miércoles, 29 de mayo de 2019

TALLER DE ORACION Y VIDA “APRENDER A ORAR PARA APRENDER A VIVIR”

Finalizó el Taller de Oración y Vida, que durante quince semanas se ha venido desarrollando en los locales parroquiales. Quince semanas, quince sesiones en las que hemos aprendido a orar, a entablar un diálogo con Dios, a entrar en una relación personal con el Señor, a llegar a una paz interior que nos ha hecho desaparecer la tristeza y recuperar la alegría de vivir, nos han proporcionado una gran serenidad, sanando las heridas del corazón y sofocando las angustias del alma. Estos eran los retos: “ORANDO, SE APRENDE A ORAR”.

Poco a poco en este tiempo hemos llegado a ser personas más pacientes, humildes y comprensivas como Jesús, “¿qué haría Jesús en mi lugar?” nos preguntamos ante los problemas que nos surgen a diario. 

Mediante las sesiones semanales hemos aprendido a orar siguiendo la metodología propia del taller. Mediante la práctica de diversas modalidades de oración y la meditación de la Palabra, nos hemos introducido progresivamente en la relación personal con Dios, así como en la oración litúrgica de una manera ordenada, variada y progresiva “¿qué me está diciendo Dios?” y en la vida sacramental y cristiana. Ello nos compromete en tres dimensiones: con Dios, con nosotros mismos y con los demás. 

Cada sesión tiene dos fases, una descendente: Dios habla al hombre y una ascendente: el hombre habla (responde a Dios), y para desarrollar estas fases la sesión se divide en varias partes. La primera de ellas es la palabra, textos de la Biblia para reflexionar cada día de la semana y que se comentan al inicio de cada sesión. Después lectura de un texto evangélico, meditación y comentario. Esta sería la parte descendente, Dios nos habla por la palabra. Para la parte ascendente contamos con la Modalidad (práctica) para ejercitar durante la sesión y que practicamos a lo largo de la semana. Diferentes modalidades, diferentes formas de responder a Dios. Finalizamos las sesiones con un mensaje de Padre Larrañaga relacionado con la Modalidad que se ha desarrollado en la sesión. 

La última sesión se desarrolló en el colegio de las Hijas de María Inmaculada, donde realizamos un desierto espiritual. 

Ha sido una experiencia muy positiva, porque, si bien, cuando se trabaja en los grupos parroquiales es algo que hacemos para la comunidad, algo para los demás, en estos talleres se trabaja para uno mismo, es algo para nuestra paz interior, algo que desde una perspectiva personal podemos agradecer y que gracias a este taller poder servir mejor a la comunidad con un compromiso más activo y decidido de la actividad parroquial. “Que cada cual ponga al servicio de los demás la gracia que ha recibido” (1Pe 4,10) 

No hay que olvidar que los Talleres de Oración y Vida son una nueva forma de Evangelización mas viva y con una visión mas positiva de lo que ha mostrado siempre. Es una presentación más vibrante y activa de Jesús que posee una mayor adaptación a las necesidades de la sociedad actual y a lo que realmente las personas necesitan. 

“Todo lo acepto con amor 
Que se haga tu voluntad 
En tus manos me entrego 
Con silencio y paz” 

Todo nuestro agradecimiento a Ramón, nuestro tallerista, por su entrega desinteresada, que nos ha guiado en este taller para sacar lo mejor de cada uno de nosotros. Siempre estarás en nuestras oraciones. 

Os invito a que, si en un futuro próximo se vuelve a convocar otro taller, no dudéis en apuntaros, es una experiencia muy grata y merece la pena, porque “si algún bien tengo, es de Dios” 


Los Talleres de Oración y Vida fueron creados por el Padre Ignacio Larrañaga (1928-2013) sacerdote franciscano, capuchino, originario de España (Azpeitia (Guipúzcoa)), en 1984 y aprobados por la Santa Sede en 1997 con el lema “DEL ENCANTO DE DIOS, AL ENCANTO DE LA VIDA”

domingo, 26 de mayo de 2019

PASCUA DEL ENFERMO "DAD GRATIS"


La Iglesia en España celebra el domingo 26 de mayo la Pascua del Enfermo. El lema, “Gratis habéis recibido, dad gratis”, el mismo de la Jornada Mundial del Enfermo 2019 que se celebró el 11 de febrero.
La Campaña se centra en el voluntariado en la Pastoral de la Salud y pretende reconocer el valor de la gratuidad en la entrega al cuidado de los enfermos.

