Celebrar el Domingo de la Sagrada
Familia es reconocer que Dios quiso entrar en la historia humana a través de
una familia, compartiendo sus alegrías, esfuerzos, silencios y dificultades.
El Domingo de la Sagrada Familia
se celebra el domingo dentro de la Octava de Navidad; si no lo hay, se celebra
el 30 de diciembre. Instituida por el papa Benedicto XV en 1921, mediante el
decreto Bonum sane, en un contexto marcado por las heridas de la Primera
Guerra Mundial, en el que la familia estaba profundamente afectada por la
violencia, la pobreza y la pérdida de valores. El Papa quiso proponer a la
familia de Nazaret como remedio espiritual y social, recordando que una
sociedad sana nace de familias sólidas, unidas en el amor y abiertas a Dios. Su
objetivo era y sigue siendo, resaltar la dignidad y la vocación de la familia cristiana,
contemplando a Jesús, María y José como paradigma de comunión, obediencia a
Dios, trabajo, oración y caridad.
San Juan Pablo II impulsó
fuertemente esta celebración con su magisterio sobre la familia (especialmente Familiaris
consortio) y el papa Francisco subrayó su valor pastoral en documentos
como Amoris laetitia.
Aunque los Evangelios narran
pocos episodios de la vida familiar de Jesús, cada uno de ellos es
profundamente revelador.
Lucas 2, 16–21 (Navidad) “Encontraron
a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.” En la huida a Egipto
(Mt 2,13-15) José protege a su familia con obediencia y valentía. La Sagrada
Familia conoce el exilio, la inseguridad y el miedo, mostrando que Dios está
presente también en las pruebas. Jesús en el templo (Lc 2,41-52) “Jesús bajó
con ellos a Nazaret y estaba sujeto a ellos”. El Hijo de Dios aprende a
vivir en obediencia, trabajo y silencio. María guarda todo en su corazón y José
acompaña con discreción y fidelidad.
“Cristo quiso nacer y crecer
en el seno de la Sagrada Familia. La Iglesia no es otra cosa que la ‘familia de
Dios” CIC 1655. Durante treinta años, Jesús vive una vida sencilla. Como
recuerda el Catecismo: “La vida oculta de Nazaret permite a todo hombre
entrar en comunión con Jesús en los caminos más ordinarios de la vida” (CIC
533).
La Sagrada Familia no fue una
familia idealizada ni ajena a los problemas, vivió la pobreza, conoció la
migración forzada, afrontó la incomprensión, caminó en la fe, incluso sin
entenderlo todo, por eso este Domingo de la Sagrada Familia nos enseña que la
santidad no se vive solo en lo extraordinario, sino en la vida cotidiana, que la
familia cristiana está llamada a ser comunidad de amor, escuela de fe, espacio
de perdón y misericordia y que incluso en medio de dificultades (pobreza,
migración, incomprensión), la familia puede vivir en fidelidad a Dios.
Por eso, es modelo cercano y
realista para nuestras familias de hoy, llamadas a vivir el Evangelio en medio
de la rutina diaria, el trabajo, la educación de los hijos y las dificultades
cotidianas. Como nos recuerda el papa Francisco, la familia no es un problema,
sino una oportunidad y una bendición.
Oración a la Sagrada Familia
Jesús, María y José,
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor.
A vosotros nos confiamos.
Sagrada Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugares de comunión y de oración,
auténticas iglesias domésticas
y caminos de santidad.
Amén.
FELIZ DOMINGO

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