1 Su fundación sobre los santos montes
2 ama Yahvé: las puertas de Sión más que todas las moradas de Jacob.
3 Glorias se dicen de ti, ciudad de Dios:
4 «Yo cuento a Ráhab y Babel entre los que me conocen. Tiro, Filistea y
Etiopía: fulano nació allí.»
5 Y de Sión se dice: «¡Uno a uno han nacido en ella, y el Altísimo mismo la ha
consolidado!»
6 Yahvé inscribe en el registro de los pueblos: «Este nació allí.»
7 Y cantan, bailando: «¡Todas mis fuentes están en ti!»
Dios elige a Israel y a Sión como
lugar de su presencia. Sin embargo, la elección no tiene un fin exclusivista.
Israel es elegido para ser instrumento de bendición para todas las naciones
(cf. Gn 12,3). Lo sorprendente del Salmo 87 es que menciona pueblos extranjeros
—Egipto, Babilonia, Filistea, Tiro y Etiopía— y les atribuye una ciudadanía en
Sión: «Este nació allí.»
Teológicamente, esto significa
que Dios no limita su amor a un solo pueblo. La elección de Sión tiene una
dimensión misionera: desde ella Dios quiere reunir a toda la humanidad. Enseña
que el plan de Dios siempre fue universal. La historia de Israel no es una
historia cerrada sobre sí misma, sino el comienzo de una historia destinada a
abarcar a todos los pueblos.
Lo que en el Salmo 87 aparece
como promesa, en el Nuevo Testamento se realiza en Jesucristo. Cristo derriba
las barreras entre judíos y gentiles: «Ya no sois extranjeros ni forasteros,
sino conciudadanos de los santos» (Ef 2,19). La nueva Sión ya no es
solamente una ciudad geográfica, sino el Pueblo de Dios reunido en Cristo. Por
el Bautismo, hombres y mujeres de todas las naciones reciben una nueva
ciudadanía.
Cuando el salmo dice: «Yahvé
inscribe en el registro de los pueblos», los cristianos pueden ver una
imagen del nuevo nacimiento por el agua y el Espíritu, mediante el cual somos
incorporados a la Iglesia. Asimismo, la expresión: «Todas mis fuentes están
en ti» encuentra su plenitud en Cristo, fuente de agua viva (Jn 4,14;
7,37-39), de quien brotan la gracia, los sacramentos y la vida eterna.
Este salmo
permite transmitir varias verdades esenciales de la fe: Dios ama a todos los
pueblos y llama a todos a la salvación. La Iglesia es universal (católica)
porque reúne personas de toda lengua, raza y nación. El Bautismo nos da una
nueva identidad y ciudadanía en el Pueblo de Dios. La verdadera unidad humana
no nace de la política o la cultura, sino de la comunión con Dios. Toda vida
espiritual tiene su fuente en Dios.
Vivimos en un mundo marcado por
polarizaciones, nacionalismos, conflictos culturales y exclusiones. El Salmo 87
recuerda que para Dios nadie es extranjero. Todos están llamados a formar parte
de su familia.
Las comunidades cristianas están
llamadas a reflejar esta universalidad. Una parroquia no debe ser un grupo
cerrado, sino una casa abierta donde cada persona pueda encontrar acogida y
sentirse parte del Pueblo de Dios.
El salmo invita a superar la
tentación de pensar que la fe pertenece sólo a determinados ambientes o
culturas. El Evangelio está destinado a todos.
Cada
creyente puede preguntarse: ¿Reconozco a los demás como hermanos? ¿Tengo actitudes de exclusión o prejuicio? ¿Busco mis "fuentes" en Dios o en
realidades pasajeras? ¿Vivo con alegría
mi pertenencia a la Iglesia?
El Salmo 87 es una profecía de la
Iglesia y del Reino de Dios. Parte de la Sión del Antiguo Testamento y apunta
hacia la Jerusalén celestial donde todos los pueblos serán reunidos en Cristo.
Su mensaje para hoy sigue siendo actual: Dios quiere hacer de la humanidad
una sola familia, y la Iglesia está llamada a ser signo e instrumento de esa
unidad. Por eso el creyente puede repetir con confianza las últimas
palabras del salmo: «Todas mis fuentes están en ti», reconociendo que en
Dios se encuentra el origen, el sentido y la plenitud de toda vida.

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