La gratuidad humana es la levadura de la acción de los voluntarios, que son tan importantes en el sector socio-sanitario y que viven de manera elocuente la espiritualidad del Buen Samaritano.” “El voluntario es un amigo desinteresado con quien se puede compartir pensamientos y emociones; a través de la escucha, es capaz de crear las condiciones para que el enfermo, de objeto pasivo de cuidados, se convierta en un sujeto activo y protagonista de una relación de reciprocidad, que recupere la esperanza, y mejor dispuesto para aceptar las terapias.” Papa Francisco

Es necesario hacer una reflexión en la importancia del voluntariado y la necesidad de animar a más personas que deseen trabajar llevando el consuelo de Cristo a los enfermos.

La Iglesia española se acerca tradicionalmente en este domingo, en el seno de sus comunidades parroquiales, al mundo de los enfermos, sus familias y los profesionales sanitarios, así como mostrando el rostro de Cristo curando y acompañándolos, y por eso hoy rezamos por nuestros enfermos y sus cuidadores, por los que sufren el misterio del dolor, por los ancianos y mayores de residencias y por todos los hospitalizados. Oremos también por nos profesionales de la sanidad y por los voluntarios que trabajan en los equipos de pastoral de la salud.

Jesús nos exige y reclama que la disponibilidad a acompañar, escuchar, aliviar, a cada enfermo o sus familiares, sea obra de la gracia, de su amor en nosotros. Lo que llevamos en la visita a un enfermo no somos nosotros, sino al Señor. 

ORACIÓN:
Estuve enfermo y me visitaste, me llamaste por mi nombre, y venías cada mañana sonriente a decirme: buenos días. Fui para ti alguien, y no algo, aceptaste con paciencia mis impaciencias, y siempre que venías a verme me dabas paz. Yo me encontraba con miedo, asustado; tú me acogiste con serenidad y con cariño, y diste la vuelta a mi almohada para que me sintiera mejor. Me trataste con competencia y me diste lo que más necesitaba: cariño, comprensión, escucha y amor. Y con todo ello me diste a Dios.

FELIZ PASCUA DEL ENFERMO

VI DOMINGO DE PASCUA "EL QUE ME AMA, GUARDARA MI PALABRA"

El Señor enseña a sus Apóstoles la noche de la Última Cena: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo ama­rá, y vendremos a él y haremos morada en él».

Promete el Señor: «haremos morada en él». Sabe perfectamente el Señor Jesús que en lo profundo del corazón humano existe una necesidad o “hambre” de amor y comunión. Sabe también que esta profunda necesidad no hallará su plena satisfacción sino en la comunión con Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Quien ha creado al ser humano para la comunión en el amor, es en sí mismo Comunión de Amor. Sólo Él puede resolver esa profunda necesidad que experimenta su criatura humana. Sólo en la comunión de amor con Dios el ser humano puede alcanzar su completa realización y felicidad.

Mas esta comunión a la que está invitada la criatura humana no es una comunión que excluya la comunión con todos aquellos que han sido rescatados por la Sangre del Cordero. La comunión a la que está llamada la criatura humana no es “entre Dios y yo solamente”.

¿Pero cómo llega el ser humano a hacerse merecedor de esta promesa? Amando a Cristo, con un amor que se verifica en la obediencia a sus enseñanzas. En efecto, advierte Él mismo que quien lo ama necesariamente guarda sus palabras. No hay un verdadero amor a Jesús donde no hay un serio y sostenido esfuerzo por conocer y seguir sus enseñanzas. Hacer lo que Él dice es la manifestación de un auténtico amor al Señor Jesús.

Continúa diciendo el Señor: «Les he hablado de esto ahora que estoy con ustedes, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nom­bre, será quien les enseñe todo y les recuerde todo lo que les he dicho». El Señor promete a los Apóstoles, a la Iglesia, el don del Espí­ritu. Su misión será la de enseñar y recordar sus palabras a la comunidad de los discípulos. El Espíritu San­to es quien ayudará a los discípulos a com­prender a fondo el Evangelio, a encar­narlo en la propia existencia y a hacerlo vivo y operante a través de su testimonio per­sonal.

