domingo, 1 de febrero de 2026

LAS BIENAVENTURANZAS: EL CAMINO DE LA VERDADERA FELICIDAD

En el IV Domingo del Tiempo Ordinario, Jesús nos propone un camino sorprendente hacia la felicidad a través de las Bienaventuranzas. No se trata de promesas fáciles ni de normas inalcanzables, sino de una manera nueva de vivir, centrada en la confianza en Dios.

Las Bienaventuranzas nos revelan, ante todo, el rostro mismo de Jesús. Él es pobre de espíritu, manso, misericordioso, limpio de corazón y constructor de paz. Por eso, no son solo palabras para admirar, sino una llamada concreta a seguirle.

Jesús declara felices a quienes el mundo suele ignorar o considerar débiles. Nos recuerda que la verdadera felicidad no nace de tener más, sino de vivir apoyados en Dios, aun en medio del dolor, la injusticia o la persecución.

Este Evangelio nos invita a revisar nuestra vida cotidiana: la familia, el trabajo, las relaciones y el compromiso con los demás. Cada bienaventuranza es una promesa de Dios y, al mismo tiempo, un camino para transformar el mundo desde dentro.

La homilía concluye con una invitación sencilla y exigente: elegir una bienaventuranza y tratar de vivirla de forma concreta durante la semana, confiando en que el Señor cumple siempre lo que promete.

FELIZ DOMINGO

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