jueves, 8 de enero de 2026

SALMO 75 “DIOS ES QUIEN GOBIERNA”

Te damos gracias, oh Dios, te damos gracias, invocando tu nombre, tus maravillas pregonando.

«En el momento en que decida, yo mismo juzgaré con rectitud.

Se estremece la tierra con todos sus habitantes, mas yo sostengo sus columnas.

«Digo a los arrogantes: ¡Fuera arrogancias!, y a los impíos: ¡No levantéis la frente,

no levantéis tan alto vuestra frente, no habléis con un cuello de insolencia!»

Pues ya no es por oriente ni por occidente, ya no por el desierto de los montes,

por donde Dios, el juez, a uno abate y a otro exalta:

sino que hay una copa en la mano de Yahveh, y de vino drogado está lleno el brebaje: él lo escanciará, y sorberán hasta las heces, lo beberán todos los impíos de la tierra.

Y yo lo anunciaré por siempre, salmodiaré para el Dios de Jacob;

quebraré toda frente de los impíos, y la frente del justo se alzará.

“Dios es el juez: humilla al soberbio y exalta al justo”

El Salmo 75 es un salmo de acción de gracias y de juicio de Dios que gobierna la historia, sostiene el mundo, juzga con justicia y acabará con las dudas que existen entre el mal y el bien, que se asientan en el mundo y también en el corazón de las personas que vivimos en él. Es como una respuesta a esa pregunta que se hacen muchos salmos sobre el futuro de las personas malvadas y de las personas justas.

La Iglesia lo asume como una oración de confianza frente a la injusticia y la arrogancia humana

“En el momento en que decida, yo mismo juzgaré con rectitud” (Sal 75,3).

Este salmo educa al creyente en una verdad central de la fe: Dios no es indiferente al bien y al mal, solo en El descansa el gobierno y el juicio sobre todos los pueblos. El juicio de Dios contra la gente soberbia y poderosa nos recuerda aquel otro de Jesús contra la gente rica de su tiempo: “Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo” (Lc, 6,24)

“Se estremece la tierra con todos sus habitantes, mas yo sostengo sus columnas” (Sal 75,4)

Dios aparece como fundamento del orden creado y de la historia humana. Aunque el mundo parezca tambalearse, no está abandonado al caos. “El Señor afianza el mundo y no se moverá” (Sal 93,1), “Todo subsiste en Él” (Col 1,17), CEC 301: Dios “sostiene y gobierna todo lo que ha creado”, CEC 306: Dios actúa en la historia respetando la libertad humana. San Agustín interpreta las “columnas” como el orden providente de Dios que sostiene incluso a quienes lo ignoran: “Aunque el mundo tiemble, no cae, porque es sostenido por Aquel que no tiembla” (Enarrationes in Psalmos, 74)

“Digo a los arrogantes: ¡Fuera arrogancias!” (Sal 75,5)

La soberbia es presentada como el pecado que pretende usurpar el lugar de Dios. El salmo denuncia la autosuficiencia del impío, que cree que su poder proviene de sí mismo. “Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes” (Prov 3,34; Sant 4,6) “El que se enaltece será humillado” (Lc 14,11). Jesús retoma directamente esta enseñanza en su predicación sobre el Reino, especialmente en las parábolas del fariseo y el publicano (Lc 18,9-14). CEC 1866: La soberbia es uno de los pecados capitales. CEC 2559: “La humildad es el fundamento de la oración”. San Juan Crisóstomo afirma: “Nada hace caer tanto al hombre como creerse elevado por sí mismo” (Homilías sobre Mateo)

No es por oriente ni por occidente… por donde Dios, el juez, a uno abate y a otro exalta” (Sal 75,7-8)

El salmo proclama una verdad radical: ningún poder humano decide el destino último del hombre. Solo Dios juzga con verdad. “El Señor juzga hasta los confines de la tierra” (1 Sam 2,10), “El Padre no juzga a nadie, sino que ha dado todo juicio al Hijo” (Jn 5,22). Cristo es presentado como el Juez escatológico, especialmente en Mateo 25,31-46. CEC 678: Cristo vendrá “para juzgar a vivos y muertos”. CEC 679: El juicio revelará el sentido último de la historia. San Ireneo enseña que el juicio de Dios no es arbitrario, sino medicinal: “Dios juzga para restaurar el orden que el pecado ha herido” (Adversus Haereses, IV)

“Hay una copa en la mano de Yahveh… la beberán todos los impíos de la tierra” (Sal 75,9)

La imagen de la copa expresa la certeza del juicio, pero también anticipa el lenguaje pascual del Nuevo Testamento. Jer 25,15: la copa de la ira, Ap 14,10: la copa del juicio definitivo. Cristo asume esta imagen al decir: “Padre, si es posible, pase de mí esta copa” (Mt 26,39). Jesús bebe la copa del juicio en lugar de los pecadores, revelando que el juicio de Dios se manifiesta plenamente en la Cruz. CEC 604: Cristo se ofrece libremente por los pecadores. CEC 615: La cruz es sacrificio redentor. San Cirilo de Jerusalén: “La copa que era de condenación se convirtió en salvación cuando Cristo la bebió” (Catequesis, XIII)

“La frente del justo se alzará” (Sal 75,11)

El salmo concluye con esperanza: la justicia de Dios no fracasa. El justo será exaltado, no por mérito propio, sino por la fidelidad de Dios. “Los humildes heredarán la tierra” (Sal 37,11; Mt 5,5), “Dios lo exaltó y le dio el Nombre sobre todo nombre” (Flp 2,9), CEC 1819: La esperanza cristiana se apoya en las promesas de Dios. CEC 2010: La iniciativa pertenece siempre a Dios. San Gregorio Magno: “Dios levanta al justo cuando este deja de levantarse a sí mismo” (Moralia in Job)

El Salmo 75 enseña al creyente a vivir con humildad, esperanza y confianza. Frente a la injusticia del mundo, la Iglesia proclama que Dios reina, juzga y salva. En Cristo, este salmo alcanza su plenitud: el Juez se hace Salvador y la copa del juicio se transforma en cáliz de redención.

 

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