Dice finalmente el Señor: «Me voy y volveré a ustedes». Sus palabras encierran, de manera sintética, el acontecimiento pascual: su partida mediante la muerte en Cruz y su vuelta por la Resurrección. Pero también anuncian que cuarenta días después de la Resurrección se separará visiblemente de sus Apóstoles para volver al Padre. Esta partida será al mismo tiempo la condición para una nueva presencia en su Iglesia: por el Espíritu Santo Él permanecerá en y con su Iglesia «todos los días hasta el fin del mundo».

domingo, 19 de mayo de 2019

V DOMINGO DE PASCUA "AMAR COMO EL NOS AMA"


     Jesús está a punto de despedirse de sus discípulos y les deja un mandamiento nuevo que es como su testamento. Les dice que se amen unos a otros como él les ha amado. Ésa será la señal por la que conocerán que somos discípulos de Jesús. Así pues, lo más distintivo de los cristianos no es que nos reunamos los domingos para celebrar la misa. Tampoco el que tengamos una jerarquía con un papa, obispos y sacerdotes. Ni siquiera es nuestra característica el que celebremos siete sacramentos. Jesús no deseaba que fuésemos conocidos por ninguna de esas cosas. Jesús deseaba que los que no perteneciesen a nuestra comunidad nos conociesen por otra señal, más humilde si se quiere, pero más importante y mucho más humana: por el modo como nos tratamos unos a otros, por el modo como nos amamos y amamos a todos sin distinción. Jesús quería que nos amásemos como él nos había amado. 

      Ése es el signo que hará descubrir a los que no son cristianos que la comunidad cristiana es la semilla de un nuevo mundo. Porque sólo Dios es capaz de dar vida a ese amor fraterno que hace que todo se comparta y que todos vivan más en plenitud. Cuando los que no son cristianos nos vean amar de verdad, necesariamente han de pensar que Dios está presente en nuestra comunidad, porque las personas, por nuestras solas fuerzas, no podemos amar de esa manera. 

      ¿Es que los cristianos estamos hechos de otra madera? ¿Es que somos superiores a los demás? En absoluto. Somos iguales. Pero la presencia de Dios está con nosotros. Y cuando le dejamos actuar en nuestros corazones, experimentamos que un amor mayor que nuestras fuerzas brota de dentro de nosotros. Es el amor de Dios. Es el amor que es signo de la tierra nueva y del cielo nuevo. Es, por ejemplo, el amor con que la madre Teresa de Calcuta amó a los enfermos y moribundos. Es el amor con que muchos padres aman a sus hijos. Sin medida, sin tiempo, sin límite, con absoluta generosidad. 

      Pero como no somos superiores a los demás, a los que no son cristianos, como cometemos errores y a veces nos hacemos daño unos a otros, hay una dimensión del amor que la comunidad cristiana debe saber vivir de una manera especial. Es la dimensión del perdón, de la reconciliación. Perdonar a los hermanos –y perdonarme– es una forma de amar que reconocer la limitación propia y la supera porque el amor va más allá de los límites que marca nuestra debilidad. Vivir el perdón y la reconciliación en la comunidad cristiana es la mejor forma de dar testimonio del amor que nos une. 



domingo, 12 de mayo de 2019

IV DOMINGO DE PASCUA "MIS OVEJAS ESCUCHAN MI VOZ"


  El principal instrumento para construir la comunidad cristiana es la predicación de la Palabra. Así lo podemos ver en la lectura de los Hechos de los Apóstoles donde se nos relata parte del primer viaje apostólico de Pablo. Cuando llegan a una ciudad, comienzan predicando en la sinagoga y luego predican a toda la ciudad. El fruto de esa predicación es la creación de una comunidad. Aunque, según la lectura, Pablo y Bernabé son expulsados de la ciudad, los discípulos quedan llenos de alegría y de Espíritu Santo. Consecuencia de esa predicación es la gran muchedumbre que compone la Iglesia.

