jueves, 16 de julio de 2026

SALMO 87: TODAS MIS FUENTES ESTÁN EN TI

El Salmo 87 constituye uno de los textos más luminosos del Antiguo Testamento sobre la universalidad de la salvación. En pocas líneas recorre un camino que va desde la elección de Israel hasta la reunión de todos los pueblos en Dios, anticipando realidades que alcanzarán su plenitud en el Nuevo Testamento.

1 Su fundación sobre los santos montes
2 ama Yahvé: las puertas de Sión más que todas las moradas de Jacob.
3 Glorias se dicen de ti, ciudad de Dios:
4 «Yo cuento a Ráhab y Babel entre los que me conocen. Tiro, Filistea y Etiopía: fulano nació allí.»
5 Y de Sión se dice: «¡Uno a uno han nacido en ella, y el Altísimo mismo la ha consolidado!»
6 Yahvé inscribe en el registro de los pueblos: «Este nació allí.»
7 Y cantan, bailando: «¡Todas mis fuentes están en ti!»

Dios elige a Israel y a Sión como lugar de su presencia. Sin embargo, la elección no tiene un fin exclusivista. Israel es elegido para ser instrumento de bendición para todas las naciones (cf. Gn 12,3). Lo sorprendente del Salmo 87 es que menciona pueblos extranjeros —Egipto, Babilonia, Filistea, Tiro y Etiopía— y les atribuye una ciudadanía en Sión: «Este nació allí.»

Teológicamente, esto significa que Dios no limita su amor a un solo pueblo. La elección de Sión tiene una dimensión misionera: desde ella Dios quiere reunir a toda la humanidad. Enseña que el plan de Dios siempre fue universal. La historia de Israel no es una historia cerrada sobre sí misma, sino el comienzo de una historia destinada a abarcar a todos los pueblos.

Lo que en el Salmo 87 aparece como promesa, en el Nuevo Testamento se realiza en Jesucristo. Cristo derriba las barreras entre judíos y gentiles: «Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos» (Ef 2,19). La nueva Sión ya no es solamente una ciudad geográfica, sino el Pueblo de Dios reunido en Cristo. Por el Bautismo, hombres y mujeres de todas las naciones reciben una nueva ciudadanía.

Cuando el salmo dice: «Yahvé inscribe en el registro de los pueblos», los cristianos pueden ver una imagen del nuevo nacimiento por el agua y el Espíritu, mediante el cual somos incorporados a la Iglesia. Asimismo, la expresión: «Todas mis fuentes están en ti» encuentra su plenitud en Cristo, fuente de agua viva (Jn 4,14; 7,37-39), de quien brotan la gracia, los sacramentos y la vida eterna.

Este salmo permite transmitir varias verdades esenciales de la fe: Dios ama a todos los pueblos y llama a todos a la salvación. La Iglesia es universal (católica) porque reúne personas de toda lengua, raza y nación. El Bautismo nos da una nueva identidad y ciudadanía en el Pueblo de Dios. La verdadera unidad humana no nace de la política o la cultura, sino de la comunión con Dios. Toda vida espiritual tiene su fuente en Dios.

Vivimos en un mundo marcado por polarizaciones, nacionalismos, conflictos culturales y exclusiones. El Salmo 87 recuerda que para Dios nadie es extranjero. Todos están llamados a formar parte de su familia.

Las comunidades cristianas están llamadas a reflejar esta universalidad. Una parroquia no debe ser un grupo cerrado, sino una casa abierta donde cada persona pueda encontrar acogida y sentirse parte del Pueblo de Dios.

El salmo invita a superar la tentación de pensar que la fe pertenece sólo a determinados ambientes o culturas. El Evangelio está destinado a todos.

Cada creyente puede preguntarse: ¿Reconozco a los demás como hermanos?  ¿Tengo actitudes de exclusión o prejuicio?  ¿Busco mis "fuentes" en Dios o en realidades pasajeras?  ¿Vivo con alegría mi pertenencia a la Iglesia?

El Salmo 87 es una profecía de la Iglesia y del Reino de Dios. Parte de la Sión del Antiguo Testamento y apunta hacia la Jerusalén celestial donde todos los pueblos serán reunidos en Cristo. Su mensaje para hoy sigue siendo actual: Dios quiere hacer de la humanidad una sola familia, y la Iglesia está llamada a ser signo e instrumento de esa unidad. Por eso el creyente puede repetir con confianza las últimas palabras del salmo: «Todas mis fuentes están en ti», reconociendo que en Dios se encuentra el origen, el sentido y la plenitud de toda vida.

 

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