jueves, 17 de septiembre de 2026

SALMO 98: EL REGIRÁ EL MUNDO CON JUSTICIA

El Salmo 98 es una invitación gozosa a reconocer y proclamar las maravillas que Dios ha realizado. Pertenece al grupo de los "Salmos de la realeza de Yahvé" y destaca por ser un himno de alabanza desbordante, alegría universal y celebración profética.

1 Cantad a Yahvé un nuevo canto, porque ha obrado maravillas; le sirvió de ayuda su diestra, su santo brazo.
2 Yahvé ha dado a conocer su salvación, ha revelado su justicia a las naciones;
3 se ha acordado de su amor y su lealtad para con la casa de Israel. Los confines de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios.
4 ¡Aclama a Yahvé, tierra entera, gritad alegres, gozosos, cantad!
5 Tañed a Yahvé con la cítara, con la cítara al son de instrumentos;
6 al son de trompetas y del cuerno aclamad ante el rey Yahvé.
7 Brame el mar y cuanto encierra, el mundo y cuantos lo habitan,
8 aplaudan los ríos, aclamen los montes,
9 ante Yahvé, que llega, que llega a juzgar la tierra. Juzgará el mundo con justicia, a los pueblos con equidad.

Comienza con una llamada: «Cantad a Yahvé un nuevo canto», porque Dios ha manifestado su poder y su salvación. El «canto nuevo» no significa simplemente una canción diferente, sino una respuesta renovada de quien descubre que Dios sigue actuando en la historia y en la vida de su pueblo.

El salmista recuerda que Yahvé ha dado a conocer su salvación y ha mostrado su justicia ante todas las naciones. La salvación de Dios no queda encerrada en un pueblo o en un grupo determinado: alcanza «los confines de la tierra». El amor y la fidelidad de Dios hacia Israel son el fundamento de esta esperanza. Dios no olvida su alianza ni abandona a quienes confían en Él.

Por eso, la respuesta humana es la alegría. Toda la tierra está llamada a aclamar, cantar y celebrar al Señor. El salmo utiliza imágenes llenas de fuerza: instrumentos musicales, trompetas, el mar, los ríos y los montes. Toda la creación parece convertirse en una gran asamblea de alabanza. El universo entero reconoce que Dios es su Señor y participa en la alegría de su salvación.

El salmo alcanza su plenitud anunciando que Yahvé viene a juzgar la tierra. Este juicio no debe entenderse solamente como castigo, sino como la manifestación definitiva de la justicia de Dios. Él juzgará al mundo con justicia y a los pueblos con rectitud. Frente a tantas injusticias humanas, el salmista proclama que la última palabra pertenece a Dios y que su gobierno está marcado por la verdad y la equidad.

Desde la fe cristiana, este salmo adquiere una profundidad nueva en Jesucristo. En Él reconocemos la salvación de Dios ofrecida a todos los pueblos. Cristo manifiesta plenamente el amor y la fidelidad del Padre y lleva la salvación hasta los confines de la tierra. El «canto nuevo» encuentra así su cumplimiento en la Pascua de Cristo, cuya resurrección inaugura una creación renovada.

Este salmo nos recuerda hoy que la fe no puede quedarse en la tristeza, el miedo o el pesimismo. Quien descubre la acción de Dios está llamado a vivir con esperanza y a convertirse también en testigo de esa salvación. Nuestra alabanza no consiste únicamente en cantar con los labios, sino en vivir de tal manera que nuestras obras proclamen la bondad de Dios.

También nosotros necesitamos aprender a mirar la realidad con ojos agradecidos. Hay dificultades, injusticias y sufrimientos, pero Dios continúa actuando. El «canto nuevo» que el Señor espera de nosotros nace de un corazón renovado, capaz de reconocer sus maravillas y de compartirlas con los demás.

El Salmo 98 nos invita, finalmente, a esperar la venida del Señor con confianza. Él viene para establecer la justicia y la verdad. Mientras esperamos su Reino, estamos llamados a colaborar con Él construyendo relaciones más justas, defendiendo la dignidad de cada persona y sembrando paz y esperanza. Así, nuestra vida puede convertirse en una verdadera alabanza: un canto nuevo que anuncie al mundo que Dios es fiel, que su amor permanece y que su salvación está destinada a todos.

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