      Pero el Evangelio nos habla de una realidad que es más importante que la predicación. Si la comunidad cristiana nace de la predicación de la Palabra, esa predicación no es más que el instrumento que nos abre los ojos a otra realidad más profunda. La verdad, la más importante verdad de nuestras vidas, es que somos familia de Dios. Para usar la comparación que nos ofrece Jesús, somos ovejas del rebaño del Padre. Hay una relación especial de conocimiento, de ternura, de amor, entre el Padre y Jesús y cada una de las ovejas. Tanto que, según dice Jesús, nadie puede arrebatar las ovejas de la mano del Padre. 

      En un mundo secularizado, en el que prima la imagen sobre la palabra, la pregunta no es tanto ¿quién escucha hoy la voz de Dios?, como ¿qué voz, o a qué voz, escuchan hoy la mayoría de nuestros contemporáneos? La escucha, como la contemplación, tienen que ver con la serenidad y con el interior, con la vida profunda e íntima de nuestro yo auténtico, con ese lugar y momento que es capaz de conmovernos hasta las entrañas. El reto no es buscar fuera, sino caminar hacia dentro de nosotros mismos, sin caer en el egotismo. Si soy capaz de escucharme, puede que sea capaz de escuchar a Dios, a los otros y a la creación.

      Nunca ha sido fácil para un cristiano vivir con credibilidad y coherencia el seguimiento a Cristo. Nos ha tocado vivir, en una cultura donde lo cristiano se difumina cada día más; lejos van quedando los tiempos de la cristiandad, en la buena parte de la realidad estaba permeada de ‘lo cristiano’. La secularización nos sitúa en otro escenario. La vivencia de la fe está dejando de ser un hecho social y cultural de masas para pasar a ser un hecho existencial y de comunidades más reducidas. Nuestros templos se vacían y van cerrando poco a poco. El reto es no caer por ello, como el pueblo de Israel en el desierto, en el desaliento, sino el explorar nuevos caminos, el buscar nuevas rutas. Dios sigue comunicando porque su corazón sigue latiendo.

      La experiencia del encuentro con la voz de Dios es individual, pero la salvación ofrecida por Dios es universal. Persona y comunidad, individuo y totalidad humana, se entrecruzan porque no podemos vivir incomunicados ni desconectados. Los cristianos tenemos como fundamento de lo que somos la vida de Jesús, confesado como el Cristo, y un proyecto que realizar: ir construyendo con su aliento y Espíritu el Reino de Dios. La voz de Jesús es la misma que la del Padre eterno, “Yo y el Padre somos una sola cosa”, y está, sobre todo, en su Palabra proclamada en la Iglesia en cada celebración y contenida, de modo eminente, en la Biblia, Palabra de Dios. Ojalá escuchemos hoy su voz de resucitado y no endurezcamos nuestros oídos perdidos en el mundanal ruido.


domingo, 5 de mayo de 2019

III DOMINGO DE PASCUA "SÍGUEME"


  La pascua es al gran momento del nacimiento de la Iglesia. Sobre la experiencia de la resurrección de Jesús se levanta el edificio de la Iglesia. Los apóstoles y discípulos, que en su mayoría habían huido atemorizados a la hora de la pasión, se sienten fortalecidos por la experiencia de que Jesús, el que había muerto en la cruz, está vivo. Pero no en el sentido de que haya vuelto a “nuestra” vida. Está vivo de una forma nueva y más plena. La muerte ya no tiene poder sobre él. Más bien, Jesús ha vencido a la muerte. Dios le ha resucitado. Es lo que se expresa de una forma gloriosa en la lectura del Apocalipsis. El cielo y la tierra canta sus alabanzas al que ha vencido a la muerte. “Digno es el cordero degollado de recibir el honor y la gloria”. 

      El encuentro con Jesús se ha dado cuando los discípulos, desanimados –todo parecía haber terminado en el momento de la muerte de Jesús en cruz, ya no había lugar para más sueños ni ilusiones–, habían vuelto a sus antiguas labores. Otra vez las redes y la pesca en el lago. Otra vez las noches de trabajo para volver a la orilla con las redes vacías y el cuerpo cansado. Pero sucede lo impensable. Una figura familiar está en la orilla. Les sugiere que echen la red al otro lado de la barca. Esta vez la red se llena. Los discípulos sienten temor, pero saben que esa figura familiar es Jesús. No hay duda. Cuando llegan a la orilla, les espera con el fuego encendido y el almuerzo preparado. Bendice el pan y lo reparte. Y se encuentran de nuevo comiendo con Jesús, como tantas veces cuando recorrían los caminos de Galilea, como aquella última cena en la que Jesús les dijo que su muerte era la condición para la Nueva Alianza entre Dios y los hombres, aunque entonces no entendieron nada. Ahora comienzan a entender. Se les abre el entendimiento. Si Jesús está vivo, es que todas sus palabras eran verdaderas. Otra vez se les abre el corazón a la esperanza y a las ilusiones. Otra vez Jesús les dice: “Sígueme”.

