Estamos ante una nueva Cuaresma que nos va a preparar para la vivencia de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Este tiempo es un tiempo de paso: la meta está en la Pascua, pero eso no significa que sea un tiempo a no tener presente. La Cuaresma es una larga invitación a volver a lo esencial de nuestra vida, a hacer un alto en el ritmo cotidiano y situarnos -cara a cara- con el Evangelio que nos dejó Jesucristo. Si, es un tiempo de paso, pero un tiempo que nos puede ayudar a descubrir, con autenticidad, el significado de la vida de Cristo, de su propuesta, de la Resurrección que todo lo hace nuevo y de lo que somos cada uno. Como nos dice el papa León: “es una ocasión apropiada para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén” (Mensaje para la Cuaresma 2026).
Me gustaría compartir con vosotros una serie de palabras que nos van a
acompañar durante este tiempo cuaresmal:
- Conversión, cambio
de mentalidad, costumbres, criterios, opciones… tiempo de ser y vivir
de manera más auténtica, volviendo continuamente al evangelio. Es un
tiempo de sinceridad con Dios y con nosotros mismos. Este es el momento,
el tiempo; fuera máscaras e hipocresía, venga la autenticidad, que se
traduce en gestos bien concretos.
- Escucha,
que nos lleva a entrar en relación con el Otro, con los hermanos, con las
criaturas, con los pobres. La Cuaresma nos anima a escuchar a Dios que nos
habla en la vida y en los hermanos; a escuchar a los demás que nos centran
en lo importante; a escuchar la realidad que nos acerca el clamor de los
vulnerables y del cosmos.
- Ceniza, que
nos habla que somos frágiles, que nos duele el mundo, la historia, la
realidad, la convivencia. Nos duele cómo somos y nuestros proyectos tan
efímeros como la ceniza que lleva el viento. Somos polvo, poca cosa, pero
como dice el poeta, “somos polvo enamorado” para un Dios que se empeña en
contar con nosotros en todo momento.
- Tentaciones,
peligros en el camino, seducciones que nos desvían de la propuesta
evangélica. Sabemos que éstas siempre nos van a acompañar en el camino de
la vida, y que tendremos que luchar siempre para ser coherentes, pero
contamos con ayudas: la escucha de la Palabra, el ayuno que nos hace
sentir hambre de lo auténtico, la escucha de los más vulnerables que nos
centra el corazón y nos abre a la generosidad, la oración constante, la
vida comunitaria que pone la importancia en ese andar el camino juntos, la
escucha de la tierra que nos invita al cuidado para nuestro bien y el de
las generaciones futuras… algunas de estas ayudas son recordadas por
el papa León en su mensaje para esta Cuaresma.
- ¡Sal
de tu tierra!, de todo cuanto no nos deje caminar:
rutinas, costumbres, criterios, opciones… ataduras, que pueden convertirse
en un fardo pesado que nos aleje de lo verdaderamente importante. Salir
siempre es difícil: pide decisión, mirar al futuro, dejar atrás personas,
situaciones…y lanzarse confiados a lo desconocido, aunque nos inquiete. Es
difícil pero necesario, no podemos quedarnos a la orilla del camino; lo
nuestro es avanzar siempre.
- Ser
luz, que es una identidad que nos regala Jesús y también
una responsabilidad. Nuestra vida, unida al Crucificado que resucita, está
llamada a irradiar la claridad de Dios en el medio de este mundo sumido en
tantas tinieblas. Nuestra vocación es ser “chispas”, y juntos, formar una
luminaria que desprenda esperanza, sabiendo que para eso es necesario
consumirse para dar luz al mundo. “Alumbre así vuestra luz a los hombres,
para que, viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre que
está en los cielos (Mt 5,16).
- Compartir, que
nos habla de generosidad, de poner a disposición de todos lo que tenemos y
lo que somos: es el tiempo de dar-nos, de ensanchar el corazón, de ser-con
otros. El papa Francisco, poco después de su elección, decía aquello de
“cómo me gustaría una Iglesia pobre para los pobres”: este es el tiempo de
ser pobres con los pobres.
- Juntos. El
papa León nos dice: “la conversión no solo atinge a la conciencia del
individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del
diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de
reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en las comunidades
eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación”
(Mensaje para la cuaresma 2026). La Cuaresma es el tiempo correcto para la
autenticidad que nos lleve a edificar la civilización del amor, sabiendo
que para eso, ninguno queda excluido, y todos, somos necesarios.
La Cuaresma termina en la Pascua del Señor que “hace
nuevas todas las cosas” (Ap 21,5). Todo adquiere un sentido nuevo, y eso es lo
que nos tiene que poner en camino. Nuestra meta es vivir con Cristo; nuestro
futuro es la vida, que se va gestando en el día a día, y no el fracaso.
“Yo soy la Resurrección y la Vida. Quien cree en mí,
aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees
tú esto?” (Jn 11,25), le decía Jesús a la hermana de Lázaro. ¿Crees tú, esto?
Decir si, es abrirse a una transformación total, abrirse a la novedad de quien
es la Vida.
Esta es la oportunidad de la Cuaresma: caminar juntos,
unidos a todos nuestros hermanos, acompañados por la mirada tierna de María, la
Madre confiada y creyente, volviendo al corazón donde está la Vida. ¡Feliz
camino!
+ Antonio Valín
Obispo de Tui-Vigo
https://www.diocesetuivigo.org/mensaje-de-cuaresma-de-mons-antonio-valin/

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