1. El origen del drama: la desconfianza
El pecado original no comenzó con un fruto, sino con una sospecha: «Dios no quiere tu bien». El pecado nace cuando dejamos de confiar en que Dios es Padre.
2. Donde Adán cayó, Cristo permanece fiel
San Pablo nos recuerda: «Si por la desobediencia de uno todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno todos serán constituidos justos» (Rom 5,19). En Cristo la historia ha cambiado.
3. Las tres tentaciones siguen siendo actuales
• Reducir la vida a lo material: «No solo de pan vive el hombre».
• Manipular a Dios para nuestros planes.
• Buscar el poder y el éxito sin cruz.
Estas tentaciones siguen presentes en nuestra vida cotidiana.
4. No luchamos solos
El Catecismo nos recuerda que toda la vida del hombre es lucha (CEC 409), pero también que la victoria ya ha sido ganada por Cristo (CEC 2853). La Cuaresma es un regreso confiado al corazón del Padre.
5. Ayuno, oración y limosna: caminos de libertad
El ayuno deja espacio a Dios.
La oración recupera la confianza.
La limosna ensancha el corazón.
No son prácticas tristes, sino caminos de libertad interior.
6. Nuestro desierto personal
7. María, la nueva Eva
Cada uno conoce su propio desierto: una lucha interior, una debilidad, un cansancio espiritual. La Cuaresma no es para desanimarnos, sino para caminar con Cristo en medio de esa realidad.
Donde la primera mujer dudó, María respondió: «Hágase en mí según tu palabra». Que ella nos enseñe a confiar y a llegar con corazón renovado a la alegría de la Pascua.
La Cuaresma no es un tiempo de esfuerzo solitario. Es un camino para volver a confiar en Dios. Cristo ya ha vencido.
Gracias!!!
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