      Por eso los discípulos no tienen temor en anunciar el Evangelio, la buena nueva de que Jesús ha resucitado y de que su reino es una promesa real. No es una fantasía. No es una ficción. Vale la pena arriesgarse por él. Aunque los jefes de su pueblo les prohíban hablar de Jesús, no pueden callar. Ellos son testigos de que Dios “lo exaltó haciéndolo jefe y salvador”. 

      Nosotros seguimos siendo los testigos del resucitado en nuestro mundo. Cuando nos sentimos cansados, celebramos la Eucaristía y Jesús se hace pan bendito que nos da la fuerza para seguir creyendo, para seguir proclamando el Evangelio, la alegría de sabernos salvados, la esperanza de un futuro nuevo en fraternidad. Y el compromiso para, aquí y ahora, comenzar a vivir el amor a nuestros hermanos y hermanas. 



domingo, 28 de abril de 2019

II DOMINGO DE PASCUA "LA PAZ SEA CON VOSOTROS"


El evangelio de hoy tiene dos partes, una con la  ausencia de Tomás y la otra con Tomás. Las dos partes inician con la misma indicación sobre los discípulos reunidos y en ambas Jesús se presenta con el saludo de la paz. Las apariciones, pues, son un encuentro nuevo de Jesús resucitado que no podemos entender como una vuelta a esta vida. Los signos de las puertas cerradas por miedo a los judíos y cómo Jesús las atraviesa, “dan que pensar”, en todo un mundo de oposición entre Jesús y los suyos, entre la religión judía y la nueva religión de la vida por parte de Dios.

El “soplo” sobre los discípulos recuerda acciones bíblicas que nos hablan de la nueva creación, de la vida nueva, por medio del Espíritu. El espíritu del Señor Resucitado inicia un mundo nuevo, y con el envío de los discípulos a la misión se inaugura un nuevo Israel que cree en Cristo y testimonia la verdad de la resurrección. El Israel viejo, al que temen los discípulos, está fuera de donde se reúnen los discípulos (si bien éstos tienen las puertas cerradas). Será el Espíritu del resucitado el que rompa esas barreras y abra esas puertas para la misión.

La figura de Tomás es solamente una actitud de “anti-resurrección”; nos quiere presentar las dificultades a que nuestra fe está expuesta; es como quien quiere probar la realidad de la resurrección como si se tratara de una vuelta a esta vida. Algunos todavía la quieren entender así, pero de esa manera nunca se logrará que la fe tenga sentido. Porque la fe es un misterio, pero también es relevante que debe tener una cierta racionalidad, y en una vuelta a la vida no hay verdadera y real resurrección. Tomás, uno de los Doce, debe enfrentarse con el misterio de la resurrección de Jesús desde sus seguridades humanas y desde su soledad, porque no estaba con los discípulos en aquel momento en que Jesús, después de la resurrección, se les hizo presente, para mostrarse como el Viviente. Este es un dato que no es nada secundario a la hora de poder comprender el sentido de lo que se nos quiere poner de manifiesto en esta escena: la fe, vivida desde el personalismo, está expuesta a mayores dificultades. Desde ahí no hay camino alguno para ver que Dios resucita y salva.

Tomás no se fía de la palabra de sus hermanos; quiere creer desde él mismo, desde sus posibilidades, desde su misma debilidad. En definitiva, se está exponiendo a un camino arduo. Pero Dios no va a fallar ahora tampoco. Jesucristo, el resucitado, va a «mostrarse» como Tomás quiere, como muchos queremos que Dios se nos muestre. Pero así no se “encontrará” con el Señor. Esa no es forma de “ver” nada, ni entender nada, ni creer nada.

