domingo, 22 de febrero de 2026

LA TENTACIÓN EN EL DESIERTO

El evangelio del I Domingo de Cuaresma (Ciclo A), tomado del Evangelio de Mateo (Mt 4,1-11), presenta a Jesús de Nazaret conducido por el Espíritu al desierto, donde, después de ayunar cuarenta días, enfrenta las tentaciones de Satanás antes de iniciar su misión pública. La Iglesia propone este texto al comienzo de la Cuaresma porque ilumina el camino espiritual del creyente: un tiempo de prueba, discernimiento y renovación de la fidelidad a Dios.

El desierto tiene un significado profundo en la tradición bíblica. No es solo un lugar físico, sino un espacio espiritual donde el ser humano se confronta con su fragilidad, con la tentación y con la presencia de Dios. Así, la Cuaresma se entiende como un itinerario interior que invita al silencio, a la conversión y a la renovación de la alianza con el Señor.

Las tres tentaciones que enfrenta Jesús revelan falsas imágenes del mesianismo y también del ser humano. La primera tentación, convertir las piedras en pan, plantea la reducción de la vida a la satisfacción de necesidades materiales y la tentación de la autosuficiencia. Jesús responde afirmando que el ser humano no vive solo de pan, sino de la Palabra que viene de Dios. La segunda tentación, arrojarse desde el templo para que Dios lo salve, muestra la pretensión de manipular a Dios o utilizar la religión como garantía o espectáculo; Jesús enseña que la verdadera fe no consiste en poner a Dios a prueba, sino en confiar plenamente en Él. La tercera tentación, recibir poder y dominio sobre los reinos del mundo a cambio de adoración, representa la búsqueda de gloria y poder al margen de Dios; Jesús reafirma que solo el Señor merece adoración y fidelidad absoluta.

Este relato tiene además una profunda relación con la experiencia del pueblo de Israel en el desierto. Las respuestas de Jesús están tomadas del Deuteronomio y evocan las pruebas del pueblo durante el éxodo. De este modo, el evangelio muestra que Jesús permanece fiel allí donde Israel había fallado, revelándose como el Mesías que inaugura un nuevo pueblo fiel a Dios. En este sentido, el relato tiene un carácter pedagógico para la comunidad cristiana, mostrando cómo enfrentar las tentaciones y permanecer en la fidelidad.

Las tentaciones también expresan realidades que siguen presentes en la vida del creyente: el deseo de seguridad material, la búsqueda de prestigio y reconocimiento, y la tentación de exigir a Dios signos o soluciones inmediatas. El tentador no se presenta abiertamente como mal, sino que propone aparentes bienes que en realidad desplazan a Dios del centro de la vida. Por eso, en el fondo de las tentaciones está en juego la fe y la decisión fundamental del corazón humano: vivir para uno mismo o vivir para Dios.

El evangelio subraya que Jesús vence la tentación apoyándose en la Palabra de Dios y permaneciendo fiel a su misión. Esto tiene un valor catequético importante: enseña a la comunidad cristiana que la lucha espiritual forma parte del camino de fe y que la victoria no depende solo del esfuerzo humano, sino de la gracia de Dios. Cristo, que ha experimentado la tentación, acompaña al creyente y le comunica su fuerza para resistir el mal.

En definitiva, este evangelio invita a comenzar la Cuaresma con realismo y esperanza. La tentación forma parte de la vida, pero también es una oportunidad para crecer en fidelidad, profundizar en el conocimiento de Dios y avanzar en el camino de la conversión. Allí donde aparece nuestra fragilidad, Dios ofrece su gracia y nos llama a seguir a Cristo con mayor confianza y entrega. Así, el combate espiritual se convierte en un camino de maduración en la fe y de preparación para la Pascua.

FELIZ DOMINGO

No hay comentarios:

Publicar un comentario