jueves, 26 de febrero de 2026

SALMO 148: LA CREACIÓN ENTERA ALABA A DIOS

El Salmo 148 es un himno de alabanza que invita a toda la creación a reconocer la grandeza de Dios, en el que el salmista va convocando a todas las criaturas del cielo y de la tierra, animadas e inanimadas, racionales e irracionales, para que se unan con ella en el obsequio de su reconocimiento a Dios. Las criaturas, justamente por serlo, son una muestra palpable de lo excelso que es el nombre de Dios que les dio origen, y de la majestad que cubre la tierra y el cielo.

La hermosura y la vitalidad de la creación hablan de la fuente y la vitalidad de su autor. Este Dios, fuente de vida en mil formas y colores, es el mismo Dios que se introduce en el pueblo, que lo acompaña, que lo revitaliza permanentemente, que le levanta la cabeza, que se deshace por su dignidad. Ayer y hoy. A este Dios fue al que Jesús entregó su corazón, su vida: “Aléjate Satanás, porque está escrito: Solo al Señor tu Dios, adorarás, y solo a Él darás culto” (Mt 4,10)

¡Aleluya! ¡Alabad a Yahvé desde el cielo, alabadlo en las alturas,

alabadlo, todos sus ángeles, todas sus huestes, alabadlo!

¡Alabadlo, sol y luna, alabadlo, estrellas lucientes,

alabadlo, cielos de los cielos, aguas que estáis sobre los cielos!

Alaben ellos el nombre de Yahvé, pues él lo ordenó y fueron creados;

el los fijó por siempre, por los siglos, les dio una ley que nunca pasará.

¡Alabad a Yahvé desde la tierra, monstruos del mar y abismos todos,

fuego y granizo, nieve y bruma, viento tempestuoso, que hace su voluntad,

montañas y todas las colinas, árboles frutales y todos los cedros,

fieras y todos los ganados, reptiles y pájaros que vuelan,

reyes de la tierra y pueblos todos, dignatarios y jueces de la tierra,

jóvenes y doncellas también, los viejos junto con los niños!

Alaben el nombre de Yahvé: sólo su nombre es sublime, su majestad sobre el cielo y la tierra.

Él realza el vigor de su pueblo, orgullo de todos sus fieles, de los hijos de Israel, pueblo de sus íntimos.

El salmo comienza llamando a los ángeles, los astros, el sol, la luna y los cielos más altos. Con esto se expresa que incluso lo más elevado y misterioso del universo está bajo la autoridad del Creador y proclama su gloria.

Después, el texto menciona mares, montañas, fenómenos naturales, animales y todos los seres vivos. La naturaleza aparece como un gran coro que manifiesta la belleza y el orden que Dios ha puesto en el mundo.

El salmo incluye a todas las personas: reyes, pueblos, jóvenes, ancianos y niños. Nadie queda fuera de esta invitación. Toda la humanidad está llamada a reconocer el nombre de Dios y vivir en agradecimiento.

Este Salmo enseña que Dios es el Creador soberano del universo y que todo existe por su palabra. La creación no es caótica ni accidental, sino que responde a un orden querido por Dios. Además, muestra que el mundo entero tiene un propósito: glorificar a su Creador.

En el cristianismo, este salmo se interpreta también a la luz de Cristo. La fe cristiana afirma que todo fue creado por medio de Él y que toda la creación está llamada a ser renovada. Por eso, la alabanza universal del salmo anticipa la esperanza de la restauración final del mundo.

Muchos estudios bíblicos ven una conexión entre la creación narrada al inicio de la Biblia, la alabanza del Salmo 148 y la esperanza final de un cielo nuevo y una tierra nueva. Esto muestra que la historia de la fe va desde la creación hasta la renovación plena de todo lo creado.

Para la comunidad cristiana, este salmo es una invitación a vivir en actitud de alabanza. La oración, la liturgia y el cuidado de la creación se convierten en formas concretas de reconocer la grandeza de Dios en la vida diaria.

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