIZ DOMINGO

miércoles, 21 de enero de 2026

SALMO 12: ESPERANDO LA HORA DE LA JUSTICIA

El Salmo 12 es un texto breve, pero de una profundidad notable. Nace como una queja sincera y dolorida delante de Dios, y al mismo tiempo se convierte en una lúcida reflexión sobre una realidad que sigue siendo actual: la crisis de la verdad y el uso perverso de la palabra como instrumento de dominio y exclusión.

 ¡Salva, Yahveh, que ya no hay fieles, se acabaron los veraces entre los hijos de Adán!

Falsedad sólo dicen, cada cual, a su prójimo, labios de engaño, lenguaje de corazones dobles.

Arranque Yahveh todo labio tramposo, la lengua que profiere bravatas,

los que dicen: «La lengua es nuestro fuerte, nuestros labios por nosotros, ¿Quién va a ser amo nuestro?»

Por la opresión de los humildes, por el gemido de los pobres, ahora me alzo yo, dice Yahveh: auxilio traigo a quien por él suspira.

Las palabras de Yahveh son palabras sinceras, plata pura, de ras de tierra, siete veces purgada.

Tú, Yahveh, los guardarás, los librarás de esta ralea para siempre;

de todas partes se irán los impíos, colmo de vileza entre los hijos de Adán.

El salmista percibe que la fidelidad ha desaparecido, que la convivencia humana se ha ido degradando y que la mentira, la manipulación y la arrogancia se han normalizado ¡Cuánta palabra vacía llena los discursos de quien con la palabra hace alarde de sabiduría y de control! No se trata de una queja privada ni de un lamento intimista; es una auténtica denuncia social. La palabra, que debería servir a la comunión y a la fraternidad, ha sido vaciada de verdad y utilizada para imponerse sobre los demás, especialmente sobre los más débiles. Dios de quien a veces también se pretende hablar con engaño, no está por esas historias. Su palabra de vida es una palabra limpia, refinada, que nos ofrece como camino de autenticidad, de futuro provechoso. Jesús fue palabra encarnada, limpia, refinada: “Y la palabra se hizo carne y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1, 14)

El pecado que el salmo pone en primer plano no es la violencia física, sino la violencia verbal: labios engañosos, corazones dobles, lenguas que se creen autónomas y soberanas, como si no tuvieran que rendir cuentas a nadie. La mentira no aparece solo como una falta moral individual, sino como un mal estructural que rompe la confianza y destruye la convivencia.

En el centro del salmo se alza un contraste decisivo: dos maneras de usar la palabra. Por un lado, la palabra humana cuando se separa de la verdad y se convierte en herramienta de poder, de arrogancia y de opresión. Por otro, la palabra de Dios, descrita como palabra limpia, probada, purificada como plata refinada. Frente al ruido de los discursos vacíos y presuntuosos, la palabra del Señor es fiable, firme y portadora de vida.

Es significativo que la intervención de Dios se produzca a causa del sufrimiento de los humildes y del gemido de los pobres. El Dios bíblico no permanece indiferente ante la injusticia: escucha el clamor de quienes no tienen voz y se pone de su parte. Esta convicción sitúa el salmo en la gran corriente de la Escritura que afirma la opción de Dios por los débiles.

Aunque el salmo no ignora la persistencia del mal ni idealiza la realidad, concluye con una confianza serena: Dios guarda a los suyos y no permitirá que la mentira tenga la última palabra. La fe no consiste en negar la oscuridad, sino en creer que no gobierna la historia.

Leído hoy, el Salmo 12 nos interpela con fuerza. Vivimos en un tiempo en el que la mentira se normaliza, el discurso público se degrada y la palabra se utiliza con demasiada facilidad para manipular, humillar o excluir. Este salmo nos invita a una auténtica ética del lenguaje: a cuidar la palabra, a unificar corazón y labios, a hablar desde la verdad y la responsabilidad.

Para el creyente, esta llamada se concreta en dos actitudes fundamentales. Por un lado, el examen sincero de la propia palabra: preguntarnos si es transparente o doble, si sirve a la verdad o al interés. Por otro, una confianza profunda en la palabra de Dios, que no engaña ni promete en vano.

En definitiva, el Salmo 12 es una oración de resistencia ética y espiritual. Proclama que, en medio de tantas palabras vacías, solo la palabra de Dios permanece como roca firme, camino de autenticidad y fuente de esperanza.