Tomás, pues, debe comenzar de nuevo: no podrá tocar con sus manos las heridas de las manos del Resucitado, de sus pies y de su costado, porque éste, no es una “imagen”, sino la realidad pura de quien tiene la vida verdadera. Y es ante esa experiencia de una vida distinta, pero verdadera, cuando Tomás se siente llamado a creer como sus hermanos, como todos los hombres. Diciendo «Señor mío y Dios mío», es aceptar que la fe deja de ser puro personalismo para ser comunión que se enraíce en la confianza comunitaria, y experimentar que el Dios de Jesús es un Dios de vida y no de muerte.


domingo, 21 de abril de 2019

DOMINGO DE RESURRECCIÓN "RESUCITO, ALELUYA"


Después de celebrar la Semana Santa, el domingo de Pascua llega como un rayo de esperanza. Hemos vivido de cerca la muerte de Jesús. Y en su muerte hemos hecho memoria de todas nuestras muertes. Las muertes que vivimos día a día en nuestras personas, en nuestras familias, en el trabajo, en la sociedad, en el mundo. La guerra y la injusticia son muerte. Pero también lo son las enfermedades y los egoísmos, los rencores y los odios, que nos comen por dentro y van minando nuestra vitalidad. Tantas son las muertes que nos rodean que a veces podemos llegar a pensar que no tenemos futuro, que no hay salida. Parece que el hombre está definitivamente metido en un laberinto que no tiene más salida que la desesperación o, lo que es lo mismo, la muerte. 

Pero muy de mañana unas mujeres fueron al sepulcro donde habían enterrado a Jesús y vieron quitada la losa del sepulcro. Fueron corriendo a avisar a los apóstoles. Pedro llegó y vio que Jesús no estaba allí. Y lo que es más importante: vieron y creyeron. La fe les hizo ver más de lo que veían sus ojos. Donde otros no verían más que un sepulcro vacío, ellos descubrieron otra realidad mucho más profunda: Jesús había resucitado, el Padre le había devuelto a la vida. La promesa de la resurrección se hacía en Jesús realidad y esperanza para toda la humanidad. Con ese último acto de su historia, todo lo que habían vivido y aprendido con Jesús cobraba un significado nuevo. Ahora la liberación esperada era mucho más profunda que la simple liberación política del dominio de los romanos o la llegada de un reino judío que igualase o superase al de Salomón. Si Jesús ha resucitado, entonces es que Dios nos ha liberado de la esclavitud más profunda: la esclavitud de la muerte. 

En Pascua y ante el sepulcro vacío, los que creemos en Jesús comprendemos que no cabe en nuestras vidas lugar para la desesperación. Somos en adelante hombres y mujeres de esperanza. Sabemos, desde la fe, que para Dios no hay ningún caso desesperado. Por más difíciles, por más irresolubles, por más amenazadores, que sean nuestros problemas, mantenemos firme la esperanza. Y aunque nos llegue la muerte, sabemos que ni siquiera ésta es definitiva. Porque Jesús ha resucitado. 

La resurrección de Jesús nos compromete con la esperanza. Nos llama a trabajar por crear esperanza a nuestro alrededor. Por regalarla a los demás como se nos regala la luz del cirio pascual que ilumina nuestra celebración. Defendemos la vida para todos porque el Dios de Jesús es Dios de Vida para todos. Y con nuestra forma de comportarnos día a día vamos regalando vida y esperanza. Para que nadie, nunca, se sienta desesperado. 


Secuencia

Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.»

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.



viernes, 19 de abril de 2019

SÁBADO SANTO "ESPERANDO LA RESURRECCIÓN"


No podemos pasar un Sábado Santo sin pensar que es un día de luto, de tristeza infinita, de vacío, de silencio de plomo que envuelve a toda la Iglesia. Pero al mismo tiempo, un día puente entre la esperanza y la alegría. De esto mucho sabía nuestra Madre la Virgen María, pero poco los discípulos, amigos y seguidores de Cristo. Los que decían conocer y confiar en Jesús, se encontraban desilusionados, rotos, acabados, porque tenían la esperanza en un Jesús, Dios Rey liberador del momento instantáneo, que soluciona el problema ya, en ese momento; y sus expectativas se vinieron abajo.

