miércoles, 18 de febrero de 2026

MENSAJE DE CUARESMA DE MONS. ANTONIO VALÍN: VOLVER AL CORAZÓN

Estamos ante una nueva Cuaresma que nos va a preparar para la vivencia de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Este tiempo es un tiempo de paso: la meta está en la Pascua, pero eso no significa que sea un tiempo a no tener presente. La Cuaresma es una larga invitación a volver a lo esencial de nuestra vida, a hacer un alto en el ritmo cotidiano y situarnos -cara a cara- con el Evangelio que nos dejó Jesucristo. Si, es un tiempo de paso, pero un tiempo que nos puede ayudar a descubrir, con autenticidad, el significado de la vida de Cristo, de su propuesta, de la Resurrección que todo lo hace nuevo y de lo que somos cada uno. Como nos dice el papa León: “es una ocasión apropiada para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén” (Mensaje para la Cuaresma 2026).

Me gustaría compartir con vosotros una serie de palabras que nos van a acompañar durante este tiempo cuaresmal:

  1. Conversión, cambio de mentalidad, costumbres, criterios, opciones… tiempo de ser y vivir de manera más auténtica, volviendo continuamente al evangelio. Es un tiempo de sinceridad con Dios y con nosotros mismos. Este es el momento, el tiempo; fuera máscaras e hipocresía, venga la autenticidad, que se traduce en gestos bien concretos.
  2. Escucha, que nos lleva a entrar en relación con el Otro, con los hermanos, con las criaturas, con los pobres. La Cuaresma nos anima a escuchar a Dios que nos habla en la vida y en los hermanos; a escuchar a los demás que nos centran en lo importante; a escuchar la realidad que nos acerca el clamor de los vulnerables y del cosmos.
  3. Ceniza, que nos habla que somos frágiles, que nos duele el mundo, la historia, la realidad, la convivencia. Nos duele cómo somos y nuestros proyectos tan efímeros como la ceniza que lleva el viento. Somos polvo, poca cosa, pero como dice el poeta, “somos polvo enamorado” para un Dios que se empeña en contar con nosotros en todo momento.
  4. Tentaciones, peligros en el camino, seducciones que nos desvían de la propuesta evangélica. Sabemos que éstas siempre nos van a acompañar en el camino de la vida, y que tendremos que luchar siempre para ser coherentes, pero contamos con ayudas: la escucha de la Palabra, el ayuno que nos hace sentir hambre de lo auténtico, la escucha de los más vulnerables que nos centra el corazón y nos abre a la generosidad, la oración constante, la vida comunitaria que pone la importancia en ese andar el camino juntos, la escucha de la tierra que nos invita al cuidado para nuestro bien y el de las generaciones futuras… algunas de estas ayudas son recordadas por el papa León en su mensaje para esta Cuaresma.
  5. ¡Sal de tu tierra!, de todo cuanto no nos deje caminar: rutinas, costumbres, criterios, opciones… ataduras, que pueden convertirse en un fardo pesado que nos aleje de lo verdaderamente importante. Salir siempre es difícil: pide decisión, mirar al futuro, dejar atrás personas, situaciones…y lanzarse confiados a lo desconocido, aunque nos inquiete. Es difícil pero necesario, no podemos quedarnos a la orilla del camino; lo nuestro es avanzar siempre.
  6. Ser luz, que es una identidad que nos regala Jesús y también una responsabilidad. Nuestra vida, unida al Crucificado que resucita, está llamada a irradiar la claridad de Dios en el medio de este mundo sumido en tantas tinieblas. Nuestra vocación es ser “chispas”, y juntos, formar una luminaria que desprenda esperanza, sabiendo que para eso es necesario consumirse para dar luz al mundo. “Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que, viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos (Mt 5,16).
  7. Compartir, que nos habla de generosidad, de poner a disposición de todos lo que tenemos y lo que somos: es el tiempo de dar-nos, de ensanchar el corazón, de ser-con otros. El papa Francisco, poco después de su elección, decía aquello de “cómo me gustaría una Iglesia pobre para los pobres”: este es el tiempo de ser pobres con los pobres.
  8. Juntos. El papa León nos dice: “la conversión no solo atinge a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en las comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación” (Mensaje para la cuaresma 2026). La Cuaresma es el tiempo correcto para la autenticidad que nos lleve a edificar la civilización del amor, sabiendo que para eso, ninguno queda excluido, y todos, somos necesarios.

La Cuaresma termina en la Pascua del Señor que “hace nuevas todas las cosas” (Ap 21,5). Todo adquiere un sentido nuevo, y eso es lo que nos tiene que poner en camino. Nuestra meta es vivir con Cristo; nuestro futuro es la vida, que se va gestando en el día a día, y no el fracaso.

“Yo soy la Resurrección y la Vida. Quien cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees tú esto?” (Jn 11,25), le decía Jesús a la hermana de Lázaro. ¿Crees tú, esto? Decir si, es abrirse a una transformación total, abrirse a la novedad de quien es la Vida.

Esta es la oportunidad de la Cuaresma: caminar juntos, unidos a todos nuestros hermanos, acompañados por la mirada tierna de María, la Madre confiada y creyente, volviendo al corazón donde está la Vida. ¡Feliz camino!

+ Antonio Valín

Obispo de Tui-Vigo

https://www.diocesetuivigo.org/mensaje-de-cuaresma-de-mons-antonio-valin/

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