domingo, 11 de enero de 2026

EL BAUTISMO DEL SEÑOR. INICIO DE SU MISIÓN

La festividad del Bautismo del Señor ocupa un lugar central en el misterio de la manifestación de Jesucristo y cierra solemnemente el tiempo litúrgico de Navidad. En este acontecimiento, narrado por los Evangelios, Jesús se presenta públicamente al inicio de su vida pública, no como un pecador que busca conversión, sino como el Hijo obediente que asume solidariamente la condición humana para redimirla desde dentro. Al descender a las aguas del Jordán, Cristo anticipa sacramentalmente su muerte y resurrección, núcleo de la Pascua.

Los Evangelios sinópticos relatan este episodio con rasgos comunes: Jesús es bautizado por Juan, los cielos se abren, el Espíritu Santo desciende en forma visible y la voz del Padre proclama: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco» (cf. Mt 3,13-17; Mc 1,9-11; Lc 3,21-22). El Evangelio de Juan no describe el bautismo en sí, pero ofrece el testimonio del Bautista, que reconoce a Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (cf. Jn 1,29-34). Se trata, por tanto, de una auténtica teofanía trinitaria.

Este misterio se comprende plenamente a la luz del Antiguo Testamento. Las aguas evocan el Espíritu que aleteaba sobre la creación inicial (Gn 1,2), el paso del Mar Rojo que libera al pueblo de la esclavitud (Ex 14) y el cruce del Jordán que introduce a Israel en la tierra prometida (Jos 3). De modo particular, resuena la profecía del Siervo del Señor: «He puesto mi espíritu sobre él» (Is 42,1), texto que la liturgia reconoce cumplido en Jesús.

Los Padres de la Iglesia profundizaron en este acontecimiento con gran riqueza espiritual. San Gregorio Nacianceno afirma que Cristo se deja bautizar para santificar las aguas y conducirnos con Él a la vida nueva. San Juan Crisóstomo subraya que el Señor no recibe el Espíritu por necesidad, sino que lo manifiesta para revelarse como Mesías. San Agustín enseña que Jesús entra en el Jordán no para ser purificado, sino para purificar, inaugurando el sacramento que perdona los pecados. San Ireneo interpreta este gesto como parte de la recapitulación de toda la historia humana en Cristo.

El Catecismo de la Iglesia Católica recoge esta tradición afirmando que el Bautismo de Jesús es la aceptación y el inicio de su misión de Siervo sufriente (CIC 535), la manifestación del misterio trinitario (CIC 536) y el fundamento del bautismo cristiano, por el cual los creyentes son incorporados a Cristo y hechos hijos adoptivos del Padre (CIC 537).

Celebrar el Bautismo del Señor es, por tanto, contemplar a Cristo revelado como Hijo amado, ungido por el Espíritu y enviado para la salvación del mundo, y al mismo tiempo renovar la conciencia del propio bautismo, por el cual los cristianos participan de su vida, de su misión y de su filiación divina.

FELIZ DOMINGO

 

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