1. La fe es salir y ponerse en
camino
Como Abraham (Gn 12,1), la fe
comienza con una salida. Salir de nuestras seguridades, rutinas y comodidades
espirituales. La experiencia de Dios no es para instalarnos, sino para fortalecernos
y volver al valle. Cuaresma es tiempo de caminar hacia la tierra que Dios promete.
2. “Escuchadlo”
En el monte resuena la voz del
Padre: “Este es mi Hijo amado… escuchadlo”. Cuaresma es aprender a distinguir
voces. No basta admirar a Jesús: hay que escucharle y obedecerle. La oración
auténtica nos impulsa luego a amar y servir.
3. La luz que ilumina la cruz
La Transfiguración anticipa la
gloria de la Resurrección. El mismo rostro que brilla en el Tabor será
desfigurado en la Pasión. Cristo no elimina la cruz; la ilumina desde dentro.
La fe madura recuerda la luz cuando llega la noche.
4. “Levantaos, no temáis”
Jesús se acerca, toca a los
discípulos y les da ánimo. También hoy nos dice: no tengas miedo. En medio de
nuestras cruces —enfermedad, preocupaciones, cansancio— el Señor no siempre da
explicaciones, pero sí su presencia.
5. Subir… y bajar
El monte no es la meta. Hay que
bajar y vivir lo contemplado. La Cuaresma nos prepara para una Pascua que no es
solo una idea, sino una transformación real.
Para reflexionar
¿Cuál es tu “monte” esta
Cuaresma?
Quizá la oración ante el
Santísimo.
Quizá una confesión pendiente.
Quizá un paso concreto de
conversión.
Que esta Cuaresma sea experiencia de luz. Que cuando llegue la cruz, recordemos el Tabor.
Y que, de la mano de María, caminemos con esperanza hacia la Pascua.
FELIZ DOMINGO

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