jueves, 19 de febrero de 2026

SALMO 111. DIOS ACTÚA CON JUSTICIA Y MISERICORDIA.

 

El Salmo 111 es un canto de alabanza que invita al creyente a contemplar las obras de Dios con un corazón agradecido y lleno de admiración. Desde sus primeras palabras, el salmista nos introduce en una actitud fundamental de la vida cristiana: la gratitud por las obras de Dios ofrecidas a todo el mundo sin distinción, que responden a una alianza preestablecida de la que Dios siempre respondió y siempre seguirá respondiendo. Dar gracias a Dios no es solamente un gesto ocasional, sino una disposición interior que brota del reconocimiento de su presencia constante y de su acción salvadora en la historia.

 ¡Aleluya! Doy gracias a Yahvé de todo corazón, en la reunión de los justos y en la comunidad.

Grandes son las obras de Yahvé, meditadas por todos que las aman.

Actúa con esplendor y majestad, su justicia permanece para siempre.

De sus proezas dejó un memorial. ¡Clemente y compasivo Yahvé!

Dio de comer a quienes lo honran, se acuerda por siempre de su alianza.

Reveló a su pueblo la fuerza de su acción, les dio como herencia las naciones.

Su mano actúa con verdad y justicia, son leales todos sus mandatos,

válidos para siempre jamás, Para cumplirlos con verdad y rectitud.

Envió la redención a su pueblo, determinó para siempre su alianza; santo y temible es su nombre.

Principio del saber es temer al Señor; son cuerdos los que lo practican. Su alabanza permanece para siempre.

Este salmo destaca la grandeza de las obras del Señor, subrayando que ellas deben ser meditadas por quienes las aman. La fe no es superficial ni improvisada; exige contemplación, memoria y reflexión. El creyente está llamado a descubrir en los acontecimientos de la vida la huella de Dios, reconociendo que su actuar está lleno de esplendor y majestad.

El texto resalta también la justicia divina, que no es pasajera ni cambiante, sino eterna y firme. En un mundo marcado por la fragilidad y la incertidumbre, el salmo recuerda que Dios permanece fiel. Su justicia no solo corrige, sino que restaura y conduce al ser humano hacia la plenitud de la vida.

Otro rasgo fundamental que el salmista presenta es la misericordia de Dios. Él es clemente y compasivo, atento a las necesidades de su pueblo. Esta afirmación revela el rostro cercano de Dios, que no se mantiene distante, sino que acompaña, alimenta y sostiene a quienes confían en Él. La referencia al alimento recuerda que Dios provee tanto lo material como lo espiritual, mostrando su cuidado providente.

El salmo insiste en la fidelidad de Dios a su alianza. A lo largo de la historia de la salvación, Dios se compromete con su pueblo y nunca abandona sus promesas. Esta fidelidad es un fundamento sólido para la esperanza cristiana, pues enseña que la relación con Dios no depende de la perfección humana, sino de su amor constante.

Asimismo, se destaca que las obras de Dios están marcadas por la verdad y la justicia. Sus mandamientos no son imposiciones arbitrarias, sino caminos que orientan al ser humano hacia una vida recta y digna. La ley divina aparece como expresión de la sabiduría de Dios, que guía a su pueblo hacia el bien.

El salmo también recuerda la redención realizada por Dios. La salvación es presentada como iniciativa divina que libera y renueva. En la tradición cristiana, esta redención alcanza su plenitud en Jesucristo, quien manifiesta de manera definitiva el amor salvador de Dios.

La proclamación de la santidad del nombre de Dios invita al creyente a reconocer su grandeza y trascendencia. Dios es cercano, pero sigue siendo el Santo, aquel que supera toda comprensión humana y que merece adoración y respeto profundo.

El salmo culmina con una enseñanza sapiencial de gran importancia: acoger a ese Dios que así se ofrece es propio de gente sensata, el temor del Señor es el principio de la sabiduría. Este temor no debe entenderse como miedo, sino como reverencia amorosa y reconocimiento de la soberanía de Dios. Quien vive en esta actitud aprende a orientar su vida según la voluntad divina y encuentra el verdadero sentido de la existencia.

La santidad de Dios que así se manifiesta y realiza entre la gente también la experimentó María la madre de Jesús: “porque ha hecho en mi favor cosas grandes el Poderoso, Santo es su nombre” (Lc 1, 49)

Este salmo es una invitación a cultivar una fe agradecida, consciente de las maravillas que Dios realiza en la comunidad y en cada persona. Nos anima a recordar la historia de salvación y a transmitirla a las nuevas generaciones como fuente de esperanza.

Además, nos exhorta a vivir una fe coherente, donde la alabanza se traduzca en obras de justicia, caridad y fidelidad al Evangelio. La verdadera alabanza no se limita a las palabras, sino que se expresa en una vida transformada por el amor de Dios.

Finalmente, el Salmo 111 nos recuerda que la alabanza a Dios es eterna. La comunidad creyente está llamada a ser testigo permanente de su bondad, proclamando con la vida y con la palabra que el Señor sigue actuando en medio de su pueblo. Así, este salmo se convierte en una escuela de oración, gratitud y sabiduría para todos los fieles.

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