Los apóstoles tenían hasta miedo, ¿qué iba a ser ahora sin el Maestro? Pensaban que todo lo que habían hecho, visto y vivido no había valido la pena. Viendo así a un Jesús fracasado, muerto y sepultado, para ellos todo había finalizado. Pero estaban obviando la parte más importante: la resurrección, la solución, la verdad detrás de toda esa situación de penuria y desesperanza, de pérdida de fe en el peor momento. Perdemos la fe.  En los momentos más difíciles de nuestras vidas, perdemos la fe, igual que los Apóstoles.

Pero insisto hermanos en no podemos vivir un Sábado Santo como ellos, como los Apóstoles lo vivieron, sino como lo vivió Nuestra Madre, la Virgen María, clave en este día. Mujer heroica de gran fe, ni se acercó al sepulcro porque ella no estaba desilusionada, ni asustada, ella confiaba firmemente y aguardaba y meditaba todas las palabras de Jesús en su corazón: “al tercer día, el Hijo de Dios, resucitará de entre los muertos”. Y ahí estaba la Virgen, entre ayuno y oración, esperando la resurrección. Confiaba plenamente en Jesús.

Y aquí viene lo más bonito, el gran ejemplo, la Virgen María, y aún a pesar de haber vivido un auténtico calvario, infinito sufrimiento, lo peor, lo peor que puede vivir una madre, ver como su hijo es traicionado, negado, escupido, humillado, ultrajado, cargando con un madero y una corona de espinas incrustada en la cabeza, hasta crucificarlo, clavarlo con tres clavos en una cruz, y como colofón final, una lanza traspasaba su corazón. ¿Os podéis imaginar dantesca imagen? Y allí, en directo, sin anestesia, sola, la Virgen al pie de la cruz, aceptando su cruz, dolida, muy dolida, pero agarrándose en ese momento, aferrándose en ese momento a la alarma, a la herramienta más eficaz que Jesús nos dejó, que es la fe. La fe. A las palabras de su Hijo se agarró la Virgen María, y ella era humana, como nosotros, de carne y hueso, los mismos sentimientos, todo igual, pero con una gran diferencia que nosotros, tenía esperanza, tenía fe. Nunca la perdió, aún a pesar de haber vivido lo peor, una verdadera cruz para una madre, un verdadero dolor infinito, inaguantable. Me encanta, es nuestro modelo.

Juan estaba allí, con su madre, en la cruz. Pero ella nunca dudó, nunca dudó de la palabra del Señor. Y lo que comentaba, para mí es un modelo porque cuando le dijo “Aquí tienes a tu madre” “Madre, aquí tienes a tu hijo”, es decir, aquí tienes a tu referente, a tu madre, a tu modelo, modelo de vida, que en el peor momento de su vida no perdió la fe. La Virgen espera y no olvida. Ella fue la única que mantuvo la promesa de Dios, una llama viva de esperanza y de fe. Sabía, a diferencia de los discípulos, que con la muerte de su hijo, aquí no terminaba la cosa, a revés, sino que con su muerte empezaba todo. ¡Qué gran receta nos dejó!, ¡qué gran receta!, la Virgen: fe y esperanza en esos instantes de profundo dolor y sufrimiento.

Hermanos, os invitos a unirnos a la devoción de Nuestra Santísima Madre Virgen María, la Virgen de la Soledad, pero también de la Esperanza, os invito a vivir nuestras cruces como ella lo hizo, nuestra cruz del día a día que puede llegar a crucificarnos, a sepultarnos literalmente. Pero nunca perdamos la fe. 

Ante el dolor de la vida imitemos a nuestra Madre, ¿y cómo?, pues con el verbo “estar”. Estando. Estar en silencio ante el misterio de la muerte física, psicológica. Hay muchas formas de muerte, pero esperando, sin perder la fe a que Jesús actúe y haga brillar en nuestras vidas la luz en medio de las tinieblas, esperando que la alegría triunfe sobre la tristeza, el amor sobre el odio y la vida sobre la muerte. Porque, con su resurrección, hemos resucitado todos. Con su resurrección todos hemos resucitado con Él.

Y para finalizar, me gustaría leer este fragmento que me encanta: “Si hay noches oscuras, también hay alboradas luminosas. Hay siempre un tercer día, en el que  Dios, tarde o temprano, cumple sus promesas”. Todos tenemos un tercer día y se hace presente más allá de nuestras esperanzas, de nuestros deseos, como el alba de la resurrección.

