domingo, 8 de febrero de 2026

“SER SAL Y LUZ: LA MISIÓN COTIDIANA DEL CRISTIANO”

El Evangelio de este domingo nos presenta dos imágenes sencillas, pero profundamente desafiantes: la sal y la luz. A través de ellas, Jesús nos recuerda que la fe no es algo que se vive solo en el interior del corazón o dentro del templo, sino que está llamada a transformar la vida diaria y la sociedad. Como discípulos, somos enviados a dar sabor al mundo con el Evangelio y a iluminar con nuestras obras el camino de los demás.

El cristiano está llamado a dar sabor y sentido al mundo

Jesús utiliza la imagen de la sal para explicar la misión del discípulo. La sal en tiempos bíblicos no solo servía para dar sabor, sino también para conservar los alimentos. De la misma manera, el cristiano está llamado a aportar sentido, esperanza y valores evangélicos en medio de la sociedad. Cuando el creyente vive su fe con coherencia, ayuda a preservar la dignidad humana, la justicia y el amor fraterno. Sin embargo, Jesús advierte que la sal puede volverse insípida, recordándonos que la fe pierde fuerza cuando se vive superficialmente o sin compromiso.

La fe no puede ocultarse: estamos llamados a ser luz

Jesús también afirma que sus discípulos son la luz del mundo y que una lámpara no se enciende para esconderla. La luz simboliza la verdad, la guía y la esperanza que provienen de Dios. El cristiano no está llamado a vivir su fe solo en el ámbito privado, sino a manifestarla con naturalidad y valentía en la vida social, familiar y laboral. Ser luz significa iluminar con el testimonio, mostrando con obras concretas el amor de Dios.

Las buenas obras revelan la presencia de Dios

El Evangelio destaca que la luz del cristiano se manifiesta a través de las buenas obras. No se trata de buscar reconocimiento personal, sino de que, al ver esas acciones, otros puedan descubrir a Dios y glorificarlo. La caridad, la solidaridad, el servicio a los más necesitados y el compromiso por el bien común son formas concretas en las que la fe se hace visible. El verdadero testimonio cristiano nace de una fe vivida y puesta en práctica.

La misión cristiana es comunitaria y transformadora

Jesús habla a sus discípulos en plural, recordando que la misión no es individualista. La Iglesia entera está llamada a ser sal y luz en medio del mundo. Cuando los cristianos viven unidos, su testimonio tiene mayor fuerza transformadora en la sociedad. Este Evangelio invita a la comunidad parroquial a preguntarnos cómo están iluminando nuestro entorno y de qué manera pueden ser signo del amor de Dios en la realidad concreta donde vivimos.

¿De qué manera concreta estoy siendo sal y luz en mi familia, en mi trabajo y en mi comunidad?

 FELIZ DOMINGO

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