Que os sirva esta reflexión para que en los peores momentos de vuestra vida, como lo sufrió la Virgen María, tengamos fe y esperanza en el Señor, porque, como he comentado antes, todos nos hemos salvado con el Señor, hemos resucitado con Él. Él tuvo el tercer día de resucitación. Nosotros también tendremos un tercer día donde el Señor nos resucitará de todas las cosas.
Amén.

Deborah F-A Delgado

jueves, 18 de abril de 2019

JUEVES SANTO: LA CENA DEL SEÑOR


En este Jueves Santo, nos reunimos  para acompañar a Jesús en su duro camino hasta su cruz y muerte,  intentando ser capaces de imitarlo en las realidades de nuestras vidas.

Contemplamos como Jesús  lava los pies a sus discípulos y les da el pan y el vino de la Eucaristía para que nosotros hagamos como Él y vivamos siempre unidos a Él.

Una vez más sentimos la verdad del misterio que se renueva, de los dones que Cristo nos ha preparado para siempre. Y el jueves Santo se inscribe no en el pasado de aquel año en que Jesús murió, sino en la perenne presencia de un misterio que da sentido a nuestra vida.

Jesús nos pide en este día que oremos con Él y también con Él compartamos su amor, su dolor y tristeza.

Señor, queremos estar junto a Ti, quizá no sepamos decirte cosas, pero queremos estar y sentir tu amor y también queremos amarte y que nos enseñes a amar, acógenos como discípulos que quieren escucharte, seguirte, haz de nosotros tus amigos.

Señor, toca nuestro corazón, danos tu gracia, sálvanos y llénanos de la vida que solo Tú sabes dar.

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte

Tú me mueves, Señor, muéveme al verte
clavado en una cruz y encarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muéveme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y, aunque no hubiera infierno, te temiera.

No tienes que me dar porque te quiera;
pues, aunque cuanto espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera. 
Amén.


domingo, 14 de abril de 2019

HORARIOS DE SEMANA SANTA


HORARIOS DE SEMANA SANTA

13 ABRIL: SÁBADO DE RAMOS
10:30 a 17:00. Roteiro cuaresmal (ruta de senderismo con momentos de reflexión)
14 ABRIL: DOMINGO RAMOS:
BENDITO EL QUE VIENE
11:00 Bendición y procesión de Ramos: Misas de 11:00 Iglesia  y 12:30 Linares

15 ABRIL: LUNES SANTO:
10:00 a 20:00 visita a enfermos (precepto pascual)
20:00  Misa y celebración Penitencial  

17 ABRIL: MIÉRCOLES SANTO:
12:00 Misa Crismal en la Catedral (Bendición de los Santos Óleos)
20:00 Santa Misa

18 ABRIL: JUEVES SANTO
HACED ESTO EN MEMORIA MIA
09.30 h. Laudes + meditación
20:00. Celebración de la Cena del Señor con lavatorio de pies
23:00  a 24:00. Hora Santa comunitaria. A continuación turnos de vela durante la noche

19 ABRIL: VIERNES SANTO
AMÓ HASTA EL EXTREMO
09.30  Laudes + meditación
10.30  Viacrucis en bici, triciclo, footing, coche...en familia por 14 puntos da parroquia.
Plan B: en la Iglesia con mal tempo.
20:00  Celebración Pasión del Señor con Procesión.
23:00  Viacrucis diocesano (subida al monte A Guía-Teis)

20 ABRIL: SÁBADO SANTO
ESPERA EN EL SEÑOR, TEN ÁNIMO
09:30  Laudes + meditación
10.30  Rosario de la Soledad de la Madre de Dios (Iglesia y Capilla a la misma hora)
12:00 a 15:00  Desierto espiritual (trae  tu Biblia, papel, boli y picnic)
22:30  VIGILIA PASCUAL "GLORIA Y ALELUYA"

21 ABRIL: DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCION
CRISTO VIVE PARA SIEMPRE
11:00 EUCARISTIA y felicitación pascual
12.30 EUCARISTIA (capilla Nuestra Señora de los Linares)
19:00  Concierto de música Sacra